viernes, diciembre 19, 2025
Ideas
Giovanni Carrión Cevallos

Giovanni Carrión Cevallos

Economista y Magister en Estudios Latinoamericanos. @giovannicarrion

Los resultados de la banca

Hasta finales de noviembre, las utilidades de la banca sobrepasaron los USD 819 millones. Es cierto que el país necesita un sistema financiero sólido, pero debe conectarse con la realidad socioeconómica de un país que no crece.

Dentro de los supuestos macroeconómicos que se incluyeron para la formulación de la proforma presupuestaria 2026, se consideró un crecimiento real del Producto Interno Bruto (PIB) de apenas el 1,8%, modesto guarismo que expresa que la economía nacional está muy lejos de mostrar signos de mejoramiento y de reactivación y que, más bien, en el periodo 2025, las cifras presentadas por el oficialismo (como trofeo de una supuesta exitosa gestión realizada) lo que reflejan, en la práctica y lejos de ese estado de propaganda, es apenas el llamado efecto rebote luego de haber experimentado en el año 2024 una contracción del 2% en el PIB.

En esa línea de análisis, resulta oportuno revisar los resultados obtenidos hasta el momento por las instituciones bancarias, precisamente en un escenario económico que como se ve resulta bastante desafiante para todos sus actores. De lo reportado por la Superintendencia de Bancos, con corte al 30-11-2025, las utilidades (ingresos – gastos) que muestra la banca privada es de USD 819,3 millones, de los cuales USD 583,8 millones, se concentran en cuatro entidades bancarias que acumulan el 71,3% de la totalidad de las utilidades. El resto, es decir el 28,7% del monto, se reparte entre todos los bancos privados medianos y pequeños.

Asimismo, al comparar las utilidades 2024 versus 2025 (con corte al mes de noviembre de cada año) se tiene que las utilidades de la banca privada pasaron de USD 580,7 millones a 819,3 millones, lo que representa un aumento del 41,1%. De ahí que vemos, paradójicamente, por un lado, a un próspero y boyante sector bancario y, por otro lado, a una economía ralentizada que apenas si se expande -en promedio- por encima de la tasa de crecimiento poblacional, lo cual habla, en términos reales, de un estancamiento. Tanto es así que el Presupuesto General del Estado para el 2026 tiene como necesidades de financiamiento púbico la escalofriante cifra de USD. 16.054 millones al contar solamente con algo más USD. 30.120 millones como ingresos totales.

De ahí que debamos regresar nuestra mirada a los componentes que alimentan los ingresos que muestra la banca en los que se incluye, entre otros, la intermediación financiera y esa enorme brecha existente entre tasas de interés activas y pasivas. En este punto, en una economía dolarizada resulta bastante difícil promover la inversión y con ello mover la demanda agregada, cuando de por medio existen tasas activas efectivas, por ejemplo, a diciembre 2025, que superan el 21% para el segmento de microcrédito, el 15,91% para consumo o el 9,68% para el segmento Productivo PYMES. En contrapartida, para los depósitos de ahorro se fija el 1,35% como tasa de interés pasiva efectiva, en tanto a plazo este porcentaje se sitúa entre el 4,64% a 6,95%.

Así las cosas, es claro que no se cuestiona que la banca privada obtenga razonables utilidades por el margen de intermediación y cobro de comisiones por servicios. Ciertamente una economía necesita de un sistema financiero sólido y competitivo (y, por exclusión, no concentrado), pero debe responder y conectarse necesariamente con la realidad y entorno económico en el que se desenvuelve. No cabe que haya una economía que no crece y que produce cada vez más pobres y concomitantemente con ello un sistema financiero privado que acumula enormes márgenes de ganancia.

En esta parte, vale recordar a Joseph Stiglitz, premio nobel de Economía, quien sostiene que “El 90% de los que nacen pobres mueren pobres por más esfuerzo que hagan, el 90% de los que nacen ricos mueren ricos independientemente de que hagan o no mérito para ello”. Entonces, enfrentar esas desigualdades que ofenden a la condición humana es un trabajo y responsabilidad de todos hacerlo. Y el primer paso que debemos dar para ese propósito es desvelar la lacerante realidad en que viven la mayoría de los ecuatorianos.

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