A lo largo de un año, mientras Inty y Yauri daban forma a las obras producidas para esta exhibición, que son la gran mayoría, fuimos notando que en muchas sobresalía la cooperación, la compañía, el tejer relaciones, en fin, el quehacer colectivo. Algunas obras afirmaban reivindicaciones del pueblo kichwa, mientras que en otras propuestas, las experiencias individuales cobraban espesor cuando se entrelazaban a vivencias colectivas. Así, más de una vez nos detuvimos a reflexionar en el ayllu, el ayllullakta, la comunidad, el movimiento indígena, la militancia cultural, las vivencias y aprendizajes compartidos. Por esto, coincidimos en que la frase que mejor capturaba el espíritu de la exhibición era PAKTA PAKTA. La traducción literal de PAKTA es “juntos” y PAKTA PAKTA significa JUNTOS JUNTAS. Para acentuar el significado de ciertas palabras en lengua kichwa, estas se repiten. PAKTA PAKTA es una expresión fuerte y política (por esto las mayúsculas), que denota justicia social. Se la pronuncia generalmente en contextos comunitarios como minkas, asambleas, marchas y decisiones colectivas. Ahondamos en el significado de esta frase gracias a la generosidad de amigos kichwa hablantes y estudiosos de la lengua de la talla de Wayra Velásquez, Cristina Fueres y Ariruma Kowii. PAKTA PAKTA expresa un llamado, una convocatoria urgente, inexcusable para obrar en conjunto por el bien común. Por ejemplo, en una minka donde la gente trabaja en conjunto, si alguien se demora, los que ya han avanzado regresan y ayudan a quienes se han quedado atrás para poder ir pakta pakta, juntas juntos. También se la pronuncia para orientar la unión en pareja ya que enfatiza la necesidad de caminar juntas juntos, siempre en igualdad. Como muchas palabras y frases en kichwa, pakta pakta, remite a principios de reciprocidad, solidaridad y complementariedad. Con esta breve introducción al concepto de la muestra, me parece oportuno pensar en la coyuntura actual desde esta poderosa frase. Desde los inicios del paro, pudimos escuchar a warmis dirigentes y warmis en primera línea, explicando incansablemente a policías, militares y medios de comunicación, que sus reclamos no buscaban únicamente el beneficio del sector indígena, sino el de todos los sectores sociales que anhelan la eliminación de la pobreza y la desigualdad. El movimiento indígena es el único sector en el país que por sus demandas aglutina a estudiantes, sindicatos, familias, grupos de mujeres, ecologistas, gremios, artistas, feministas, trabajadores culturales, y sectores populares que se ven afectados por la precarización de las condiciones de vida, la crisis en el sistema de salud, los recortes en la educación pública, los abusos del poder, la destrucción de la naturaleza, etc. En una entrevista sobre el proceso constituyente en el 2007 – 2008, Nina Pacari explicaba que, desde el sujeto colectivo de los derechos de los pueblos y nacionalidades, la noción de bienestar se podría resumir de la siguiente manera, “mi bienestar solo en la medida en que todos los otros se encuentren en situación de igualdad.” Así se alcanza el equilibrio y la equidad. También sostenía que este paradigma no solo fortalece las vivencias comunitarias sino a la sociedad plurinacional en general ya que proyecta terminar con la codicia de grupos que enriquecen sus arcas en detrimento de la mayoría de la población.[1]
Durante el Paro hemos constado como sectores de la sociedad ecuatoriana, marcados por el bienestar individual, la competencia y la acumulación que beneficia a unos pocos, se han presentado, por un lado, indolentes hacia quienes luchan por el bienestar de sectores desfavorecidos y vulnerables, pero lo que es peor, han seguido el cuento del gobierno empecinado en etiquetar a quienes protestan como un puñado de vándalos, narcos, o mineros ilegales que destruyen al país; esto para justificar la brutal represión que busca silenciar y dividir a los sectores movilizados.

Volviendo a la exhibición, me gustaría referirme brevemente a obras donde las experiencias autobiográficas de Inty y Yauri se conectan con las vivencias colectivas de su pueblo. Los hermanos Muenala generosamente comparten documentos personales y obras que nacen de archivos familiares. Así, nos podemos acercar a los desafíos individuales y colectivos que el pueblo kichwa enfrenta en un Estado y sociedad dominante que no comprenden ni valoran la diversidad cultural. Exhibimos una copia del certificado de nacimiento de Inty. Cuando Inty nació, su madre Clara Vega y su padre, Humberto Muenala, solicitaron inscribir el nombre de su hijo en lengua kichwa, pero funcionarios del Registro Civil de manera arbitraria se opusieron. El artista pudo rectificar en el documento su nombre en lengua materna cuando cumplió la mayoría de edad. Una forma recurrente de violencia colonial ha sido la imposición de nombres hispanos a lugares y personas. Tomando como punto de partida esta experiencia personal, Inty y Yauri contactaron y emprendieron conversaciones con 18 compañer@s kichwas de distintas generaciones, donde pudieron conocer sus motivaciones y reafirmaciones el momento de reclamar su nombre en lengua materna. El resultado de estas conversaciones se plasma en una bella pieza interactiva conformada por 18 lanzaderas. Las lanzaderas son piezas de madera que se emplean para tejer y cada lanzadera contiene pulseras tejidas con información significativa de cada persona: el nombre recibido en castellano, el nombre elegido y actual en lengua kichwa, el significado del nombre kichwa, el año de nacimiento y año de reexistencia al asumir el nombre en lengua materna.



La investigación para esta pieza nos condujo al pionero trabajo del Taller Cultural Causanakunchik, y aquí quiero agradecer a Nina Pacari, Ariruma Kowii y Germán Muenala por compartirnos sus vivencias como fundadores del taller.
A mediados de los 70s, como jóvenes kichwa urbanos decidieron organizarse con el propósito de enfrentar la discriminación y la exclusión que padecían, cuestionando de manera frontal las prácticas y discursos racistas en Otavalo, Cotacachi y Quito, ciudades donde vivían y estudiaban. Se inspiraron en la fuerza de sus abuelas y abuelos, madres y padres, quienes nunca dejaron de identificarse como runas.
Presentamos apenas unos pocos documentos y fotografías de la inmensa e inspiradora militancia cultural del Taller Culrtural Causanakunchik. Sus miembros concibieron, coordinaron y realizaron campañas, charlas, ferias, exhibiciones, ferias artesanales, festivales de cine, talleres y actividades lúdicas orientados al fortalecimiento de la identidad kichwa. Conformaron el grupo de teatro, música y danza kichwa Obraje. Se preocuparon por dar vocería a los más jóvenes en colegios. Arremetieron contra la folklorización y se comprometieron con la restitución y revitalización de la lengua, los símbolos, vestimenta y costumbres tradicional kichwa. Su militancia también se enfocó en sensibilizar a las autoridades educativas y a los funcionarios públicos sobre los derechos culturales y lingüísticos del pueblo kichwa. Asimismo, protagonizaron intervenciones antirracistas en instituciones públicas y ocuparon importantes escenarios académicos, sociales y culturales a nivel nacional.
Fue en el marco de este Taller y como parte de una iniciativa colectiva, que varios de sus integrantes, coherentes con sus postulados de reinvindicación cultural y bajo la mentoría de Ariruma Kowii, deciden sustituir sus nombres en castellano por nombres en lengua materna. A la par desarrollaron una serie de acciones y estrategias educativas para concientizar sobre el derecho a llevar nombres en lengua originaria. También realizaron gestiones para exigir al Estado, en particular al Registro Civil que garantice el derecho a su identidad.
El Taller Cultural Causanacunchik contribuyó con la propuesta conceptual y discursiva de un Estado plurinacional y pluricultural; propuesta con la que la Federación Indígena y Campesina de Imbabura, la F.I.C.I. se consolidó como referente cultural para el movimiento indígena.

Marcha por la Tierra, Cultura y Libertad, previa a la realización del Festival de Música y Danza en la comunidad de Huaycopungo, en rechazo a la utilización de la cultura quichua en las fiestas del Yamor, 1985. El Taller Cultural Causanacunchik se convirtió en la principal ala de la organización indígena en las áreas de juventud y cultura, lo que posteriormente en la INRUJTA FICI derivó en las secretarias del Yachay Huasi y Jambi Huasi, espacios que tenían un dirigente de base, con quienes se coordinaba las actividades a realizarse. Foto y texto cortesía de Germán Muenala
En esta exhibición nos hemos propuesto entretejer la experiencia personal de los artistas, con la experiencia colectiva y la organizativa. Hoy más que nunca resulta imprescindible reconocer y difundir las luchas y logros cotidianos y silenciosos de generaciones pasadas donde el arte, la cultura y la educación constituyeron una poderosa herramienta de cohesión, de reinvindicación cultural y de justicia social para el pueblo kichwa.
Es por esto que, cuando Yauri apuntala en una de sus obras la frase Somos Herederos de la Marcha del 90, está expresando una orientación de vida, heredera de una profunda dimensión política, ética, espiritual y creativa colectiva. Como parte de una joven generación, Yauri traza su linaje a partir del movimiento social que transformó la historia del país: el emblemático Levantamiento Indígena de Inti Raymi de 1990. También Manai Kowii, reconocida artista de la misma generación de Yauri ha expresado, “Nosotrxs somos la cosecha de todos los levantamientos de nuestras abuelas y nuestros abuelos, taytas y mamas”. En un post reciente, Inty dedicaba la exhibición con estas palabras: “Con profundo respeto y compromiso hacia las luchas de nuestros ancestros, de nuestros padres y de esta generación que no se rinde, reafirmamos nuestra convicción de seguir construyendo un mundo más justo, desde la unidad, la memoria y la sensibilidad.”

El Levantamiento Indígena del 90 reveló un Estado monocultural y homogenizante y declaró la existencia histórica de una diversidad de pueblos, culturas e identidades. Abuelos y abuelas que han defendido sus territorios, sus formas de organización comunitarias, su vestimenta, sus tradiciones, su lengua, sus formas de vida frente a un estado excluyente y donde el mestizaje era y sigue siendo sinónimo de blanqueamiento.
Esta demanda crucial por la plurinacionalidad se fue incorporando progresivamente a las constituciones, con el fin de reconocer los derechos colectivos y ancestrales de pueblos y nacionalidades. Si bien el ejercicio pleno de estos derechos por parte del Estado y de la sociedad sigue siendo una tarea pendiente, hoy presenciamos alarmados el ataque sin precedentes por parte del gobierno a las libertades políticas y civiles, y el desconocimiento absoluto de las garantías constitucionales de los pueblos y nacionalidades, como la inviolabilidad de sus territorios, la legitimidad de su organización política, el derecho a que sus rasgos identitarios sean respetados, como la la trenza en varones. Es nuestro deber ético defender los derechos humanos y derechos colectivos alcanzados en la Constitución actual.

Las obras en esta muestra no solo son el resultado del talento creativo y subjetividad individual de cada artista, sino que emanan de conocimientos, memorias, estéticas y principios reclamados y resguardados por un pueblo.
Por último, me gustaría mencionar el protagonismo que los “seres-tierra” (término acuñado por la antropóloga Marisol de la Cadena), tienen en esta exhibición; las plantas medicinales con las que Yauri teje palabras para así lograr trasmitir la dulzura, fragilidad y profundidad de la lengua kichwa; las hojas de maiz sagrado, recolectadas en época del Inti Raymi, con las que apuntala palabras y frases relacionadas a la existencia y coraje del pueblo kichwa. Por su parte, Inty recurre al pan de oro, ampliamente utilizado para erradicar la espiritualidad indígena durante la colonia, para evocar la sacralidad de lagunas, ojos de agua, manantiales y vertientes.


PAKTA PAKTA no solo es un llamado a vivir en igualdad entre seres humanos, sino junto a la naturaleza. Los pueblos y nacionalidades de Abya Yala defienden el agua de los grandes proyectos extractivistas que solo la contaminan. También los artistas nos comparten, a manera de ofrenda, bellísimos recipientes escultóricos o pilches de calabaza que resguardan semillas.

Las prácticas artísticas de Inty y Yauri son profundamente espirituales. En sus obras, la tierra, las semillas, las raíces y las plantas son metáforas, pero también presencias sagradas, como en todo el universo andino. Por esto, cuando en el paro las Fuerzas Armadas asesinaron al comunero Efraín Fuerez, un artista otavaleño nos devolvió la imagen de Efraín en un mural con la frase “Nos quisieron enterrar pero somos semilla”. Si para el Estado las vidas de Efraín, José Alberto, Rosa Elena, Ismael, Nehemías, Saúl, Steven son desechables y sus muertes a lo sumo una cifra, en el mundo andino los muertos son parte de la vida. El viaje al chayshukpacha o el más allá, nunca es un fin, es una transmutación en arte, canto, semilla, memoria, agua y humo de palo santo. PAKTA PAKTA también es caminar juntos juntas con las y los muertos, honrando su memoria, su lucha, sus vidas y sus sueños. Seguiremos levantando altares y ofrendas en marchas y plantones para todas y todos los asesinados por el terrorismo de estado, así nos intimiden y prohíban, inclusive, a levantarles un rezo[2].
[1] El sábado 18 de octubre, militares y policías de manera arbitraria prohibieron la celebración interreligiosa, ecuménica e intercultural por el diálogo franco, la paz y la justicia social en el Parque del Arbolito. En la ceremonia se iban a recolectar donativos en favor de los herman@s de Imbabura.
[2] Pacari, Nina. Entrevista “El Sumak Kawsay tiene que ver con un sistema de vida comunitario”. Proceso Constituyente y Buen Vivir 2007 – 2022. Editor Francisco Hidalgo Flor. UCE y SIPAE, 2021.