viernes, marzo 20, 2026

2026: el mundo entra en una quiebra hídrica global

A propósito del Día Internacional del Agua, 22 de marzo, un reciente informe a escala global determinó que el planeta ha entrado en la cuenta regresiva de la crisis de agua. Esto se califica como una quiebra hídrica. El recurso que sostiene la vida está en grave riesgo, y el Ecuador está en la retaguardia de su cuidado y regeneración.

Por: Anamaría Varea

Quieren quitarme el río y también la playa
Quieren el barrio mío y que abuelita se vaya
No, no suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai
Que no quiero que hagan contigo  lo que le pasó a Hawái.

La interpretación de esta canción en el último Súper Bowl, convirtió este espectáculo masivo en un acto de denuncia global. Bad Bunny visibilizó problemas estructurales como el colonialismo, la gentrificación y el desplazamiento territorial en Puerto Rico, estableciendo un paralelismo con la historia de Hawái y la pérdida de su soberanía. El mensaje fue claro: la amenaza es cultural y ambiental y se expresa en la pérdida de playas, ríos y barrios, símbolos de pertenencia y memoria colectiva. Además, el espectáculo incluyó referencias a la identidad cultural latinoamericana de toda América, fortaleciendo el carácter regional y colectivo del llamado de atención.

El mensaje se amplificó en el escenario seleccionado. El Super Bowl es uno de los eventos televisivo más vistos en EE. UU., lo que aseguró que millones escucharan esta denuncia.

Este mensaje adquiere significativa importancia en el marco del 22 de marzo es el Día Internacional del Agua, fecha que invita a reflexionar sobre la situación crítica de este elemento esencial para la vida.

Quiebra hídrica global

La cuenta corriente de la naturaleza está en números rojos. Un estudio realizado por la Universidad de las Naciones Unidas advierte que el mundo ha entrado en una era de «quiebra hídrica global». El concepto hace referencia a un punto de no retorno en el que la demanda humana supera la capacidad de regeneración natural del agua, poniendo en riesgo los sistemas hídricos del planeta.[1]

El informe denuncia queun progreso insostenible nos ha llevado a bebernos el agua con la que calmar nuestra insaciable sed de consumo. Este derroche se refleja en la agricultura intensiva, el crecimiento urbano e industrial, la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero que han provocado la crisis climática. Todo esto impone unos devastadores intereses a nuestras reservas de agua: sequías más largas, evaporación acelerada y lluvias impredecibles”.

Kaveh Madani, autor principal del informe, compara esta situación con una cuenta bancaria a la que, a diario, se le retiran fondos sin recibir ingresos, lo que genera un saldo negativo. El resultado es una deuda hídrica que no podemos saldar.

Las cifras son alarmantes: el 75% de la población mundial vive en países donde el agua es escasa o insegura; más de la mitad de los grandes lagos del planeta se están secando; alrededor de 2000 millones de personas habitan sobre terrenos que se hunden por la sobreexplotación de aguas subterráneas; en 50 años, se han perdido humedales equivalentes a toda la superficie de la Unión Europea.

Frente a este escenario la UNU hace un llamado urgente a la acción: gestionar la quiebra, no la crisis. Esto implica renegociar la relación con la naturaleza, transformar la agricultura, repartir justamente un elemento cada vez más escaso y proteger los ecosistemas que aún producen agua. La Conferencia del Agua de la ONU 2026 se presenta como la oportunidad para avanzar en este «rescate hídrico», bajo la premisa de que, aunque no sea posible recuperar los acuíferos agotados, todavía estamos a tiempo de proteger cada gota de agua disponible.

Kaveh Madani, autor principal del informe, compara esta situación con una cuenta bancaria a la que, a diario, se le retiran fondos sin recibir ingresos, lo que genera un saldo negativo. El resultado es una deuda hídrica que no podemos saldar.

Estrés hídrico ecuatorial

En contexto urbanos se puede perder de vista el origen del agua, tal como  la asamblea ocurrió a la asambleísta de ADN, Camila León, presidenta de la Comisión de Biodiversidad, podemos creer que el agua viene del grifo; se abre la llave y ya está, empieza a fluir. Sin embargo, para quienes vivimos sintonizados con la realidad de este país, es insensato reducir el acceso al agua a una visión urbana y doméstica, desconectada de la realidad natural, rural y comunitaria.

El ciclo del agua es vital, complejo y delicado. El agua se evapora de mares, ríos y suelos, formando nubes. La lluvia y la nieve devuelven el agua a la superficie. Una parte se filtra en el suelo, recargando acuíferos y otra fluye por ríos hacia el mar. Otra parte se mantiene en los glaciares. Las plantas y bosques liberan agua, regulando el clima y la humedad. Este ciclo mantiene la vida, regula el clima y asegura disponibilidad de agua dulce. Comprender este ciclo es clave para dimensionar la urgencia de enfrentar la crisis hídrica tanto en Ecuador como a escala global.

En el país, casi todas las ciudades y centros poblados están atravesadas por ríos que históricamente han sido símbolos de identidad y memoria colectiva. El Machángara en Quito; el Tomebamba, en Cuenca; el Guayas en Guayaquil, no solo han sido fuentes de agua, sino también escenarios de historia, comercio, vida cotidiana y espiritualidad.

Escuchar los relatos de las abuelas y abuelos que se bañaban en los ríos, que lavaban la ropa en sus orillas o que compartían juegos y encuentros comunitarios alrededor del agua, son parte de una memoria que, en muchos lugares, parece lejana. Los ríos eran espacios de vida, de convivencia y de identidad.

Existe una ruptura generacional pues la juventud perdió la posibilidad de tener la experiencia de convivir con ríos limpios. Se perdió un símbolo urbano, lo que antes era orgullo de las ciudades, ahora es un problema ambiental.

Lastimosamente, muchos ríos en el país han sido convertidos en cloacas urbanas e industriales, perdiendo su carácter simbólico. En lugar de ser un patrimonio natural y social los hemos transformado en receptores de aguas servidas y desechos tóxicos, se han transformado en fétidas cloacas invisibles que la gente evita.

Existe una ruptura generacional pues la juventud perdió la posibilidad de tener la experiencia de convivir con ríos limpios. Se perdió un símbolo urbano, lo que antes era orgullo de las ciudades, ahora es un problema ambiental. El convivir con un río limpio es cada vez menos probable y debe ser un privilegio que debe cuidarse como algo muy preciado.

En Ecuador el estrés hídrico se presenta en dos extremos simultáneos: sequías severas en la Sierra y el Austro, con racionamientos de hasta 11 horas diarias en 22 cantones, durante 2024 e inundaciones y desbordes en la Costa, como los cinco ríos que colapsaron en febrero de 2026 en las provincias de Los Ríos y Santa Elena.

Los factores que agravan la crisis hídrica en Ecuador son entre otros: la falta de planificación por parte de los GADs que permiten los vertidos urbanos e industriales que deterioran la calidad del agua; el crecimiento urbano y agrícola que ha aumentado la extracción de agua subterránea sin suficiente recarga, lo que da paso a la sobreexplotación de acuíferos; lluvias extremas alternadas con sequías prolongadas, lo que desestabiliza la producción hidroeléctrica y la seguridad alimentaria, producto de la crisis climática.

agua

Emergencia por la falta de acceso a agua segura

El acceso a agua limpia en Ecuador está cada vez más comprometido. Gran parte de los sistemas de alcantarillado descargan directamente en los ríos sin tratamiento previo y a esto se suman los vertidos industriales. Los ríos que deberían ser reservas de agua potable se convierten en receptores de aguas servidas y químicos. Esto genera un impacto en la salud pública pues aumenta la incidencia de enfermedades gastrointestinales y parasitarias en poblaciones que dependen de estas aguas.  De otra parte, hay una afectación a los ecosistemas naturales pues los peces y fauna acuática mueren o se contaminan, afectando cadenas alimenticias y economías locales.

La problemática no se limita a las ciudades. El extractivismo ha generado una afectación grave sobre las fuentes de agua. La minería y la extracción petrolera vierten metales pesados, hidrocarburos y lodos tóxicos en ríos amazónicos, de la Sierra y la Costa.  La agroindustria, con sus monocultivos bananeros, palmicultores, florícolas, usan pesticidas y fertilizantes que terminan en los ríos, reforzando el círculo de contaminación persistente.

Pese a ello, Ecuador fue designado País Capital del Agua 2025–2026, destacando su riqueza hídrica y políticas de gestión integrada.[2] Esta distinción contrasta con las emergencias recurrentes por lluvias: en lo que va de 2026, las lluvias han dejado más de 54.000 personas afectadas y al menos 13 fallecidos, con desbordes de ríos en provincias como Guayas, Los Ríos y Manabí. Esta dura realidad, que se repite con creciente crudeza en cada época de lluvias, se explica también por el azolvamiento de los ríos debido a la creciente destrucción de los páramos, a la deforestación y a la consiguiente erosión en la cordillera y en la ceja de selva.

Ecuador vive una paradoja hídrica: es un país rico en agua, pero enfrenta una crisis de acceso y calidad. Pese a la abundancia de agua, persisten problemas de contaminación, falta de tratamiento de aguas residuales y desigual acceso en zonas rurales y urbanas. La combinación de extractivismo, contaminación urbana y colapso climático amenaza con profundizar el estrés hídrico.

La última reunión del Foro Nacional de los Recursos Hídricos, 10 y 11 de julio del 2025 en Ecuador enfatizó la urgencia de enfrentar la crisis hídrica con una agenda nacional que articule comunidades, Estado y sector privado.

La clave, para enfrentar este problema, está en acelerar proyectos de saneamiento, fortalecer la gestión comunitaria y garantizar que el agua sea tratada como un derecho humano fundamental e irrenunciable, así como un bien nacional estratégico de uso público, un patrimonio de la sociedad y un componente fundamental de la Naturaleza, la misma que tiene derechos propios a existir y mantener sus ciclos vitales. Cabe anotar que estos derechos constitucionales, que no toleran la privatización del líquido vital, no han sido totalmente respetados hasta ahora.

La última reunión del Foro Nacional de los Recursos Hídricos, 10 y 11 de julio del 2025 en Ecuador enfatizó la urgencia de enfrentar la crisis hídrica con una agenda nacional que articule comunidades, Estado y sector privado. Los principales temas fueron agua y minería, saneamiento, protección de páramos y democratización del acceso al agua, con recomendaciones claras hacia una gestión equitativa y sostenible.

El CAMAREN, ente coordinador de dicho Foro, subrayó que la crisis hídrica en Ecuador no es solo climática, sino también política y social. La recomendación central es avanzar hacia una gestión integrada y democrática del agua, donde las comunidades tengan voz y las políticas públicas prioricen el derecho humano al agua sobre intereses extractivos.[3]

Al rescate del agua: recuperar la esperanza

El 22 de marzo es el Día Internacional del Agua, proclamado por la ONU en 1992. En Ecuador adquiere gran relevancia porque visibiliza los desafíos de acceso, gestión comunitaria y protección de fuentes hídricas en un país megadiverso y con fuertes tensiones por el uso de este líquido vital.

En este día es importante recuperar la relación cultural con el agua. Rescatar a los ríos, a los lagos, a los humedales, a los páramos como lugares de encuentro, de historias familiares y de transmisión de saberes. Es también importante tener un claro sentido de pertenencia, tener la posibilidad de bañarse en el río o en el lago para sentirse parte de la Naturaleza y de la comunidad. Identificar mecanismos que nos permitan vivir en confianza en el entorno natural, que podamos beber, nadar o pescar sin miedo en los ríos, lagos y lagunas.

En un mundo que empieza a reconocer que la Naturaleza es un ser vivo con voz propia, los Derechos de la Naturaleza se abren paso con fuerza. Los ríos, lagos y mares son vistos como sujetos de derechos que merecen respeto y protección. En este día dedicado al agua, celebramos hitos que marcan un cambio profundo en nuestra relación con el planeta: ríos y cuencas en Colombia, Nueva Zelanda, India, Brasil, Perú, España y Ecuador han sido reconocidos jurídicamente como entidades con derechos propios y son símbolos de esperanza y resiliencia.

Volviendo al espectáculo de Bad Bunny, que no solo fue entretenimiento, sino un llamado a defender la identidad y el territorio, una denuncia de la pérdida de playas y ríos en Puerto Rico, en Ecuador, esta defensa se traduce en proteger el agua frente a crisis climáticas, ecológicas y sociales. El Día Mundial del Agua es la oportunidad para unir esas voces en una causa común.

La defensa del agua en el país ha sido histórica y persistente. Desde las luchas de Intag y Kimsacocha en los años noventa, hasta la gran marcha en Cuenca que formó el Quinto Río en defensa del agua, así como las consultas populares en Girón, Cuenca, Yasuní y Chocó Andino. Las comunidades han utilizado mecanismos democráticos para defender estos territorios de la minería y conservar el agua, sus bosques y páramos.

La Constitución de 2008 reconoció al agua como derecho humano fundamental y patrimonio nacional, al tiempo que constitucionalizó el derecho que tiene el agua a que se garantice su ciclo vital, consolidando un marco jurídico que ha permitido fortalecer estas luchas.  Ecuador se ha convertido en una referente global de defensa comunitaria del agua y la Naturaleza, demostrando que la voluntad popular puede frenar proyectos que amenazan la vida.

Mantener una política de expansión minera y minera implica cerrar la puerta al futuro. Sin agua no hay vida.  Por ello, este 22 de marzo, en Ecuador, miles de voces se suman al lelolai [4] que resonó en el Super Bowl: no soltaremos la bandera, no perderemos la raíz y defenderemos el agua como garantía de vida, soberanía y futuro.

[1] El agua se agota: la ONU declara la «bancarrota hídrica» de un planeta que vivió a crédito | Noticias ONU

[2] Ecuador es designado como País Capital del Agua 2025–2026 – Agencia de Regulación y Control del Agua

[3] (23) Plenaria viernes 11 de julio «Conclusiones y Propuestas del XIII Encuentro Nacional» – YouTube

[4] El lelolai es un grito cultural puertorriqueño que funciona como expresión de identidad, alegría y resistencia. No es una palabra con significado literal, sino un canto tradicional que conecta con las raíces de su música tradicional y la herencia afrocaribeña.

Anamaría Varea

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