Fernando Santos Alvite, ministro de Energía, en una reciente declaración pública, al referirse a la grave crisis energética que afronta el Ecuador y que hoy -luego de 13 años- tiene al país de vuelta con los apagones (o como burlonamente ahora se lo trata de disfrazar semánticamente, llamándolo plan de ahorro programado), suelto de huesos y sin sonrojarse siquiera, afirmó: ‘…así es la vida, llena de accidentes, no se pudo prever la intensidad de esta crisis, lamento muchísimo, lo que vamos a tratar es de minimizar el tiempo que dure…’.
De esa manera, el secretario de Estado, no sólo que no reconoce la responsabilidad del actual gobierno en la generación de un problema provocado –en el tiempo- por la falta de inversión en el sector y, desde luego, por la ausencia de mantenimiento del parque termoeléctrico (necesario en épocas de menor producción de energía hidroeléctrica debido al estiaje), lo que determinará enormes pérdidas para el aparato productivo nacional, agravando con ello las pobres estimaciones de crecimiento del PIB, así como los niveles de competitividad, como resultado del uso de una energía escasa, mucho más cara y contaminante.
Lo sucedido con el ministro de Energía, en realidad se ajusta a un patrón de comportamiento en el actual régimen en cuanto a mirar para otro lado y evadir responsabilidades, tratando de buscar culpables por fuera y mirando compulsivamente por el espejo retrovisor.
En este punto, vale recoger la curiosa declaración del ex ministro de Energía, René Ortíz, para quien los apagones tienen su explicación en el hecho que ‘Colombia no quiso vender energía por motivos políticos y el estiaje se adelantó’. Para rebatir tan deleznable argumento basta referirse a la reciente decisión del presidente Gustavo Petro, de proveer 450 megavatios de energía eléctrica al Ecuador y aportar, de esa manera, a la solución de una insatisfecha demanda de energía.
Nos encontramos frente a un gobierno que está de salida y que, al parecer, no le interesa recoger la crítica y menos corregir los errores, que le permitan mejorar en algo su desdibujada imagen (CID Gallup coloca a los presidentes Guillermo Lasso y Dina Boluarte en el último escalón de las preferencias, con apenas un 13% de aceptación de sus respectivas comunidades).
Tanto es así que, por ejemplo, a pesar que la inseguridad crece cada día y coloca al Ecuador como uno de los países más violentos de la región, se llegó a condecorar a un criticado secretario nacional de Seguridad Pública, así como al ministro del Interior, lo cual constituye una bofetada para todo un pueblo que sufre las consecuencias del paupérrimo accionar de servidores públicos que no entendieron su función.
Mientras tanto, los apagones y sus costes son una dura realidad que el ciudadano de a pie terminará pagando por la falta de previsión de un gobierno saliente que ahora mismo debe laborar en medio de la oscuridad, lo que implica que estamos ante una autoridad sin brillo, carente de energía, que no ofrece luz…

