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Guerras, mentiras y algoritmos

juan-cuvi

La guerra contra Irán es indecente, obscena, impresentable. No solo porque viola el derecho internacional y todas las normas de convivencia civilizada, sino porque está a punto de provocar una crisis de seguridad, económica, energética y financiera de proporciones incalculables. Los fanáticos de las teorías apocalípticas se están frotando las manos a propósito de la posibilidad de una tercera guerra mundial.

Pero hay un elemento aún más desconcertante que la atropellada ofensiva militar promovida por Donald Trump: cómo un discurso elemental, ramplón y ordinario logra imponer la agenda política global. Las explicaciones y justificaciones que el presidente gringo da a sus actos son de una insipidez que abochorna. Sin embargo, todo el mundo está pendiente de lo que diga.

La crisis de la democracia que arrastramos desde hace varios años tiene su manifestación más cruda y desalentadora en la pasividad social. En otras épocas, por menos de lo que ha hecho Trump las calles estarían repletas de manifestantes. Y las fuerzas democráticas estarían convocando a la ciudadanía a reaccionar con iniciativas y acciones contundentes. Hoy, la indignación colectiva se da por satisfecha con millones de mensajes en las redes sociales.

El peso de la tecnología informática es tan abrumador que casi nadie se da cuenta de sus efectos ni de su lógica. La manipulación de la comunicación desde los centros de poder mundial se ha vuelto tan efectiva que no es necesario falsificar la información; simplemente, nos direccionan hacia el consumo de segmentos específicos de mensajes. Los algoritmos tienen la capacidad de reproducir y distribuir paquetes informativos casi personalizados. Por eso, precisamente, no sabemos si Estados Unidos está ganando o perdiendo la guerra con Irán. Porque cada cual tiene su versión particular de los hechos.

En este contexto de total confusión e incertidumbre, la retórica chabacana de Donald Trump tiene la virtud de relativizar la realidad. Como Cantinflas (aunque sin la genialidad del mexicano). Todos asienten, pero nadie entiende. Trump improvisa, se contradice y se retracta al calor de los micrófonos. Sin ningún empacho y sin que nadie se atreva a contradecirle.

¿Qué explica esta especie de alienación generalizada de gran parte de la humanidad? En concreto, que la realidad virtual a la que nos ha conducido la digitalización de todas las esferas de la vida se impone. Si la inteligencia artificial puede crear mundos paralelos absolutamente creíbles, ¿por qué Donald Trump no puede afirmar que Irán es una amenaza nuclear, aunque las evidencias lo desmientan? ¿O que la jerarquía cubana está negociando un exilio dorado? ¿O que quiere llevar la democracia a Venezuela? En fin.

 

Marzo 13, 2026

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