La inestabilidad en la conducción de Petroecuador ha generado alarma en la opinión pública, al cierre del año. Desde el 2023 hasta la fecha, la empresa pública ha tenido siete gerentes generales distintos, ¡siete!, sin contar con el nombramiento más reciente. Con esta rotación constante del liderazgo de Petroecuador, el desempeño del cargo de la máxima autoridad de esta empresa pública ha sido condenado al caldero de la fugacidad, sin más remedio que atender prioritariamente las urgencias, sin mucho margen de gestionar su misión institucional de largo plazo.
Hay historias tangibles. El descenso de la producción petrolera ha sido una de las problemáticas abordadas en diversos foros públicos desde hace varios años. En el 2025, esta preocupación sigue vigente, a pesar de la promesa gubernamental de revertirla con su incremento. De hecho, con los datos actualizados hasta el mes de octubre, este año empieza a perfilarse como el de los resultados más grises.
Según el reporte de Petroecuador del mes de octubre, la producción petrolera tuvo una caída del 9,7%, en comparación con enero-octubre de 2024. Su transporte por el Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) fue también menor en un 12,8%, y su exportación registró igualmente un saldo negativo de menos del 7,4%, en igual período.
La Refinería Esmeraldas continúa con problemas. La explosión de unos tanques de almacenamiento del combustible utilizado en las operaciones del centro refinador, sigue pasando factura a pesar de haber sido reemplazados. Todo ello y más ha terminado en la importación de más productos petrolíferos en un 8,9% con relación a enero-octubre del 2024, al no contar con la suficiente producción nacional de derivados.
¿Cómo llegamos a esta situación? En parte, por la suspensión de las operaciones del SOTE en sectores donde se han presentado interrupciones de sus actividades de bombeo de crudo. Entonces no ha funcionado 34,5 días debido al robo de petróleo, el deslizamiento de tierra y el avance de la erosión regresiva del cauce del río Coca, en el límite provincial entre Napo y Sucumbíos, al punto llevar al Ecuador al borde de un apagón petrolero en julio.
En marzo, Petroecuador paralizó el bombeo de petróleo en el SOTE por 143 horas (5,9 días). Lo hizo para cumplir con trabajos de mantenimiento en un tramo de este oleoducto, tras detectar una toma clandestina, o de robo de petróleo. Suspendió también estas operaciones por el deslizamiento de tierra sobre una parte del oleoducto ubicada en el cantón Quinindé, provincia de Esmeraldas, desplazándola de su ubicación original, provocando el derrame de más de 25 mil barriles de petróleo, con serias consecuencias socio-ambientales en esta localidad.
Por este tipo de sucesos, entre otros, es clara la premura de contar con un liderazgo estable en la Gerencia General de Petroecuador. Solo así será posible coordinar una agenda transformadora de largo plazo.
Las autoridades del Ministerio de Energía atribuyeron la afectación a un sabotaje. Sin embargo, Petroecuador nunca confirmó esta versión, por el contrario, señaló otra causa en uno de sus informes técnicos.
“Debido a las intensas precipitaciones en la región litoral ecuatoriano, se produjo un movimiento de masas, dando como consecuencia el fallo del oleoducto, lo que ocasionó consecuentemente el derrame de crudo por los esteros del sector”, detalló la empresa pública en uno de sus informes técnicos utilizados para justificar la adquisición de geomembrana para la estabilización de taludes del Terminal Marítimo Balao y Derecho de Vía del oleoducto transecuatoriano.
El SOTE suspendió también sus operaciones por 132 horas (5,5 días), en junio, para atender nuevas afectaciones ocasionadas por otro un movimiento de masa.
Y desde 2020, la erosión regresiva ha amenazado la infraestructura de este oleoducto ubicada en el límite provincial entre Napo y Sucumbíos, a causa del fuerte caudal del río Coca, en época invernal. Petroecuador ha elegido alejar a esta infraestructura del borde de este río para protegerla. No obstante, los hechos han demostrado encontrarse aún en una zona de riesgo.
Petroecuador paralizó nuevamente, en julio, las operaciones de transporte de petróleo a través del oleoducto, por 556 horas (23,1 días), mientras construía una nueva variante a causa del avance de la erosión regresiva. Por esta situación, el país dejó de percibir ingresos entre 400-500 millones de dólares, a criterio de la actual Ministra de Economía en un programa digital, por causa de este acontecimiento.
¿Podría haberse evitado este desenlace? Un estudio de 2024 recomendó cambiar el tramo del oleoducto del sitio donde actualmente se encuentra, en el límite provincial de Napo y Sucumbíos. No obstante, hasta la fecha, Petroecuador no ha expuesto las razones técnicas de mantenerlo en una zona donde existe el riesgo latente de una nueva afectación por otro fenómeno natural.
Por este tipo de sucesos, entre otros, es clara la premura de contar con un liderazgo estable en la Gerencia General de Petroecuador. Solo así será posible coordinar una agenda transformadora de largo plazo, superar la lógica de acción frente a urgencias constantes y anticiparse a las amenazas a la operación petrolera del país. No hay tiempo que perder.

