Se lee y escucha que la principal razón de quienes van a votar por el SÍ a una nueva constituyente es que la Constitución del 2008 es correista. Sin embargo, el expresidente Correa de forma enfática, por largo tiempo, y en reiteradas ocasiones antes de la actual coyuntura ha apoyado la convocatoria a una constituyente para reemplazar a la actual Constitución.
De hecho, durante el tiempo de campaña ha sido notorio que Rafael Correa no ha tenido casi ninguna participación electoral para defender la constitución “correista”. Esta actitud anterior y actual demuestra de forma contundente que a Correa en realidad o no le interesa mucho la actual constitución o no se identifica suficientemente con ella, o ambas.
Por supuesto, no se puede negar que el expresidente Correa haya tenido una importante influencia sobre la Constitución de Montecristi. Esa influencia se plasma especialmente en la organización del poder que establece la Constitución. Pero esta parte es justamente la que es posible reformar en la actual Constitución del 2008.
En todo caso es evidente que el actual y casi inexistente apoyo de Rafael Correa al NO, es meramente estratégico. Sus prioridades políticas son otras. En todo caso, si esto es así, tenemos ya una primera razón bastante clara para dudar que la constitución sea tan correista como se dice.
En efecto, durante los largos años del gobierno de Correa muchos sectores de la oposición de izquierda y de derecha la invocaron para frenar los excesos autoritarios. Dirigentes políticos, trabajadores, mujeres, indígenas, educadores, comunicadores, ecologistas, entre otros apelaron a la Constitución del 2008 para defender sus derechos.
Según registros de la correspondiente secretaria, a la constituyente de Montecristi concurrieron alrededor de medio millón de personas. Distintas organizaciones presentaron proyectos integros de Constitución. Esta carta fundamental con todas sus virtudes y defectos no fue aprobada por Rafael Correa sino por 4’722.065 ciudadanos y ciudadanas.
Y es que una Constitución siempre se proyecta más allá de los que tuvieron influencia en su diseño y promulgación, y a veces incluso contra ellos.
De hecho, la Corte Constitucional a partir del 2019 ha fundamentado en la Constitución del 2008 las declaratorias de una serie de decretos, reglamentos y normas legales promulgadas en el gobierno de Correa.
En definitiva no solo que es una simplificación sino una escandalosa mentira que la Constitución del 2008 haya respondido exclusivamente a la voluntad de una persona. Allí concurrieron sectores ideológicos y políticos diversos que incluso tuvieron tensiones, contradicciones y rupturas entre sí, durante y luego de la constituyente. Los estudios serios al respecto identifican al menos tres sectores: uno garantista, enfocado en fortalecer derechos; otro sector que buscó impulsar la participación, y un tercer sector, el híper presidencialista que impulsaba la concentración del poder en el Ejecutivo, esa sí liderada por el expresidente Correa.
Por otra parte, bajo la Constitución del 2008 han gobernado por ocho años presidentes con una tendencia ideológica totalmente distinta, incluso opuesta a la de Correa. ¿Cómo es posible esto? Porque una Constitución establece solo parámetros o marcos generales que no impiden el desarrollo de políticas públicas y, en principio, legislaciones con orientaciones diversas.
Finalmente, es claro que las fuerzas políticas dominantes en la nueva asamblea constituyente serán ADN y la Revolución Ciudadana. Como se requiere dos terceras partes de los votos para aprobar la nueva Constitución, es muy probable que esa asamblea se bloquee por falta de acuerdos o incluso no seria imposible que para aprobar esta constitución se negocie la amnistia del expresidente Correa. Si la Revolución Ciudadana por sí sola llega a tener mayoría en la constituyente, todo puede pasar.
En realidad quien es critico del autoritarismo debe serlo de todo autoritarismo. El abuso, la prepotencia, la violencia arbitraria y fuera de la órbita de la ley y los derechos es siempre negativa, sin importar quién incurra en ello.
Finalmente, y quizá lo más importante, ¿qué es eso del correísmo? ¿Qué es eso de noboísmo?. Estas nociones caudillistas son una rémora tanto para la democracia, para los adherentes como para los críticos de un líder político, a ambos los despersonaliza y evita que se organicen colectiva y democráticamente como opción de poder.
El Ecuador no puede definir su dinámica política e institucional en torno a una persona. Si uno se define como un anti algo queda paradójicamente atrapado, pues se define no por sí mismo, afirmativamente, sino por su oposición, su negación. Su identidad depende justamente de lo que niega.
En conclusión, como podemos ver, es un simplismo más decir que la Constitución es correísta y por eso hay que cambiarla y votar sí. Es solo una frase hueca blandiendo un falso estigma, y que esconde la falta de conocimiento y reflexión o el ocultamiento premeditada de la historia.

