La decisión de Edmundo González de exiliarse en España no fue estratégicamente inocuo. Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, le dio la bienvenida, cuidando de no romper fuegos contra Maduro, lo cual le permitía abrir una puerta para entrar en el terreno de una salida negociada con el régimen chavista, sumándose a la posición de Lula y Petro. González se ratificó en su determinación de volver á Venezuela como presidente legítimamente electo .
En este nuevo escenario, la posición mediadora de Brasil y Colombia, para sentar a los mandatarios Maduro y González en una mesa de negociación no fue descabellada. El propio González justifica su decisión, invocando el diálogo en aras de construir una etapa nueva para Venezuela.
Vemos, pues, que se plantean retos de índole estratégico que suponen el ejercicio de la inteligencia política. Edmundo González no declinó su posición combativa. Puede ser que con esa controvertida decisión, González haya abierto otra alternativa en una confrontación desigual en la que, por cierto, estaba en juego su vida.
En la lucha política hay flujos y reflujos, “un paso adelante y dos atrás” sostenía Lenin. Maduro sigue deslegitimándose. Seguir ejerciendo el poder en esas condiciones, sin el apoyo del pueblo y con una economía devastada, con la reprobación de la comunidad internacional, le puede llevar a ser otro dictadorzuelo como lo está afianzando Daniel Ortega en Nicaragua con una nueva Constitución.
Maduro ha optado por la política de la simulación y el chantaje. No quiere dar su brazo a torcer, no le interesa salvar a Venezuela de un conflicto de dolor y sufrimiento, como define Edmundo González a la crisis venezolana. La victoria de González no solo es electoral, sino propositiva. Él marca una senda que concuerda con los anhelos de Venezuela, de la región y del mundo democrático. Maduro, en cambio, si no cede, estaría optando por una alternativa autoritaria, basada en la violencia, con un alto costo humano, político e ideológico.
La posición de Brasil, Colombia y España, y de la comunidad internacional muestra un consenso suprapartidista; revela que en la izquierda hay matices y que en el centro y la. derecha caben aproximaciones tácticas. El caso de Uruguay es un ejemplo. José Mujica sostiene que la izquierda debe aprender a jugar respetando las reglas del juego democrático, eso explica su estabilidad y el afianzamiento de la democracia.
La lucha por la democracia exige inteligencia estratégica.

