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La ventana de Overton

En los años 90, Joseph Overton, politólogo estadounidense, creó un concepto, el de la ventana, en donde entran y salen ideas que parecen inaceptables pero que en medida que se imponen terminan siendo asumidas por el discurso político. Con el desarrollo de la comunicación a través de las redes sociales en esa ventana de ideas, se produce un desplazamiento veloz y tenebroso de ideas originadas en minorías que provocan gran ruido. En teoría, esa ventana, como mecanismo de comunicación política, lograba desplazar las ideas extremas y radicales. Pero, con la capacidad que tiene cualquier ígnaro, depravado, extremista con seguidores, puede desatar cualquier idea estúpida y lograr que se normalice. Es cuestión de decirla y garantizar la réplica para que lo que aparece inaceptable, empieza a discutirse, se convierta en popular y políticamente correcto.

La politóloga alemana Elizabeth Neumann desarrolló el concepto de la “espiral del silencio”. Esto es, que las personas, aunque tengan razón, prefieran guardarse sus opiniones por no parecer impopulares y contravenir, por miedo, el discurso hegemónico. En psicología se conoce al efecto Dunning-Kruger, como el resultado del silencio del que sabe frente al alboroto del ignorante, que es quien habla más fuerte en las redes sociales.

En 1998 se cometió en crimen atroz en Wyoming. Un estudiante gay fue torturado y abandonado hasta que murió luego de horas de agonía. Sus asesinos fueron encarcelados. Esta tragedia provocó una reacción nacional de rechazo. Mediante las redes sociales, que tenían aún incipiente desarrollo, se provocó una convocatoria a vigilias en todo el país. El tema  de que la preferencia sexual no puede ser motivo de agresiones y de penalización había asomado dentro de la ventana. Rememorando esta atrocidad el presidente Clinton calificó la conducta de los asesinos de «acto de odio».  Entró al debate el respeto a las opciones sexuales y las sanciones especiales a los crímenes en contra de quienes son víctimas de la discriminación, vejaciones físicas y psicológicas. Se trató de una razón fundamental: la dignidad de la persona humana y el respeto que nos debemos en tal condición. Las legislaciones cambiaron y mucho de los prejuicios se han ido diluyendo, no obstante persisten nociones anacrónicas, sobre todo en países teocráticos, que son impermeables a las sensibilidades racionales de occidente. Este, es un caso de efecto positivo y constructivo de aquellos temas que ocultos, parecían inaceptables, pero que avanzan hacia la categoría de aceptables.

La «espiral del silencio» consiste en que las personas, aunque tengan razón, prefieren guardarse sus opiniones por no parecer impopulares y contravenir, por miedo, el discurso hegemónico.

Sin embargo, muchos otros temas pretenden colarse dentro de la misma racionalidad que acompañó y acompaña la noción de respeto a cualquier decisión individual que racionalmente tome una persona. Una eurodiputada española, radical y vocera del feminismo marxista, alienta el sexo temprano, “follen” a cualquier edad y con quien quieran, dice. Mensaje que sostienen las voceras del aborto libre y gratuito y quienes prefieren llamar a la pedofilia, opción sexual y no depravación abominable. Están los llamados “colectivos”, que son minorías mínimas con el desparpajo suficiente para gritar con fuerza en redes sociales, que reprochan el consumo de gallinas porque son violadas por los gallos dicen. O sea, sostienen que las aves no han expresado consentimiento de ser pisadas. En “Science Po” que es el Instituto de estudios políticos de París, han instaurado ochenta materias en las que se niega que el género tenga relación con el sexo biológico y cuando se intentó instaurar dos clase en las que se desarrollaba el estudios de género ligados al sexo biológico, fueron eliminadas por la presión del feminismos radical. La izquierda, encaramada en las entidades multilaterales, legislan y crean doctrinas para convencer que el concepto «mujer» es una construcción cultural y que es suficiente la autopercepción subjetiva para tener una definición objetiva de género. Lo que podría caber dentro del principio de respeto a la autonomía de la persona, no obstante la arremetida cultural va más a fondo; hacia cambiar leyes, cambiar lenguaje, cambiar las certeza de la identidad de las personas.

El resto de la sociedad, que es la mayoría, observamos con asombro lo demencial de esta agenda que es sin duda «ideología» (sistema de creencias) que se impone frente a la «espiral del silencio» por temor a las agresiones de furibundas de navegantes en redes sociales que blanden espadas como cruzadas de tales causas. Feminismo radical que no promueve la igualdad, sino la discriminación positiva, dentro de un discurso político de izquierda que culpa al capitalismo de la preeminencia masculina (??).

La arremetida cultural va más a fondo: hacia cambiar leyes, cambiar lenguajes, cambiar las certeza de la identidad de las personas. El resto de la sociedad, que es la mayoría, observa con asombro lo demencial de esta agenda que es sin duda «ideología» (sistema de creencias), que se impone frente a la «espiral del silencio» por temor a las agresiones de furibundas de navegantes de redes sociales que blanden espadas como cruzadas de tales causas. Feminismo radical que no promueve la igualdad, sino la discriminación positiva, dentro de un discurso político de izquierda que culpa al capitalismo de la preeminencia masculina (??).

Las supuestamente instruidas élites académicas de las mas prestigiosas universidades norteamericanas han desfilado rindiendo cuentas ante comisiones del Senado, en relación con el discurso de odio y acciones violentas de sus estudiantes contra judíos, en defensa de Palestina. En esos claustros, el discurso hegemónico contra Israel se convirtió en políticamente correcto, lo que llevó a que sus autoridades no actúen para reprimir la violencia. En la ventana, algo inaceptable, el de la violencia y discriminación contra estudiantes por solo ser judíos, se convirtió en aceptable. Además, todo rodeado de un aroma de ignorancia. Las autoridades académicas optaron por «la espiral del silencio», petrificadas por el riesgo de recibir el contragolpe de quienes coparon el debate con su irracionalidad. 

Se ha convertido en dogma el cambio climático. Grandes contribuciones de «colectivos» y el soporte de las entidades multilaterales en las que se burocratiza la izquierda, tienen a su abanderada, Greta Thumberg. El tremendismo acompaña a la denuncia de que el mundo camina a la destrucción. Al Gore, pronosticó que ya debió haberse hundido Miami y Nueva York en las aguas del Atlántico, por el deshielo polar. Se anunció el fin del mundo cuando en los cielos de Chile se abrió un boquete en la capa de ozono. El tema amplio de la polución y efectos ambientales también se ha convertido en causa de la extrema izquierda que culpa al capitalismo. Y en esa lógica, atacan la producción, el consumo y todas las facilidades que el desarrollo de la tecnología brindan para mejorar la calidad de vida. Esa tendencia copa el debate y extrema las soluciones. Muchos científicos, a veces temerosos, aportan con nociones diferentes respecto a este supuesto cambio climático; para ser severamente perseguidos por las voces hegemónicas que llenan la «ventana».

Se ha llamado «cultura de la cancelación» a la forma en que los dueños de verdad y profetas de las causas de la modernidad, controlan el debate de todos estos temas. Algunos salen de la espiral del silencio, abombados de que tanto ígnaro pontifica sobre temas que deben ser analizados con sapiencia, racionalidad y evidencias. Toca abandonar la «espiral del silencio» para enfrentar temas que se han colado en la ventana y que amenazan valores básicos de la sociedad occidental. 

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