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Qué quieren los golpistas

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Se sospechaba que, desde el primer día de su gobierno, el presidente Lasso tendría que enfrentarse a grupos sostenidos en un férreo esfuerzo destinado a derrocarlo de manera constitucional. 

Eligieron, ya no el burdo golpe de golpe de Estado apoyado en los militares. Se fueron por el camino de la ley y hasta de la misma democracia: declararlo incompetente para gobernar: incapacidad personal para ejercerla presidencia de la república.

¿Y quiénes lo acusan con semejante razón? Como era de esperar. no son sus reales enemigos políticos. No. Son sus antiguos amigos políticos. Y personales. Aquellos que, desde el primer día de gobierno se colocaron tras bastidores guardando un gran silencio hasta que llegue ese supuesto momento de su verdad: el momento de la destitución.

Destituirlo por incompetente.

Desde luego, quienes lo dicen son los genios y sabios del país, aquellos ciudadanos especialistas en actuar tras los biombos de la verdad y la ética. Los que, hace mucho tiempo, ya aprendieron a lanzar la piedra y esconder la mano. También aquellos que, cuando han poseído poder político, han hecho de las suyas, al margen de toda razón y toda ética.

Es preciso nombrar a los correístas. ¿Cómo dudar de su espíritu profundamente democrático y justo? ¡Cómo olvidar su discurso e franco y absolutamente comprometido con la defensa de las libertades personales y colectivas de todos los derechos ciudadanos!

Desde luego, a ese líder nadie lo vio rompiendo periódicos, nadie lo escuchó amenazando a los periodistas. Nadie lo vio exigiendo rectificaciones y millonarias sumas de dinero con los cuales quería ayudar a paliar, mas no cicatrizar, las heridas causadas honor. Para él, esos millones no curarían las heridas, pero las harían soportables.

Por desgracia, ese grupo que anhela tomarse el poder, no es ni pequeño ni débil. Todo lo contrario. No solo que posee no solo dinero sino también importantes medios de comunicación a través de los cuales siembra la semilla de la intolerancia, la duda y la insurrección.

No están solos. Los acompañan y sostienen poderes locales y otros que actúan desde el exterior. 

El correísmo no es otra cosa que Correa actuando desde el exterior. A toda costa quiere que uno de los suyos esté ahí, en ese lugar mágico en el que alguien hará que sus males se conviertan en bienes, que haga que sus manos vuelvan a ser limpias como cuando nació. Alguien que lo haga, mágicamente, inocente.

Estos correístas, aliados con ciertos grupos indígenas, se han propuesto tumbar al presidente Lasso para sustituirlo por alguien de sus filas.

Es preciso que el país entero reciba, urgentemente, un baño de democracia. No es ni ético ni democrático que estos grupos, escondidos tras el movimiento indígena, pretendan desbaratar los ordenamientos éticos y políticos del país. 

Sería bueno que los indígenas recuerden ese Ahora ya soy presidente, ya no los necesito. Ante el mal, es bueno acudir a la memoria histórica. Ella nos salva.

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