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Washington y Beijing: una alianza con expectativa para el mundo

aldo-lorenzzi-columnista

Hace unos días, Donald Trump, presidente de uno de los países más poderosos del mundo, llegó de visita a Beijing y sostuvo una serie de reuniones entre los mandatarios y sus delegaciones.

Esta cumbre tuvo varias finalidades. La primera fue tratar la guerra con Irán y su impacto en el mercado energético. También se abordaron el mercado de la tecnología, los chips, las restricciones a las exportaciones y los riesgos de la inteligencia artificial, los aranceles y las materias primas. Asimismo, se extendió la tregua comercial y se alcanzaron acuerdos de compras masivas de soja y carne por parte de China a Estados Unidos, además de la venta de aviones Boeing. Otros temas tratados fueron la seguridad comercial y asuntos sensibles para Pekín, como la situación actual de Taiwán, incluyendo la venta de armas a la isla por parte de Estados Unidos, y el rearme de Japón, entre otros.

Los discursos de ambos líderes fueron significativos. Por parte de Xi Jinping, el mensaje tuvo un marcado carácter político: resaltó la apertura económica, llamó a mejorar las relaciones bilaterales y advirtió que ciertas fricciones podrían ser contraproducentes no solo para ambos países sino para el mundo entero. Subrayó que la cooperación entre ambas potencias será trascendental para el éxito de esta relación.

Con respecto a Trump, el mensaje planteó la doctrina americana del libre mercado y la apertura de China a los productos estadounidenses. El mandatario mostró optimismo al haber reunido a algunos de los líderes empresariales más importantes del mundo y tocó varios puntos de la geopolítica mundial.

La trampa de Tucídides

Uno de los momentos más interesantes del discurso del mandatario chino fue cuando mencionó el peligro de que ambas naciones caigan en la trampa de Tucídides, es decir, el riesgo geopolítico de conflicto que surge cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a la potencia hegemónica. Un escenario que, a juicio de muchos analistas, se está desarrollando de manera natural ante el reordenamiento mundial que los acontecimientos diarios confirman.

Estados Unidos llegó a esta visita con una delegación de los treinta principales CEO del país, una señal simbólica del peso de las finanzas en esta relación, con el objetivo de penetrar el mercado chino y poner a disposición de Pekín la posibilidad de inversión de capitales americanos. Un gesto que refleja que el mundo ya no se lee de la misma manera que antes.

Paralelamente a esta visita, uno de los socios estratégicos de China, Rusia, envió un mensaje claro al mundo con el lanzamiento de su misil nuclear Sarmat, considerado el más avanzado del planeta. Con ese gesto, uno de los actores más importantes de la geopolítica global dejó en claro que también está presente y que no puede quedar fuera del juego.

Sudamérica: ¿Habría estado en la agenda?

Es probable que América del Sur haya estado presente en algún punto de la cumbre en el ámbito geopolítico, dado que tanto Xi Jinping como Donald Trump tienen intereses en esta parte del mundo e inversiones importantes en la región. En los próximos días podrían conocerse novedades por parte de ambos países hacia nuestra región.

El mundo ha cambiado. La unipolaridad quedó atrás y el escenario multipolar es ya una realidad que Trump parece estar comprendiendo. Esperemos que, por el bien del mundo, las grandes potencias busquen la estabilidad y el progreso, que tomen decisiones pensando no solo en sus propios intereses, porque eso es lo que todos los países buscan hoy en día, sin embargo, como países hegemones tienen la obligación de velar por la paz del mundo y estar pendientes de las amenazas globales. Más allá de lo ideológico, lo importante es la integración económica y el bienestar común, de todos esperemos que esta cumbre a pesar de no tener acuerdos importantes sea el inicio para una nueva etapa del mundo.

 

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