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Votos bajo sospecha: Sudamérica entre la democracia y la crisis

aldo-lorenzzi-columnista

Sudamérica es una de las regiones más codiciadas por las potencias globales, y no es difícil entender por qué: recursos naturales, bonos demográficos, industrias creativas y reservas energéticas que el mundo entero mira con apetito. Sin embargo, cada cierto tiempo la región cae en ciclos de crisis que no afectan a un solo país, sino al conjunto. Es un patrón que se repite, y que en este momento está ocurriendo con una intensidad particular.

En 2025, Bolivia y Chile celebraron elecciones que derivaron en gobiernos de perfil moderado. En Bolivia, la nueva administración ha tenido tropiezos, pero muestra una estabilidad que contrasta con el caos del gobierno anterior. En Chile, las expectativas son altas: el nuevo gobierno ha comenzado con gestos concretos, entre ellos la repatriación de ciudadanos venezolanos en situación irregular y la consolidación de alianzas estratégicas con países como Italia, señales que van sumando en la construcción de una imagen de autoridad.

En 2026, el mapa electoral de la región se amplía y se complica.

Perú atraviesa una crisis político-institucional de fondo. Las elecciones realizadas en los últimos días han sido seriamente cuestionadas: las irregularidades no solo persisten, sino que se hacen más visibles cada día ante la opinión pública y los medios de comunicación. La confianza en los organismos electorales, que deberían ser la garantía del Estado de derecho, está en su punto más bajo. Y todo esto ocurre en un escenario de polarización total. El caso peruano aún está en desarrollo, pero las dudas que ha dejado en la población no son menores.

Perú, sin embargo, no está solo en este cuadro. En mayo llegan las elecciones en Colombia, un país que también lleva meses en un ambiente polarizado bajo la presidencia de un gobierno de izquierda. Los analistas proyectan una segunda vuelta entre la izquierda y la derecha colombiana, lo que convierte este proceso en uno de los más observados de la región. A eso se suma una sombra que lo enturbia todo: el asesinato de un precandidato de derecha ha empañado el proceso y recuerda, una vez más, que la violencia política en Colombia no es historia pasada.

Brasil, el país de mayor peso específico en la región, también tiene cita con las urnas en octubre. Lula da Silva, cuestionado por una serie de actos de corrupción que en su momento lo llevaron a prisión, busca la reelección enfrentando a las fuerzas del otro extremo del espectro político, encabezadas por Flavio Bolsonaro del Partido Liberal. Las encuestas los muestran empatados en intención de voto. Nada está dicho todavía sobre quién dirigirá los destinos del gigante sudamericano.

La encrucijada: elegir bien o repetir el error

En este ciclo electoral, los electores de Perú, Colombia y Brasil miran el proceso con la misma mezcla de expectativa y suspicacia. Y no es para menos: la región ha llegado a una intersección de problemas compartidos que ningún país puede resolver en solitario. Migración desbordada, informalidad estructural, criminalidad organizada que cruza fronteras, crisis económica y energética, polarización que fractura sociedades. Ecuador y Argentina, con sus propias administraciones, no son ajenos a ninguno de estos males.

Toca aceptar que nuestras democracias atraviesan tiempos duros. La pregunta que queda sobre la mesa es si este tablero político y electoral será capaz de producir líderes a la altura de las reformas que la región necesita, o si volveremos a elegir entre la esperanza y la decepción. Ojalá esta vez salga distinto.

 

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