martes, septiembre 29, 2026
Ideas
Susana Cordero de Espinosa

Susana Cordero de Espinosa

Miembro de número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua.

Desde un libro “pequeño, fragmentario y coyuntural” 

Se cuenta hoy que Borges comenzó su trayectoria estética con la escritura de versos, y que siempre consideró la poesía como ‘un acto estético supremo y misterioso’.

No podía titularse de otra forma este mi último comentario sobre el hermoso y, en su tiempo y a su manera, exhaustivo texto de Alicia Jurado, al que me referí la otra semana como su pequeña gran obra: Genio y figura de Jorge Luis Borges…

Este texto abrió a Argentina y al mundo, a treinta y más años de incesante trabajo del poeta, ensayista y,  sobre todo, cuentista Jorge Luis Borges, su ya entonces amplia producción.

Se cuenta hoy que Borges comenzó su trayectoria estética con la escritura de versos, y que siempre consideró la poesía como ‘un acto estético supremo y misterioso’,  y quisiera añadir que cuanto escribió Borges: poemas, cuentos, ensayos,  cuanto fue y soñó  respondió a su hondo, a su supremo sentido poético de la realidad…

(Busquemos si la expresión otra semana se refiere a la semana última, la inmediata, la que pasó antes de esta, y copio aquí la definición  casi poética que de ella nos entrega nuestro diccionario, el cual, por vocación, tiene que ser prosaico y parece que aquí hubiera cometido una excepción: “Usado con artículo y ante sustantivos que expresan tiempo, como día, tarde o noche, los sitúa en un pasado cercano”). Toda la obra de Borges pertenece y pertenecerá, para cada uno de sus lectores, primero, a su presente lector y después, a su pasado hondo y cercano, pues la experiencia poética y mistérica de la lectura de su obra no nos abandonará. Y dije también que el libro de Alicia al definir la obra borgiana  lo hace en términos que usó el propio Borges, como ‘pequeño, fragmentario y coyuntural’. Pero, además, al pensar en lo que escribiría esta semana, me vino a la memoria el consejo antiguo que un día encontré por azar: En tiempos de desolación, no hacer mudanza. Tiempos de desolación, sí, los que vivimos y no hago mudanza, pues sigo con Alicia, casi cara a cara, desde su libro…

Conocí a Borges en 1954. Desde aquel momento, su imagen no se ha modificado sensiblemente para mí, pero sé que no es la única y dudo de que sea la definitiva. Antes de esa fecha, como lo ha demostrado irrefutablemente Proust, existió una sucesión casi infinita de Borges retrospectivos; apenas entreveo algunos…

Por esta razón de Alicia a la que me adhiero, y porque cada uno de nosotros, a pesar de que aspira a ser realista en sus juicios, solo ve un Borges, el suyo, traigo el primer poema borgiano que me deslumbró ya para siempre, titulado “Arte poética”:

Mirar el río hecho de tiempo y agua / y recordar que el tiempo es otro río,/ saber que nos perdemos como el río / y que los rostros pasan como el agua. // Sentir que la vigilia es otro sueño / que sueña no soñar y que la muerte / que teme nuestra carne es esa muerte / de cada noche, que se llama sueño. // Ver en el día o en el año un símbolo / de los días del hombre y de sus años, / convertir el ultraje de los años / en una música, un rumor y un símbolo, // ver en la muerte el sueño, en el ocaso / un triste oro, tal es la poesía / que es inmortal y pobre. La poesía / vuelve como la aurora y el ocaso. // A veces en las tardes una cara / nos mira desde el fondo de un espejo; / el arte debe ser como ese espejo / que nos revela nuestra propia cara. // Cuentan que Ulises, harto de prodigios, /lloró de amor al divisar su Itaca /  verde y humilde. El arte es esa Itaca / de verde eternidad, no de prodigios // También es como el río interminable / que pasa y queda y es cristal de un mismo / Heráclito inconstante, que es el mismo / y es otro, como el río interminable.

Borges escribió con su vida, para todos nosotros, un poema  interminable. Fue una inmensa suerte que eligiera el español para escribirse… Habría podido hacerlo con el inglés, que es la primera lengua que aprendió, con el francés y quizá con el sánscrito, que Borges soñaba en conocer; quizá toda su vida fue, en sánscrito, un poema inagotable.

Vamos a algunos de los comentaristas citados por Alicia Jurado en su preciosa obra, pero antes, dejémosle decir: En los poemas juveniles de Borges están, pues, sus emociones más intensas: el amor a alguna mujer, el cariño a las cosas tradicionales, el culto de los héroes y del coraje, el apego a los lugares preferidos. Y Alicia continúa: Creo que entre estos poemas recientes -menos prosaicos, menos bruscos y sobre todo, mucho más depurados de los anteriores, están algunos de los mejores que ha escrito Borges (también están, en inexplicable contraste, algunos de los que juzgo más pobres); las emociones son menos directas y cierta estoica resignación parece consolar la profunda tristeza… No hay una queja en la aceptación del destino. Y cita esta estrofa del “Poema de los dones”: Nadie rebaje a lágrima o reproche / Esta declaración de la maestría / De Dios, que con magnífica ironía, / Me dio a la vez los libros y la noche…

Sí, porque  libros y  noche no se excluyen: ¿quién no puede evocar esa noche infantil en que por primera vez leyó —casi sin saber que leía, creyendo que soñaba— las fábulas de Esopo que encontró en un libro medio escondido, en casa del abuelo?

Porque Borges fue ante todo un lector privilegiado, ante la paradoja suprema de su ceguera.  ¿Acaso no somos todos ciegos ante un nuevo libro impensado, inesperado, profundo y audaz?

Y aquí termino (aunque nada termina) lo que creí que jamás terminaría: este segundo artículo sobre Borges a partir del libro de mi inolvidable amiga Alicia Jurado, espacio que sustraje entre esquinas borgianas,  como una levísima muestra de su poesía…

Quizá seguiré con Borges, quizá no. Repitamos, al menos, la primera estrofa de su “Poema de los dones”:

Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría / de Dios, que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche…

 

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