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¿Por qué se echan el muerto?

milagros

 

Mientras Luisa González reconocía con decencia el triunfo de su oponente, Daniel Noboa, en las elecciones en Ecuador en sus primeras declaraciones, el ex presidente Correa escribía ese triste mensaje en la red social X, el pasado 15 de octubre de 2023: Patria querida, Patria Grande: Esta vez no lo logramos. Enfrentamos poderes enormes. Hasta se asesinó a un candidato para evitar nuestra victoria. La traición de Lenín Moreno sigue causando estragos, pero que nadie dude de que, al final, Ecuador volverá a la senda del desarrollo e integración latinoamericana. ¡Hasta la victoria siempre!
“Hasta se asesinó a un candidato para evitar nuestra victoria
.  ¿En serio? El trágico y terrible asesinato del candidato Fernando Villavicencio usado para justificar la pérdida electoral. Cero autocrítica. Y una grave acusación. “Se asesinó” ¿quién? ¿quiénes? ¿por qué? ¿A quiénes está acusando?

Las preguntas sobre el asesinato siguen pendientes y al parecer, seguirán por mucho tiempo hasta que, algún día (ojalá) actúe la justicia. Pero lo que resulta abominable y aberrante ya es que se tiren el muerto entre correístas y anticorreístas. 

Fernando Villavicencio, efectivamente, tuvo muchos  enemigos y esos enemigos tienen que ver con sus múltiples denuncias; políticos, empresarios, petroleros, funcionarios, policías, gentes vinculadas con el narcotráfico. Seguramente están en el listado de sospechosos aunque seguramente no todos serían capaces de ordenar un asesinato. Villavicencio combatió al correísmo y a la corrupción. Cierto.

Jugar con tirarse el muerto parece una impudicia. Lanzarse acusaciones mútuas entre correístas y anticorreístas sobre quien ordenó esa muerte lo único que hace es empañar la investigación, cubrir con la espesa niebla de la incertidumbre la verdad, distraer y dejar sembradas en la opinión pública ideas sin pruebas ni certezas

Y probablemente, en este mundo de intrigas, voltear a verlos apenas se vivieron los terribles momentos del crimen, era casi, un reflejo condicionado. Alguien no quería a Villavicencio en el escenario electoral. Y mientras anticorreístas o el círculo más cercano al candidato, ponían el dedo acusador sobre sus enemigos políticos, los correístas daban la vuelta a la tortilla. Basta ver las redes sociales de algunos de ellos que, con información aparentemente privilegiada, no solo que señalaban al gobierno de Lasso  sino a otros actores políticos: desde María Paula Romo hasta el círculo más cercano a Villavicencio, como Christian Zurita o Martha Roldós, sus colegas y amigos.

Correístas y anticorreístas, se han acusado mutuamente de relaciones con el narcotráfico (que si mafias albanesas, mexicanas, colombianas o de quien sabe dónde). En lugar de partidos políticos, carteles enfrentados en el lumpen mundo de la política nacional.

Jugar con tirarse el muerto parece una impudicia. Lanzarse acusaciones mútuas entre correístas y anticorreístas sobre quien ordenó esa muerte lo único que hace es empañar la investigación, cubrir con la espesa niebla de la incertidumbre la verdad, distraer y dejar sembradas en la opinión pública ideas sin pruebas ni certezas. Esa siembra de ideas es parte de esa detestable forma de hacer política que nos ha llevado a donde estamos: la venganza, el odio, el ojo por ojo, diente por diente, el ajuste de cuentas. Ojalá algún día podamos salir de eso.

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