Los Juegos Olímpicos París 2024 cerraron el telón tras 16 días de intensas e inolvidables competencias, las cuales reunieron a lo más selecto del deporte mundial, agrupado en sus diferentes disciplinas. Al final, Estados Unidos, China, Japón, Australia, Francia, Países Bajos, Gran Bretaña, República de Corea, Italia y Alemania, en su orden, encabezaron el ‘top ten’ del medallero, lo cual refrenda el dominio de esas naciones en especialidades como el atletismo y natación (EE.UU.); halterofilia, saltos, tenis de mesa y tiro (China); lucha, judo y gimnasia artística (Japón), entre otros.
Hemos de coincidir que el deporte no solo representa un importante factor de socialización, sino también un elemento diferenciador entre los países, en tanto confiere, en términos prácticos y simbólicos, poder y prestigio a los Estados que logran conseguir una presea y mejor si es dorada.
Para el Ecuador, los Juegos Olímpicos 2024 resultaron todo un éxito al ubicarse en la posición 49, lo cual lo coloca meritoriamente por detrás de Brasil y Cuba, dentro de la región. En resumen: una medalla de oro, dos de plata y dos de bronce, así como seis diplomas olímpicos dejan en claro la calidad de nuestros atletas a nivel mundial, valga mencionar a Daniel Pintado, Glenda Morejón, Lucía Yépez, Angie Palacios, Neisi Dajomes, María José Palacios, Gerlon Congo, Luisa Valverde, Lisseth Ayoví y Génesis Reasco, así como toda un grupo humano de ecuatorianos que por el solo hecho de haber alcanzado una marca para asistir a esa cita mundial, ya los convierte en súper atletas con una gran capacidad para superar límites y ser fuente de permanente motivación para una niñez y juventud deseosa de cumplir también sus sueños, con base en disciplina, trabajo y esfuerzo diario.
Pero hay que dejar en claro que el deporte también está conectado con la política y su uso, muchas veces retorcido, en tanto se lo emplee como elemento distractor frente a los graves problemas que aquejan a la población, pues cuando se brinda ‘espectáculo’ se logra desconectar, o al menos adormecer, la conciencia de la gente con relación a sus condiciones de pobreza y miseria.
Es evidente que el triunfo de los ecuatorianos en París es una victoria que tiene mucho (quizá casi todo) del componente personal y familiar. Se trata de toda una vida dedicada a practicar un deporte hasta llegar a su completo dominio, pero en la sombra, detrás de las cámaras y lejos de los micrófonos (tan apetecidos por los polítiqueros). Es indiscutible que detrás de una medalla olímpica, en el caso ecuatoriano, están años de privaciones, sufrimientos, lágrimas y decepciones como resultado de la falta de indumentaria, calzado, alimentación, apoyo médico y psicológico, así como de carencias en lo económico para entrenar en centros de alto rendimiento en el exterior.
Por eso mismo, no cabe que el Gobierno y las federaciones deportivas traten de embarcarse en la camioneta del triunfo. Muchas veces, desde las instancias burocráticas, lo único que reciben los deportistas son maltratos, obstáculos y negativas que se tratan de justificar con la frase: ‘no hay presupuesto’ lo que equivale a propinarles una sonora bofetada.
El Ecuador recibe a sus gladiadores (as) con los brazos abiertos y con el reconocimiento de un pueblo que vio cómo sus humildes hijos flamearon el tricolor nacional por lo más alto del cielo parisino.

