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La culpa es de la vaca

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Cuando un alcohólico, por ejemplo, decide enfrentar el problema y buscar ayuda necesaria para superar esta enfermedad, es fundamental, como paso inicial dentro del proceso de recuperación, reconocer la existencia de la adicción y a partir de ahí buscar las mejores opciones para superar esta afección que destruye la vida de las personas, de su entorno familiar y del propio tejido social.

Esto es importante tener presente al momento de revisar el discurso oficialista, a propósito de evaluar la precaria situación en la que se encuentra la salud púbica ecuatoriana y su impacto en el deterioro acelerado del bienestar de la población principalmente pobre, amplio sector con menor capacidad económica para acceder, mediante la compra del servicio particular, a esta mercancía dentro de la perversa lógica del mercado que ha cosificado la vida y los propios derechos humanos.

Ya en el año 2025, un ex ministro del ramo de este mismo gobierno, decía —sin sonrojarse siquiera— que la salud no estaba en crisis y que, por lo mismo, no era necesaria una declaratoria de emergencia nacional.

Entonces, es claro que, en esas condiciones de negación recurrente, tal como sucede con un paciente dominado por las adicciones y sus demonios, difícilmente se pueden encontrar salidas u opciones eficientes frente a un servicio público cada vez más desprestigiado y que es incapaz, como resultado de su debilitamiento financiero, de dar respuestas oportunas a la gente que exige atención inmediata de sus justas demandas.

Y ahora que la situación de la salud pública se ha desbordado y está en terapia intensiva —y que por lo mismo— ya no es posible ocultarla debajo de un tapete, las voces provenientes del gobierno, tratan de distribuir culpas a diestra y siniestra. La explicación apunta que el desabastecimiento de medicamentos tendría su explicación en las mafias que han secuestrado las compras públicas; en los servidores que esconden a propósito las medicinas que abarrotan las perchas de los hospitales y dispensarios; o, incluso, a médicos que recetan precisamente las medicinas que no hay en stock con el fin de afectar a este gobierno de cristal. A esto se suman explicaciones de retrasos administrativos en la compra de medicamentos a la India por cuestiones idiomáticas, etc.

Pero nada se dice que, por citar, en la partida 530809, de medicamentos, a julio de 2026, apenas se registraba una ejecución del 38,16%; o que en la partida 530226, de servicios médicos hospitalarios y complementarios, tuvo una ejecución del 13,74%. Y qué decir de la partida de equipos médicos con un marginal 0,19% de ejecución. Y si a esto agregamos la marcada inclinación que existe por parte de los ‘tecnócratas’ para el pago de la deuda externa por sobre la deuda social, quedan claro cuáles son las prioridades del ‘Nuevo Ecuador’.

Por lo mismo, lo que se evidencia es la utilización política del discurso con el que se pretende posicionar la existencia de enemigos reales o, muchas veces, imaginarios a los cuales combatir a fin de distraer la atención ciudadana y de eximir de responsabilidades a un gobierno que no asume ni reconoce sus propios errores y que, en medio de la posverdad, prefiere transferirlos por fuera del Palacio de Carondelet.

Así las cosas, la culpa termina siendo de la vaca. De ahí que es hora de exigir respuestas y, sobre todo, rectificaciones a un régimen que se encuentra desconectado de la realidad.

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