sábado, marzo 21, 2026

De cómo el debate dinamitó aún más nuestra visión de futuro

Las 21 anotaciones al margen del debate presidencial, entre Luisa González y Daniel Noboa, se hacen desde varias disciplinas, como la semántica y la ética, para entender hasta qué punto, los dichos de los dos aspirantes a dirigir el país nos muestran sus limitaciones e incoherencias frente al destino de la nación.

Luis Verdesoto Custode

Por: Luis Verdesoto Custode

El debate asentado en acusaciones pareció una extrapolación de la violencia real en las calles a la discursiva política y de campaña. La política se construye desde la confianza, no desde la desesperanza. La política se construye desde el intercambio de ideas y sentimientos. Nada se construye en la profundización del resentimiento, el odio y la venganza.

 

1. ¿Este debate presidencial fue “mejor” que cuatro los anteriores? Debemos acostumbrarnos a que cada uno sea diferente, quizás son incomparables. La institución debate prevista por la Ley busca que el votante disponga de información programática equilibrada. Y la comparecencia obligatoria de los candidatos, que deben asumir esta responsabilidad pública. Sin embargo, esta pretensión se minimiza por la dinámica de interacciones políticas.

En lo fundamental, los debates son sus circunstancias y la infraestructura de cultura política sobre la que se asientan. ¿Qué se está configurando en el sistema político ecuatoriano? Se incuban muchos cambios tales como reemplazos de procedimientos, cambios de personal político, evaluación de instituciones ineficientes, temas sobre los que actúa la decisión electoral de los ciudadanos.

2. El debate del pasado domingo es un hijo legítimo y reconocido de una sociedad de desconfianzas. Los desconfiados -los ecuatorianos de todos los sectores y de las elites en especial- produjimos lo que escuchamos. Ningún formato de debates podrá superar lo que somos. No supimos construir adecuadamente un sistema político luego de medio siglo de democratización

3. ¿Contribuye el debate a la decisión electoral? Sí, es una cuota que depende de muchos factores, que se presentarán en las dos semanas siguientes hasta la votación. Es una pieza del “puzzle”, o mejor de la “ecuación”, de factores simbólicos y verbales, programáticos y sentimentales, que construyen a la decisión electoral de los ciudadanos. En un debate ausente de condumio, lo que más impacta puede ser estudiado desde la semiótica, es decir, símbolos, signos, actitudes, inteligencia emocional. Y, por supuesto, la “química” que estos elementos hacen con el pasado de los emisores del mensaje. En estas notas preferiré a la semiología antes que al análisis de contenidos. Tomaré algunos casos, no necesariamente los políticamente más relevantes, para iniciar la exploración.

Hubo mucho “lodo” en las acusaciones mutuas de narcotráfico y criminalidad, cuyo resultado es profundizar a la inestabilidad del sistema político. Ante los ciudadanos y la imagen externa.

4. ¿Qué estrategias de debate se observan en una situación de polarización? Discursos que solamente se emiten, sin expectativa de respuesta verbal inmediata. Son “puñetazos” que esperan otro golpe como respuesta. Cada uno diagrama la intensidad con que evoluciona el intercambio discursivo. Los debatientes buscaron, al menos, el equilibrio o dar un golpe entre acusadores iguales. Es decir, se situaron en una misma relación entre polos, blanco o negro.

5. El cruce de acusaciones puede conducir a un resultado de “valor cero”. Puede no haber sido esa la intención original de los estrategas. Pero podría ser el resultado. Hubo mucho “lodo” en las acusaciones mutuas de narcotráfico y criminalidad, cuyo resultado es profundizar a la inestabilidad del sistema político. Ante los ciudadanos y la imagen externa.

Foto: CNE

6. La búsqueda, finalmente, es la retención en la retina del público, que pueden haber logrado uno de los golpes. Fue facilitado por las preguntas cerradas cuya respuesta monosilábica fue escuchada en lugar de los razonamientos de sustento. De allí surge la apuesta de ganador en las conversaciones digitales, generadas por los sentimientos positivos o negativos. Y, obviamente, que se conviertan en insumo de la decisión electoral.

7. El debate se constituyó en una muchedumbre temática, desordenada, de orientación escasamente universal. Un enjambre de doble significación y muchos equívocos. Un ejemplo, el más importante, Venezuela y los venezolanos. Entonces, el argumento de la extrema derecha xenofóbica del mundo se hizo presente por el recoveco menos pensado, la revolución ciudadana. Ciertamente, un imprevisible pero de posible juego.

¿Cuál fue el fundamento en la realidad? El asilo (político y económico) de miles de venezolanos en Ecuador se produjo mucho antes del gobierno de Noboa. No tuvo las dimensiones, pero fue de similar significado al asentamiento por motivos económicos de los ecuatorianos durante el auge venezolano. ¿Por qué se endilgó a Noboa la responsabilidad de la acogida? Por el manejo irresponsable de una posverdad  para sustituir a la información. No buscaron el intercambio de nociones asentadas en la realidad. Solamente buscaron la emisión de un mensaje. En lenguaje coloquial, “si pasa, pasa”. Anclar una posverdad es una apuesta, que siempre puede dejar alguna huella.

8. El formato del debate fue congruente con las “cajas de mensajes” de los comunicadores. Es decir, mensajes de respuesta adecuados a la propuesta política que empatan con “sus” preguntas. O tiene que hacerlo. Esta debería ser una habilidad retórica que, por cierto, poco se exhibió en el debate. Cada actor, transforma en preguntas hipotéticas a sus propias repuestas (que luego “recita”, sin que deba notarse).

El debate se constituyó en una muchedumbre temática, desordenada, de orientación escasamente universal. Un enjambre de doble significación y muchos equívocos.

Los mensajes de la caja salen según el timming que el candidato siente y prevé antes y durante el debate. Y cuando falla, ocurre lo que pasó: “No-Noboa no mientas” (poco original) fue una temprana hábil asociación de negatividades, pero que terminó siendo un intento malogrado de borrar las positividades —del país y del oponente—. La asociación se cayó en el primer tercio del debate, por fútil y mal manejo de la reiteración. Cedió el lugar —el espacio y la oquedad que creó— a la “rana René”, tema que por ahora no analizaré en profundidad.

Cada actor o actriz políticos prepara una caja de mensajes. Y los extrae en función de un timming que está previamente diseñado, pero debiendo reconocer la oportunidad de la afirmación. Así, bajo esta forma, en el debate se persiguió solamente soltar acusaciones que no esperaban una respuesta. Lo inteligente también consistía en preparar la(s) subsiguiente(s) jugada(s). Cuando se cae la No-Noboa, emergió el espacio para la rana René, que encontró la mesa servida en el público y a la debatiente tempranamente agotada de sólo utilizar ese mortero.

Los debatientes no tuvieron óptica para examinar la dinámica general del debate. Es obvio. Supone una inteligencia y experiencia especial. Se sobreestimaron en la emisión reiterada y nos subestimaron —a los ecuatorianos— como opinión pública.

9. El uso de cifras no produjo conocimientos ni sensaciones. En la fase tecno-populista del régimen Correa, las cifras creaban la tramoya para las decisiones públicas, normalmente atrincheradas lejos de esos diagnósticos. Pero eran propuestas concebidas como fuentes de verdad. En votantes de menor instrucción e ingresos, la incomprensión reforzaba el caudillismo y la fe en la palabra del líder. (Velasco fue un claro ejemplo de seducción basada en la incomprensión de las citas filosóficas que hilvanaba).

El juego simbólico de presentar abundantes cifras, poco abonó a la credibilidad. Esta apelación simbólica no se contrastó con la realidad. La opinión pública se ha cansado de que las cifras sean utilizadas para marcar una forma de «pobreza subjetiva» (presentarnos discursivamente como más pobres de lo que realmente somos) como para idealizar una forma de “riqueza subjetiva” (idealización de riqueza y capital mayores a la posibilidad y a lo realmente existente).

En el debate quedamos atrapados entre la gestación simbólica de “realidades” “presentada” por cifras. El público ecuatoriano, nosotros, quedamos atados por un mar de cifras cenagosas, que anunciaban una catástrofe. Comunicacionalmente, la abundancia de datos -costales de papeles preparados en un bureau- no gestó una personalidad técnica en la candidata González, ni la apelación simbólica al soporte de su mentor frente a una pizarra. Fue, como algún crítico diría, las vueltas al ruedo de “una vaca toreada”. El derrame de cifras no produce certezas, ni gesta artificialmente autoridad académica o profesional. Peor aún, política.

quedamos atados por un mar de cifras cenagosas, que anunciaban una catástrofe. la abundancia de datos -costales de papeles preparados en un bureau- no gestó una personalidad técnica en la candidata GonzáleZ.

La exacerbación del uso de cifras de la candidata González generó una sensación de caída en huecos comunicacionales. Estos agujeros justificaron que el público no cuestione al oponente Noboa por no presentar cifras. Ya que, además, una discusión de datos —sana, si la ocasión es apropiada—, enclaustró a la conversación en el debate —si cabe llamarla así— en el contexto del Estado rentista: la crisis es culpa de la falta de excedente público para cubrir las demandas.

En suma, la estrategia de autoafirmarse en las cifras no funcionó.

Hace meses, en España, el líder de la derecha, Feijoo, en un debate logró enclaustrar al líder socialista Sánchez, con una riada de cifras, unas comprobables y otras no, y varias falsedades. El debate basado en una “bolsa de tiempo” administrada por cada debatiente, quedó atrapado en esa dinámica. Mientras reaccionaba el presidente de gobierno español, la duda había movido unos puntos de la demoscopia en su contra, que le costó muchísimo recuperar en la campaña. El debate ecuatoriano nos muestra que las técnicas del debate deben adecuarse a las circunstancias y que la copia, sin beneficio de contexto, puede ser un experimento costoso política y económicamente.

10. La teoría del ardid, meter al adversario en una trampa, en este caso, someterlo a respuestas dentro de la agenda de la caja de mensajes no funcionó. Noboa no cayó en la invitación, ni González respondió a las interpelaciones. La política espectáculo se deslució aún más.

Los debates —como el que analizamos— con formatos que responden a la desconfianza del contexto social y mutua política y territorial, con cajas muy cerradas, se convierten en plataformas de lanzamiento de misiles o acusaciones, que no buscan una respuesta. El resultado lo pagamos nosotros, en el incremento de la desconfianza entre ecuatorianos, que cerramos las vías de flujo de opinión.

González trató de posicionar el tema de una administradora de las empresas Noboa, quién tendría acusaciones de narcotráfico. La reiteración de la denuncia, sin ornamentación suficiente, la descontextualizó. Esto permitió una respuesta imprecisa, suficiente en un debate sin contenidos. Pero, al menos, hubo alguna respuesta a la interpelación.

11. Ser candidato desde el solio presidencial debe ser muy difícil, más allá de que unos juzguen que puede hacer fácil uso de las políticas y acciones públicas a su favor. Es cierto, que el clientelismo —a veces puro y duro— puede ser un recurso rápido e incluso, para unos no para mí, éticamente válido. En este escrito, me refiero solamente a la eficacia porque es fundamentalmente engañosa.

Ser candidato desde el solio presidencial debe ser muy difícil, más allá de que unos juzguen que puede hacer fácil uso de las políticas y acciones públicas a su favor.

Los “enlaces” que, aunque traten de diferenciarse de las cadenas, son fastidios del libre flujo de insumos para la decisión electoral. La comunicación gubernamental cuando no está concebida fuera del mito de poder de la silla presidencial –“hago bien las políticas públicas, pero las comunico mal”- se convierten en un claustro improductivo y estéril.

La campaña electoral dedicada a legitimar una práctica gubernamental siempre será deficitaria.

De un lado, porque la oferta de servicios —en especial en situaciones de catástrofes ambientales— muestra los déficits antes que los logros. Más es lo que la política pública no alcanza a entregar a los ciudadanos, que las necesidades que logra cubrir. Entonces, crece el flanco de la ineficiencia pública, como una veta para el discurso monotemático del adversario. Y la discusión se mueve en el diámetro de los perros que buscan morderse la cola. Resolver este dilema no es cuestión de esgrimir un discurso populista con caldo-base populista. Es más difícil porque debe, además, reivindicar capacidades públicas (no solo estatales).

De otro lado, pese a la cuestionable institución de la reelección presidencial, una campaña es y no puede dejar de ser, un espacio para la recreación de utopías de destino de las sociedades. Debemos vivir, hoy, con profundidad porque estamos construyendo el mañana. Las campañas tienen, además, que producir esperanzas de futuro, antes que reinstalaciones en el pasado. “Marchar en el propio terreno” es una práctica escolar o militar que no desarrolla sino reduce el territorio. Los ciudadanos, pese a que nos han vendido el pragmatismo (muchas veces pacato), todavía sentimos la necesidad de (re)conocer por qué estamos juntos. Además de festejar los triunfos de la Tri.

Para que un discurso de puntualizaciones no se estanque en los déficits de satisfactores de la política pública, se debió presentar, con claridad y sensibilidad, el telón de fondo del gobierno, un proyecto. Faltó esa construcción simbólica. Porque era necesario salir de la construcción semiótica bastante bien lograda del correísmo: apropiación excluyente de lo popular y representante exclusivo de la lucha contra la pobreza, única solución no catastrófica del desarrollo, hito fundacional de la vida contemporánea centrado en una persona, camisas bordadas y “canciones nacionales” solo para los ciudadanos autorizados, es decir, que “la patria ya es de todos” (ellos) y por eso es “prohibido olvidar” o recordar selectivamente solo aquello que justificó una década de la política nacional.

12. En medio de la falta de una visión de futuro, una parte buscó asentar el debate en acusaciones alrededor de la falta de gasto social. Una vez más, la reiteración puede haber jugado una “mala pasada” a la candidatura de González. El pre-estreno de la consigna, trabajo, orden y paz, no fue exitoso. La sociedad mira con extrañeza que se apelen a viejas estructuras comunicacionales de la parte más obscura del correísmo, que asociaron a la democracia con el temor, protagonizada por actores -de verdad-, aunque ahora repudien a esas presentaciones.

Una campaña es ,y no puede dejar de ser, un espacio para la recreación de utopías de destino de las sociedades. Las campañas tienen que producir esperanzas de futuro, antes que reinstalaciones en el pasado.

En el momento actual, el post-debate tiene actores reales, proyecto de lideresa dura y señorial, que dejó el perfil de baile sensual y coqueto para vestir una formalidad al límite -con la que se presentó ante la audiencia mayor conseguible en medios el debate- y se alejó de la chica deportista, que cabalga -con poca destreza-, coquetea con interlocutores y se desparrama por el territorio. Es decir, desde el vestido se preparó para instalarse como una candidata sub50 (años), antes que su adversario. Noboa insistió en el signo que implica el vestido informal de “yuppie” -jeans, camisa entreabierta- instalándose en la camada de los 30 (años). La franja de edades intermedias sigue en disputa en las elecciones.

13. Cuando se pasa de un límite, la reiteración hiere a las sensibilidades colectivas. González no tiene esa percepción de los límites en la sensibilidad de los otros, de los distintos. Noboa, en cambio, mostró un control emocional superior. Como en todo, la burda exageración maltrata a la comunicación y la interrelación.

Un indicador perverso fue el uso de la insinuación, esto es, el apunte vago de una idea o afirmación. En el lenguaje más gestual -como el de las tierras altas- la insinuación debe ser sutil, además porque recoge un metalenguaje, es decir, un segundo nivel de comunicación más allá y más acá de las palabras verbalizadas.

Foto: CNE

14. ¿Cuándo termina la utilidad de reiterar una insinuación y se debe buscar otros “ganchos” comunicativos? La insinuación insistente, baja y vacía, a los déficits de atención del candidato-presidente, no mostró ese límite. El tosco tratamiento de la insinuación, incluido esa palabra “queridito” (que merece más que estos párrafos) solo fue ofensiva, con un efecto político contraproducente, humanamente detestable.

La insinuación no debe esconder a la frontalidad ni a la transparencia. El mal uso de la insinuación me hizo recordar la falta de calidad retórica en el debate. La retórica es importante como medida de la calidad de los líderes y lideresas. El lenguaje en sus versiones escrita u oral, gráfica y abstracta, debe tener siempre presente que el emisor ha comprendido una idea. Y que esa idea, una vez que la deja en el escenario (un debate, por ejemplo), deja de ser propiedad privada y se convierte en una responsabilidad pública. No todo emisor debe/puede ser candidato o candidata a la presidencia de la República. Y cuando lo es, debe ser responsable.

En el debate, las dos partes insinuaron. Unos menos otras más, para decirlo en lenguaje elusivo. Fue parte de la poca frontalidad que nos caracteriza a las sociedades desconfiadas. Porque no reconocemos que para hablar “frente a frente”, no hay que insultarse groseramente (Ecuador ha tenido algunos de los mejores y más refinados literariamente “insultadores políticos” del mundo como Montalvo). La insinuación pierde su rol, cuando sirve de escondite a la débil frontalidad.

En el debate, las dos partes «insinuaron». Unos menos otras más, para decirlo en lenguaje elusivo. Fue parte de la poca frontalidad que nos caracteriza a las sociedades desconfiadas.

La insinuación de baja ralea en política solo ratifica ante quienes aspiran verse representados en ella. Antes bien, la insinuación baja y vacía solo enfrenta al emisor con el resto de la ciudadanía. ¿Ocurrió eso en el debate? Los proyectos de líderes o lideresas presidenciales de un país deben aprender de paciencia, ecuanimidad y serenidad. La tosquedad, además de mostrar su falta, permite ver un recurso para encubrir errores.

Pero, a veces, también el lenguaje directo sin medida exacta de las connotaciones (el significado) puede convertirse en un boomerang. Afirmar, sin matices, que es o fue un “narcoestado” está revestido de muchos peligros, especialmente, dejar en el camino a la diferenciación. El estado ecuatoriano aloja a partes y funcionarios contaminados, lo que es diferente a calificar al estado como una estructura organizada para el narcotráfico. Creo tener alguna autoridad para precisar procesos estatales susceptibles de desvío hacia la corrupción, como EMCO, por ejemplo, lo que en ningún caso autoriza a realizar afirmaciones plúmbeas, que persigan el éxito en la comunicación de corta dimensión y escasa profundidad. Un presidente, aun siendo candidato, no puede asumir el costo y alcance de esa afirmación acerca del estado que jefatura.

15. González dejó una idea, que puede ser abstracta para el público, pero es adecuada. La necesidad de diferenciar entre intereses públicos y privados. No logró trasmitirla en su profundidad. Solamente fue un estoque. La capacidad crítica de esta formulación fue pasmada por la exacerbación de acusaciones. No logró posicionarla como cuestión central en la agenda pública. Sin fortaleza pedagógica -capacidad imprescindible para un gobernante- e insuficiente credibilidad para concertar, cedió los escasos destellos programáticos del debate a su adversario Noboa.

16. El debate es un ejercicio democrático. Curiosamente esa fue una categoría, cuando no una palabra, ausente en aquellas dos horas. En especial, González no la invocó y Noboa acudió a ella un par de veces, con el mérito de resaltar complementariamente a su oponente en la dimensión del “totalitarismo”.

González sí invocó, sin embargo, a la “libertad”, seguramente porque preveía que le llegarían misiles ideológicos y de posicionamiento poderosos en su contra por sus antecedentes. No hubo tales misiles y los escudos fueron inútiles. El discurso de libertad quedó en el plano anecdótico.

17. El debate es un ejercicio democrático, en el que González no invocó a la naturaleza del ejercicio. Entró por el lado de la libertad, como he mencionado en el párrafo anterior. Y se dejó ver como una liberal decimonónica, no como una liberal que busca al centro, progresista. El ejemplo de las escuelas y los hospitales fue planteado, como lo hacen quienes no reconocen que la democracia está asentada en desigualdades sociales. Que la “libertad de elegir” debe estar acompañada de un fuerte ingrediente público, que corrija a las distorsiones de esos servicios.

Escogió la invocación a la libertad y no a la democracia porque difícilmente los antecedentes de su partido lo permitan. Curioso. Porque no construyó una idea progresista de libertad, esto es, su ejercicio desde la construcción de condiciones públicas -incentivos- para poder ejercerla, con perspectivas de igualdad. Para que no sea una ficción. La candidata González hizo una invocación libertaria camino a la iliberalidad, mar de fondo que puede levantarse, en cualquier instante, desde cualquier ámbito.

Noboa apeló a la democracia y al totalitarismo como compromiso inscrito en su matriz, lo que invitan a la sociedad a hacerle un seguimiento riguroso. Lo hizo opacando a la definición de libertad de mercado, toscamente presentada y asumida por González. De este modo, Noboa apuntó con más eficiencia al centro político, además porque no necesitaba una alusión al mercado, que está inscrita en su identidad.

18. La pregunta sobre el reconocimiento que el gobierno de la Revolución Ciudadana daría al dictador Maduro se produjo necesariamente. Lo intuíamos todos. Los estrategas de González, obviamente, prepararon una respuesta, que seguramente les fue impuesta. La expresó su candidata, con cierto conocimiento de los costos asociados. Elaboraron una justificación patoja, con la que solo agradaron a sus stakeholders (“partes interesadas”). El público asistió atónito a la afirmación: reconocerían al presidente surgido del fraude más reciente y colosal en la región.

González dejó una idea, que puede ser abstracta para el público, pero es adecuada. La necesidad de diferenciar entre intereses públicos y privados. No logró trasmitirla en su profundidad. Solamente fue un estoque.

En las pantallas se vio el calor del miedo por la “metida de pata”. Sacarla fue doblemente complejo para la debatiente. En todo caso, no puedo hacerlo desde el sesgo progresista, que se desplazó naturalmente hacia a su oponente. Muchas de las elites políticas parlamentarias latinoamericanas son ideológicamente de derecha, pero políticamente emiten sus discursos desde una ubicación de izquierda. Este es el caso.

El tufo por el afecto a Maduro provocó el diseño de una salida de fragancia aún más desagradable. La pretensión fue tratar de instaurar abiertamente a la xenofobia en Ecuador. Los ecuatorianos hemos ocultado cierta xenofobia la que, taimada y solapada, está presente en todos los segmentos sociales. La justificación del reconocimiento a Maduro para expulsar a unos miembros del tren de Aragua fue inútil. Más aun, apelar a que fue la metodología del presidente estadounidense Trump. La confusión ideológica cundió.

¿Quiénes son los dueños de la xenofobia (políticamente expresada) en el mundo? Trump, la extrema derecha europea, los presidentes iliberales como el húngaro y el turco, los totalitarios asiáticos como el presidente de Bielorussia, Putin. González se posicionó. Otras derivas, ya son conocidas. Ahora son complementarias.

Detrás del signo, surgió un fuerte olor a financiamiento …  de campaña.

19. El tema del maltrato a la mujer. Tiene asiento en la realidad, en muchas mujeres y en mujeres precisas. La forma como la planteó la debatiente, volvió inconsistente al discurso que tiene hondura histórica e ideológica. La exageración debilitó a las posiciones del movimiento de mujeres.

“A mí me respetas, majadero” mostró a los signos de la ira en todos los planos. La expresión “queridito”, sonó, en cambio, a devaluación matriarcal. González no logró posicionar a la violencia vicaria, como podría haber sido su intención. Las noticias de los comportamientos contra las violentadas predican otra oración, diferente de la emitida.

Para ser actor o actriz en política, hay que hacerlo bien. Construir un personaje, mostrar capacidad de transmisión, emitir credibilidad provista de contenidos, crear sensaciones lo más universales o focalizadas, posicionar una agenda paralelamente a pasar de actor barrial a actor político. No basta ser mujer o recitar algunos decálogos.

Queda por medir el impacto en los diferentes estratos ciudadanos (porque hay diferencias, por ejemplo, en ingresos) el tema de una mujer agresiva. Por un lado, están los estereotipos de mujer, mientras que, por otro, quieren abrir una vía de construcción de liderazgo. Hay una evidente confusión y quizás un mal camino vía para hacerlo.

20. Hubo una cantidad enorme de “no dichos” durante el debate. Puntualicemos.

La pandemiaSorprendió muchísimo que en el debate no haya aparecido, con la constancia que lo hace en todo el mundo, la fuerza destructiva de la pandemia. Algunas cifras de la pandemia aparecieron como retrocesos sociales imputables al gobierno, apelación de viejo cuño rentista, que poco favor le hace al país.

Aunque nos moleste a todos, la pandemia nos puso frente a la evidencia de la muerte, como ahora lo hacen los violentos. Debemos referirla y no olvidar ficticiamente al contexto negativo más reciente de nuestro desarrollo, antecedente de la crisis que ahora debemos evitar.

La pandemia marcó un corte extraordinario en el desarrollo, especialmente en los retrocesos sociales y en la estructura del empleo, aunque probablemente también en la operación subterránea del gran crimen, para entonces ya avecindado viejo del Ecuador.

La geopolítica. En el debate no se trató la inserción internacional de Ecuador, salvo menciones delicadas de la candidata González a la colaboración con Estados Unidos. La Revolución ciudadana se siente más confortable con las administraciones republicanas en Estados Unidos antes que con las demócratas. Algunos voceros o periodistas afines, reconocen públicamente que “les irá mejor” con Trump. Tratar el tema internacional implicaba asumir todo el paquete de las acciones del presidente estadounidense.

Por el lado de Noboa, la afinidad parte desde los testimonios gráficos, sin que tenga que llegar a explicitar temas y problemas, que acosan hoy a la democracia de ese país y al multilateralismo, entre otros.

Coincidencia, esconder la cabeza mientras pasa el vendaval … que nadie podrá hacerlo en los siguientes años, cualquiera que gane o pierda con la dolarización, el comercio exterior. No bastan las referencias simples, ocultando históricas posiciones, por oportunismo o cambio oportunista.

El gran crimen. Tampoco los dos candidatos supieron cómo tratar el tema del gran crimen y sus vías la violencia y la corrupción porque es poco lo que tienen que decir como diseños de política pública.

21. Para finalizar, un detalle. Cada vez que una afirmación molestaba a un debatiente (por veces, golpes bajo la cintura) o sentían que un dardo pinchaba cerca de su corazón, acudieron a un vaso de agua. Los humanos nos parecemos, tenemos las mismas raíces, pese a las afirmaciones épicas acerca de las diferencias clasistas y políticas. La imagen revela los sustratos.

¿Quiénes son los dueños de la xenofobia en el mundo? Trump, la extrema derecha europea, los presidentes iliberales como el húngaro y el turco, los totalitarios asiáticos como el presidente de Bielorussia, Putin.

Invoco ese detalle para formular un colofón. El debate asentado en acusaciones pareció una extrapolación de la violencia real en las calles a la discursiva política y de campaña. La política se construye desde la confianza, no desde la desesperanza. La política se construye desde el intercambio de ideas y sentimientos. Nada se construye en la profundización del resentimiento, el odio y la venganza. Los ecuatorianos tenemos mucho que aprender todavía en eso.

Los políticos activos tienen que respetar a la opinión pública. Tampoco tenemos que tratarnos a nosotros, la opinión pública, como unos inútiles que no comprendemos ni sabemos.

Mi conclusión luego del debate: los ecuatorianos debemos tomar un enorme vaso de agua para reflexionar hacia donde camina la democracia.

 

 

 

Luis Verdesoto Custode

Luis Verdesoto Custode

Cientista político, catedrático en varias universidades de Ecuador y Bolivia. 

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