La consulta había terminado. El diagnóstico también. Solo faltaba retirar el medicamento.
—No hay —le dijeron en la farmacia del hospital—. Regrese la próxima semana.
Para quien vive con una enfermedad crónica, esa espera no siempre es una opción.
Es una escena que se repite a diario en Ecuador.
En ese contexto, el Gobierno anunció la Décima Segunda Revisión del Cuadro Nacional de Medicamentos Básicos, que incorpora 18 nuevos principios activos y eleva el total de 494 a 512, con énfasis en tratamientos oncológicos y otras patologías priorizadas. Se trata, sin duda, de una actualización técnicamente necesaria. Pero deja una pregunta inevitable: ¿habrá medicamentos?
Para un paciente, un medicamento no existe porque figure en un documento oficial. Existe cuando llega a la farmacia del hospital y puede recibirlo. Esa es la diferencia entre la disponibilidad normativa y el acceso efectivo.
El Cuadro Nacional de Medicamentos Básicos es un instrumento esencial. Define los medicamentos que el sistema público debe garantizar y orienta los procesos de compra. Sin embargo, ampliar un listado no asegura que esos medicamentos lleguen al paciente. Entre la norma y la atención existe una cadena de planificación, financiamiento, contratación, abastecimiento y distribución. Si uno de esos eslabones falla, el derecho reconocido en el papel desaparece en la práctica.
El propio Ministerio de Salud Pública reconoce que el abastecimiento de medicamentos en los hospitales públicos ronda el 60 %. Ese dato revela que el desafío no es únicamente ampliar el Cuadro Nacional de Medicamentos Básicos, sino garantizar que los medicamentos lleguen efectivamente a los pacientes. El problema, por tanto, no es cuántos medicamentos incorpora el cuadro nacional, sino cuántos están disponibles cuando un médico los prescribe.
Desde esa perspectiva, incorporar 18 nuevos principios activos plantea una pregunta legítima. Si el sistema aún no logra abastecer de forma sostenida los medicamentos ya incluidos, ¿cómo garantizará el acceso oportuno a un catálogo más amplio? La actualización del cuadro no es el problema; el desafío es acompañarla con mayor capacidad de gestión, presupuesto, compras eficientes y logística.
Las políticas públicas no fracasan por falta de documentos técnicos. Fracasan cuando los documentos sustituyen a los resultados. En salud existe la tendencia a presentar un nuevo plan, una nueva política o una nueva norma como si el anuncio equivaliera al resultado. Pero los pacientes no viven las políticas públicas en los comunicados oficiales. Las viven en la consulta, en la farmacia y en la posibilidad real de continuar su tratamiento.
La actualización del Cuadro Nacional de Medicamentos Básicos merece reconocerse como un avance técnico. Lo que no puede hacerse es confundir ese avance con un resultado sanitario. El éxito no se medirá por haber pasado de 494 a 512 principios activos, sino por reducir el desabastecimiento, garantizar la continuidad de los tratamientos y disminuir el gasto de bolsillo de las familias que hoy deben comprar medicamentos que el sistema público no logra entregar.
Gobernar no consiste únicamente en producir anuncios; consiste en producir resultados. En salud, ningún paciente se cura con un listado, un acuerdo ministerial o un comunicado oficial. Se cura cuando el medicamento está disponible en la farmacia del hospital, el día que lo necesita.
Mientras esa realidad no cambie, la pregunta seguirá siendo la misma: hay nuevos medicamentos. ¿Habrá medicamentos?

