Uno de los acontecimientos políticos que ha generado gran expectativa en la comunidad internacional en los últimos días ha sido la modificación de la constitución de El Salvador. El cambio de cinco artículos de su carta magna es, para muchos analistas, una estrategia para perpetuarse en el poder e instaurarse de manera ilimitada, lo que constituiría un atentado contra la democracia.
Para muchos salvadoreños, Bukele —un mandatario cuestionado por diversos sectores debido a las medidas que ha implementado en los últimos años— ha devuelto la esperanza a un pueblo que la había perdido. El Salvador era un país marcado por altas tasas de homicidios, dependiente de las remesas y con una industria turística prácticamente inexistente. Sin embargo, hoy esa realidad ha cambiado gracias a las decisiones tomadas por este gobierno, el cual se encuentra actualmente bajo el escrutinio de organismos multilaterales, internacionalistas y sectores democráticos progresistas.
¿Pero realmente esta modificación de la constitución afecta la democracia en El Salvador?
En principio estaría afectando la alternancia del poder y la libre determinación de los ciudadanos para ejercer sus derechos civiles y políticos, según lo establecen pactos y tratados internacionales. Además, incluye dos modificaciones clave: la eliminación del balotaje y la unificación de las elecciones.
Por tanto, sí afectaría la democracia y los sistemas de partidos en El Salvador. Sin embargo, solo el tiempo medirá cuál es el impacto real de este daño a la institucionalidad, principalmente en cuanto a derechos políticos y al debilitamiento de las instituciones democráticas del país, las cuales podrían precarizarse aún más.
Un aspecto importante es que para el común de los ciudadanos salvadoreños, las medidas gubernamentales han resultado efectivas hasta el día de hoy. Observan cómo su país resurge de las cenizas, razón por la cual apoyan esta decisión y muestran una predisposición favorable hacia estos cambios constitucionales.
El fenómeno de las democracias híbridas
Sin embargo, debemos entender que cuando existe un vacío real de poder en las instituciones del Estado, podrían surgir las llamadas «democracias híbridas», fenómeno que hemos visto desarrollarse en países como Rusia, Turquía y otros casos similares.
Respecto a las reelecciones sin límites, es importante subrayar que instancias como el Comité de Venecia —órgano consultivo del Consejo de Europa en materia constitucional— señalan que deben existir frenos al poder. Esta fórmula se logra a través de la alternancia del poder y no mediante reelecciones ilimitadas, ya que se requiere pluralismo, debate y otros elementos que fortalecen la democracia.
Si bien la democracia no es un sistema perfecto, ha perdurado por siglos y funciona mejor que otros sistemas, aunque siempre se vea amenazada. Lo mismo establecen la Convención Americana sobre Derechos Humanos de la OEA, la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, entre otros documentos internacionales que se pronuncian sobre este escenario.
Lecciones que aprender
Aunque Bukele ha conseguido cambiar la realidad salvadoreña y proyectar internacionalmente a su país, esto no debe ocurrir a costa de la institucionalidad democrática. La experiencia de El Salvador —un país que careció de políticas de Estado consistentes— debe servir de lección para evitar el surgimiento de democracias híbridas: regímenes que combinan elementos democráticos con características autoritarias.
Perú y el resto de América Latina tienen la oportunidad de aprender de este caso para blindar sus sistemas democráticos. El desafío es lograr que las transformaciones positivas y los procesos reformistas se consoliden sin sacrificar las instituciones democráticas fundamentales.

