Toca darle las gracias al presidente Noboa: con su imprudencia destapó su sinceridad. Mejor dicho, sus verdaderas intenciones. Haber insinuado que con inteligencia artificial (IA) se puede redactar una nueva constitución, y a continuación retractarse, implica lo que en la sicología de barrio se conoce como metedura de pata. Se le chispoteó, como diría el Chavo del 8.
En sicoanálisis, a ese tipo de aturdimiento se lo denomina acto fallido. Es decir, un error en el discurso que refleja una manifestación del inconsciente, un deseo reprimido que, por razones que no viene al caso analizar, sale a la luz el rato menos pensado.
No sería de sorprenderse, entonces, que el gobierno ya cuente con varias versiones de una constitución redactada con IA. Para todos los escenarios imaginables. A fin de cuentas, se trata de un régimen absolutamente sintonizado con las plataformas digitales. Es absurdo suponer que pueda desperdiciar la oportunidad que le ofrece la tecnología informática para alcanzar su más preciado objetivo.
Esta posibilidad, no obstante, no constituye un patrimonio exclusivo del gobierno. Hace rato que la denominada clase política ecuatoriana está llenando sus incorregibles vacíos intelectuales jurídicos y políticos con ChatGPT. Porque no es lógico que funcionarios públicos, legisladores, dirigentes políticos y asesores de distinto pelaje, que hablan en público con faltas de ortografía y espantosos errores gramaticales y de sintaxis, presenten textos medianamente coherentes. No alguien, sino algo, se los debe redactar.
En estas condiciones, la insinuación del presidente de la República no es una advertencia, sino una constatación. La sustitución del pensamiento reflexivo es un proceso que viene acentuándose desde hace varios años, con la novedad de que actualmente las perspectivas son ilimitadas. Daniel Noboa únicamente está anticipando lo que seguramente ocurrirá en caso de instalarse una asamblea constituyente.
Y aquí ingresamos en una dimensión del problema bastante más compleja. ¿Están Noboa y sus adláteres realmente interesados en la refundación jurídica del país, o simplemente están cumpliendo con una formalidad? Porque la constitución actual, a pesar de la difamación de la que ha sido objeto, no ha sido un mayor obstáculo para que el primer mandatario, al igual que todos aquellos que han gobernado el Ecuador desde 2008, impongan su voluntad a troche y moche.
Por eso, precisamente, la disputa hoy no es constitucional ni jurídica, sino política. En otras palabras, no depende de los contenidos de las preguntas, sino de la fuerza con la que la sociedad pueda ponerle un límite a la lógica del poder presidencial. Como hizo Cuenca con la marcha por el agua del 16 de septiembre. O como se puede hacer en las urnas el próximo 16 de noviembre, impidiendo la ciber constitución de Noboa.

