El correísmo obtuso se ha convertido en el mejor estratega de campaña del presidente Noboa. Por torpeza o por cinismo. Al paso que van le asegurarán la reelección en 2025.
Torpeza de quienes aún siguen convencidos del “proyecto”. Como las sumisas y alharaquientas operadoras del caudillo prófugo en la Asamblea Nacional. No solo son capaces de atropellar la ley y la ética pública, sino que no tienen el más mínimo empacho en tirar por los suelos su imagen personal. Poco les importa aparecer como legisladoras que han hecho de la ignorancia y la ramplonería sus principales argumentos.
Cinismo de quienes saben lo que quieren y que mueven por debajo los hilos del poder. En ese grupo constan los jerarcas del antiguo partido verde-flex que aprendieron a hacer jugosos negocios con la derecha empresarial. Durante tres meses ordenaron a sus subordinados en la Asamblea Nacional aprobarle al gobierno un paquete de leyes absolutamente contrarias al interés general. Hoy han refrendado esa alianza política parea tomarse la justicia. Como se hizo costumbre desde la época de León Febres Cordero, será en los tribunales de bolsillo donde se diriman los intereses de los grupos de poder. Y que la esfera de la política quede de adorno.
La principal deficiencia de los correístas es su auto-referencialidad, un elemento del cual Daniel Noboa está sacando mucho provecho. No se dan cuenta que el vertiginoso deterioro de su imagen sirve de reactivo para que el gobierno gane o recupere terreno. Cada escándalo de corrupción que se destapa, o cada chanchullo que involucra a cuadros y dirigentes de la revolución ciudadana, legitiman el discurso oficial y relativizan las irregularidades cometidas por el gobierno. En tierra de ciegos el tuerto es rey.
En política, las coincidencias no son casuales. El último amarre entre el gobierno y los correístas para designar al nuevo presidente del Consejo de la Judicatura tiene alcances que todavía es difícil anticipar, pero que más temprano que tarde saldrán a la luz. Sobre todo, cuando empiecen a proliferar las sentencias truchas en los juicios escabrosos.
La corrupción de la justicia, promovida por Rafael Correa con su célebre metida de mano, es un esquema del que todos quieren ser subsidiarios. Con el destape de los últimos casos de corrupción judicial, lo que queda en claro es que los involucrados en el reparto perdieron todo pudor. Las revelaciones son obscenas: tráfico descarado de influencias, tarifario para las sentencias, coimas a diestra y siniestra, encubrimiento mutuo de los poderes fácticos para mantener el esquema. Todo con la venia y la hipocresía de las principales fuerzas políticas del país. En público se dicen vela verde, pero en privado andan cogiditas de la mano.
Así, el cinismo político navega con patente de corso por las fétidas aguas de la democracia ecuatoriana.
Julio 11, 2024

