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Los Giles

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En una de las plataformas visuales puede verse La odisea de los giles, un filme argentino dirigido por Sebastián Borensztein y basado en la novela La noche de la usina (Premio Alfaguara 2016) de Eduardo Sacheri. No voy a hablarles de la película, más bien véanla, Les comparto lo que Perlassi, el personaje principal, dice al inicio: “Según el diccionario, Gil es una persona lenta a la que le falta viveza y picardía. Aunque ya sabemos que el laburante (trabajador), el tipo honesto, gente que cumple las normas, termina siendo el sinónimo de gil (…).”

Podría decirse entonces que el mundo se divide en Giles y No-Giles o vivísimos, pícaros. Usaré acá la palabra Gil, así con mayúsculas como categoría más que como adjetivo, aplicable también en esta latitud, porque la mayoría de los ecuatorianos cumplimos la ley, somos honestos y trabajadores. No pocos ecuatorianos siguen la ética de buenos católicos y viven como para ganarse el cielo. Los Giles somos mayoría, muchos siguen multiplicándose y resignándose, mientas los No-Giles, a pesar de ser pocos siguen disfrutando de esas mieses, resultado de los derechos que ellos mismo se han dado al detentar el poder político. Leyes que…  ¡sí, acertó!, van en detrimento de las condiciones de vida de los Giles. Para muestra dos botones: las dos últimas leyes recientemente aprobadas en la Asamblea.

Gracias a la Ley orgánica de integridad pública, se eleva la edad para que ese segmento de Giles, que son los empleados públicos, reciban su compensación por jubilación. Desde esta misma Ley, a aquellos Giles que se asociaban para formar una cooperativa, se les obliga a transformarse en bancos privados, con lo cual, entran bajo las leyes de la poderosa Asociación Bancaria. Con ello el Gil-pequeño-empresario que quiera abrir un negocio no conseguirá fácilmente un préstamo con tasas activas bajas dadas por las cooperativas y no le quedará otra que sufrir al banco. Una ley que beneficia a los banqueros, esos que nunca han sido giles, si no recuerden el año 1999.

Si los Giles nos atrasamos en la declaración de impuestos, ya recibimos una multa, si nos atrasamos en su pago, recibimos una notificación, somos amenazados con la coactiva y fuertes sanciones. Pero en esta misma Ley orgánica de integridad pública hay otro regalo para los No-Giles, para esos pícaros que cada año, sueltos de huesos no pagan impuestos y desde su poder económico alargan procesos administrativos, litigan con el Estado y desgastan al aparato legal del SRI, mientras mueven los hilos de la política para que el gobierno les dé una remisión monetaria, que siempre llega. Esta ley da una nueva remisión (ya Noboa se mandó una el año pasado), un nuevo regalo para esos vivarachos de cuello blanco, entre los que está el para nada gil Álvaro Noboa, el hombre más rico del Ecuador que debe al Estado más de 94 millones de dólares, el padre del presidente, quien a pesar de llamarse Daniel Gilchrist, tampoco tiene ni un pelo de Gil.

Pero no solos los Giles empleados públicos, ni los Giles cooperativos reciben batacazos. La otra ley, la aprobada el 10 de julio con 80 votos, denominada Ley para la Recuperación de Áreas Protegidas y Promoción del Desarrollo Local vulnera los derechos colectivos de los Giles ancestrales. Esta ley da paso a que se privaticen las Áreas Protegidas sin que importe al avispado inversor la existencia de pueblos y nacionalidades indígenas en estas áreas, a quiénes se les vulnera desde esta ley el derecho a la consulta y el consentimiento previo, quedando estos como un texto constitucional sin uso concreto.

Algunos llaman a esta la Ley Lavinia, una ley hecha con dedicatoria desde Daniel Roy Gilchrist Noboa para que su esposa Lavinia pueda, sin molestos comuneros, hacer su complejo habitación en Olón y sus zonas protegidas, además con protección de militares, pues así lo dictamina la Ley de marras. Puede ser en Olón o donde ella quiera, no importa si son territorios indígenas o de aislamiento voluntario. Si no es Lavinia puede ser el inmobiliario Pablo Campana, primo político del presidente o la tía Isabel. Los familiares y amigos del presidente tienen derecho a su propio Mashpi Lodge. La ley les dará el derecho de hacerse concesiones y fideicomisos y no hay en ella mecanismos de control o rendición de cuentas. El “enterpreneur visionario” que entre en áreas protegidas, tampoco tendrán obligaciones de presentar estudios de impacto protección o restauración ambiental.

Así nomás… Siempre se ha dicho que la ley es para el de poncho, los costes son para el Gil y los beneficios para los No-Giles, los sapos. Esos avivatos que dejan caer de su mesa el hueso y las migajas para el disfrute de esos caninos Giles-Felipillos que lacayunamente les aprueban sus Leyes en la Asamblea Nacional.

“.. Pero un día el abuso al que estamos acostumbrados los Giles se convierte en una verdadera patada en los dientes. Y uno dice ¡basta!”. Así concluye Perlassi su diálogo introductorio en la película. ¿Cuándo los Giles ecuatorianos diremos basta?

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