El plebiscito nos sabe a poco, la justicia se queda corta, el gabinete huele a pescado y la Asamblea es un circo donde crecen los enanos. La agenda de los movimientos sociales y de los partidos políticos se quedó en posición adelantada, sin otro remedio que apoyar la consulta inconsulta; mientras los ciudadanos comunes catalizamos la frustración cotidiana a punta de memes y teorías de la conspiración.
Luego de una década perdida para la democracia participativa, la política ecuatoriana se reduce al principio: “si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada”. Perdemos de vista el carácter sistémico de la corrupción en la niebla del show político. Olvidamos el valor de la organización social ante la oferta de cuánticas voluntades políticas. Aplazamos las luchas esenciales por priorizar las escaramuzas correístas. Aquí estamos, desorientados, al margen de la “realpolitik”, sobreviviendo de limonada, esperando al próximo mesías.

