¿Cobardía o error de cálculo? ¿O ambos a la vez? El bochornoso recule del presidente del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, Alembert Vera, se presta para las más ingeniosas interpretaciones. Algunas dignas de una parodia.
¿Qué ocurrió para que este envalentonado personaje, que arrancó sus funciones con el claro propósito de dinamitar la institucionalidad del país acogiendo el libreto impuesto desde Bélgica, terminara desinflándose hasta quedar como ishpapuro con caliche? Mejor dicho, como globo de cumpleaños con hueco.
¿Cobardía? Es muy probable, sobre todo tratándose de alguien con un perfil tan sumiso. Trasponer los límites constitucionales, inclusive para un funcionario de ese nivel, implica un riesgo incalculable. Peor aún con una Corte Constitucional que hasta ahora ha mantenido una postura seria e independiente. Cuando Alembert se dio cuenta de que podía terminar de vuelta al seno paterno, metió retro. Como proclaman los desertores, el que juye vive.
¿Error de cálculo? Es muy posible. Por convicción o por imposición, Alembert se tragó la delirante versión de que Luisa González ganaba en primera vuelta. ¡Qué mejor escenario para atropellar la ley y poner en práctica la agenda de la impunidad! El paso siguiente era descabezar los principales organismos del Estado y colocar en su lugar a los incondicionales militantes del correísmo obtuso.
Pero el fracaso en la primera vuelta, y la probable derrota en la segunda vuelta, obligó a reconsiderar la estrategia. En efecto, para la jerarquía prófuga es preferible quedarse con el CPCCS que perderlo todo. Como dice el dicho, del lobo un pelo… y no cualquier pelo. A fin de cuentas, desde ese organismo es factible continuar intentando cooptar los organismos de control del Estado y disputando cuotas de poder.
Lo que no calcularon los estrategas verde-flex fue que el mensaje implícito en la reculada de su alfil institucional puede ser devastador en términos electorales, porque, inevitablemente, es una aceptación anticipada de la derrota.
En política, sobre todo en momentos electorales, hay que ser extremadamente cauteloso con la interpretación que se derivan de actos, declaraciones y decisiones de los participantes. Achicopalarse en medio de una disputa de ese calibre es un signo imperdonable de flaqueza. El electorado percibe que se retiran antes de terminar diezmados.
¿Se les hizo agua el plan? En gran medida, sí, porque ahora el correísmo obtuso puede quedarse sin pan ni pedazo. A menos que la Corte Constitucional renuncie a su potestad y permita que las arbitrariedades y artimañas de Alembert sigan su curso, el país podrá detener esta impúdica ofensiva y aspirar a una institucionalidad medianamente decente.

