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La comedia nacional

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Qué alivio, perdió Luisa González; ahora toca declararle la oposición a Daniel Noboa”. La frase, digna de un meme, la escuché a poco de conocerse los resultados electorales del pasado domingo. En el fondo, no hace más que reflejar la percepción que tiene una buena parte de la población a propósito del último proceso electoral.

Votar por el menos malo se ha convertido en una costumbre nacional. Y no únicamente porque las nuevas estrategias electorales aniquilan el debate político, sino porque las formas de representación política entraron en crisis hace mucho tiempo. Imágenes hábilmente manejadas terminan reemplazando las propuestas que, se supone, deberían marcar diferencias sustanciales entre dos fuerzas que se disputan las riendas del país.

Al final, lo que queda es una comedia; como la que está representando el correísmo luego de su derrota. Nadie sabe qué creer ni a quién creerle. En lugar de emitir esos mensajes ambiguos y contradictorios, sería más saludable que le declare una oposición seria y responsable al nuevo gobierno. En lugar de coquetear con un eventual acuerdo parlamentario pegado con babas, debería establecer los aspectos de fondo que lo diferencian del futuro régimen. Algo imposible de sostener dada la vaguedad de nuestros partidos y movimientos políticos.

Bastó una invitación pública del alcalde de Guayaquil para que el telón se levante. La idea de juntar a Noboa, Nebot y Correa en un gran acuerdo nacional es, en la práctica, la confirmación de la estrategia que ha puesto en práctica la derecha empresarial desde hace mucho tiempo.

Que la iniciativa provenga de una importante autoridad correísmo (al menos en apariencia) le confiere más fuerza, porque Aquiles Álvarez habla en nombre del principal bloque legislativo en la próxima Asamblea Nacional. Sumadas las tres bancadas tienen todos los ingredientes para la torta. Y para el reparto.

La jugada va a tono con la vieja estrategia del poder respecto de la confrontación política. Ha sido el establishment, y no la lucha social, la que ha asignado identidades a las fuerzas políticas. Por ejemplo, al populismo ramplón y corrupto se le ha etiquetado como de izquierda, con el propósito de validar la arbitraria tesis del péndulo. Supuestamente, la sociedad ecuatoriana oscila entre la derecha y la izquierda, cuando, en realidad, las políticas de Estado mantienen un itinerario único.

Rafael Correa aplicó políticas neoliberales en varios ámbitos de la administración del Estado. Al mismo tiempo, denostaba a sus adversarios políticos con el calificativo de neoliberales, una especie de estigma que encubría una falsa dicotomía. Amnistió y santificó a Alberto Dahik, un personaje cuya presencia en el equipo de Daniel Noboa ha desatado las más estridentes condenas desde el correísmo obtuso. Pactó con Lasso y Nebot para propiciar el fraude contra Yaku Pérez en 2021. No es casual que ahora quiere cogobernar con un conspicuo representante de la oligarquía porteña.

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