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¡Por fin buenas noticias!

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Dos informaciones me alegraron el domingo pasado: el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva, por sobre el candidato Flavio Bolsonaro, y el regreso de María Corina Machado a su patria.

La primera la recibí sobre todo por percibirla como un triunfo, fruto de la efectiva participación ciudadana en los comicios presidenciales, por medio de campañas de convocatoria, por las redes sociales. Al fin mensajes que no difundieron noticias falsas o mensajes anodinos y reenviados decenas de veces. Por fin una expresión de participación ciudadana auténtica, espontánea y libre. No como la que proviene de esos organismos espurios como son los herederos del chavismo-correísmo.

Fueron millones de brasileños, de las más variadas proveniencias socioeconómicas y de pensamientos políticos diversos los que vencieron la abulia del negativismo que solo atina a anular; la comodidad del votar en blanco, o la pereza para no asistir a las urnas. Fueron esos ciudadanos en libre ejercicio de sus derechos políticos y de participación los que cambiaron el destino de ese país tan bello como complejo.

Por añadidura, el éxito fue reconocido por sus colegas latinoamericanos de las distintas orientaciones ideológicas. Su reconocimiento mostró que puede haber otros criterios en las relaciones internacionales, por fuera de la polarización.

No he olvidado que Lula fue uno de los fundadores del Foro de Sâo Paulo y que incurrió en actos de corrupción en el caso Odebrecht y la operación lava jato. Y que, aunque fue condenado a prisión, luego fue anulada su condena. No contemporizo con esta realidad, en modo alguno, pero tampoco puedo negar sus posiciones de gobernante moderado, sin altisonancias, dialogante y capaz de llegar a acuerdos con sus adversarios. Esto lo coloca en las antípodas de la gestión de algunos que hoy quieren medrar con su victoria, para ver si algo de esta les llega y les depura.

Además, es positiva la supervivencia de la diversidad en los dos poderes del estado:  el parlamento estará integrado por una mayoría opositora al gobernante electo, lo cual garantiza el control político y el balance de pesos y contrapesos en el ejercicio del poder del estado. Estas son, en efecto, características de la democracia, entre otras.

El regreso de Machado a su tierra, es otra noticia muy satisfactoria, pues evidencia las posibilidades de avanzar en la transición hacia la democracia, conforme la realidad actual permite a Venezuela. Su presencia probablemente acelerará este proceso. El hecho de que la actual dictadora, Delcy Rodríguez, y su aliado Diosdado Cabello no se hayan atrevido a arrestar a María Corina revela que no pueden desconocer el liderazgo de Machado, ni ignorar la voluntad ciudadana por alcanzar en un futuro elecciones libres, transparentes y respetuosas de la voluntad popular. ¿Cuándo?  Es difícil aventurar fechas.  Podría ser que demoren, pero también que nos sorprendamos de que se realicen en fechas cercanas.

Me alegro por ambos pueblos. Sus decisiones y esperanzas están siendo respetadas.  Y esto también es la democracia.

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