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Galápagos en clave Dervez

Querido Eugenio:

Sea verdad o un tema de photo shop, la noticia que ha circulado estos días de tu presencia en Galápagos, que es una joya del mundo y orgullo para los ecuatorianos, me parece un momento inigualable para escribirte y contarte, una historia que nadie sabe, nadie supo, como diría el Lonje Moco.

Empezaré contándote que la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió casualmente este 3 de julio, la Opinión Consultiva OC-32/25, (con efecto vinculante para Ecuador) donde insta a proteger los ecosistemas insulares y actuar frente al cambio climático, fortaleciendo lo que en la Constitución ecuatoriana es una norma: la naturaleza es sujeto de derechos y tiene un valor intrínseco que debe ser conservado, respetado, garantizado.

En estas obligaciones, no solo los Estados sino los ciudadanos tenemos un papel importantísimo. Y he aquí la razón principal por la que te escribo en clave de tus personajes y en clave de naturaleza.

Me ahorcó, ¡óigame!

El turismo, aun cuando es la principal fuente de ingresos para los galapagueños y muchos empresarios, es a la vez la principal fuente de contaminación y amenaza al medio ambiente. En el país, ese tema es una tarea preocupante y aún pendiente, y tal como van las cosas el incremento sin planificación podría empezar a compararse con los efectos que tuvo en Acapulco o Cancún.

Aunque en 2024 la cifra cayó un 15% comparada con la gigantesca de 330.000 visitantes del 2023, estudios proyectan que para 2042 el archipiélago podría superar el millón de turistas anuales, lo que pondría en jaque su sostenibilidad ecológica y ni qué decir de la gigantesca huella de carbono que esos miles de vuelos implican. Este crecimiento ha generado impactos ya visibles: playas como Tortuga Bay en la isla Santa Cruz y Bahía Tijeretas en la isla San Cristóbal han sido saturadas por visitantes. Hay otros sitios más prístinos en la Isla Española, por ejemplo, donde el comportamiento de especies como lobos marinos, piqueros de patas azules y fragatas han sufrido cambios.

Además, el turismo masivo ha contribuido a la introducción de especies invasoras (gatos, ratas, moscas), contaminación hídrica y presión sobre zonas de anidación.

Aunque existen campañas de mitigación, se tiene bajo siete llaves la cifra oficial de capacidad de carga turística, y el modelo actual sigue priorizando el ingreso económico sobre la conservación. La amenaza de que ahorquemos a las islas es real y creciente, tal como nos refiere Eloi Gamenó, tu personaje.

Armando Hoyos y su definición de copropiedad

El filósofo Armando Hoyos, al definir la copropiedad como: “misericordia por los excrementos”, describe de manera magistral el comportamiento de las autoridades locales de Galápagos respecto de los sistemas de tratamiento de aguas servidas, agua potable y alcantarillado. Sobre todo de los alcaldes de las anteriores administraciones que han sido  copropiadosos y a los que les vendría de perlas decirles como Federica a Ludovico:  ¡me engañaste desgraciado!

El monitoreo de 66 sitios en las tres islas principales detectó altas concentraciones de nitratos, amonio y bacterias fecales además de arrojar de manera directa y cruda al mar esos cuerpos extraños que los contienen y flotan en los excusados.

Sí, ¡qué desagradable!, y proviene de un estudio reciente del Instituto Nacional de Biodiversidad (INABIO) y la Escuela Politécnica del Litoral (ESPOL), el cual reveló que en Santa Cruz, Isabela y Floreana, el 39% de los sitios monitoreados presenta contaminación por aguas residuales, coliformes fecales y Escherichia coli, incluso en fuentes de agua subterránea y embalses. Esto se debe a la falta de alcantarillado, plantas de tratamiento de aguas residuales y control sobre el crecimiento urbano, agravado por el turismo. En definitiva, una crisis estructural de acceso a agua potable, debido a la sobreexplotación de acuíferos, contaminación por aguas negras y falta de tratamiento.

Pensando en tu tierra, es muy conocido el caso de Acapulco, donde estudios   (Redalyc, 2012) documentan cómo el crecimiento turístico desordenado en zonas como Ciudad Renacimiento, sin servicios básicos ni planificación urbana, generaron contaminación de cuerpos de agua, acumulación de residuos y deterioro estructural del entorno. Tal como pasa en las Galápagos. La expansión hotelera sin control derivó en colapso sanitario y erosión costera, afectando tanto al ecosistema como a la salud pública.

Ni qué decir de otro ícono turístico mundial mexicano como Cancún, donde el desarrollo turístico desbordado provocó la pérdida del 91% de sus playas públicas por erosión, privatización y cambio de uso de suelo (SciELO México, 2016).

El apodo de la tía Tencha

Todo lo anterior, que ¡fue horrible, fue horrible! parecería menor ante el tráfico de especies. La Convención internacional para la comercialización lícita de especies que en Ecuador está vigente desde 1975 (CITES), esta es irrespetada por los traficantes de especies y algunas autoridades de antaño. Tenemos especies únicas de las islas  como iguanas rosadas (conolophus marthae) o las  famosas tortugas galápagos, únicas en el mundo, que aparecen en Japón, Tailandia, Indonesia y hasta en Mali, con supuestos permisos CITES.

Por ello, junto a un buen amigo ambientalista presentamos una acción constitucional para que se incremente su protección, y estamos en su implementación, luego de que una jueza nos diera la razón, pero aún no es posible repatriar a todas esas especies porque no hay recursos para ello, ni tampoco la capacidad de monitorear a los existentes.

Dentro del juicio el Estado reconoció que desconoce la forma en la que los traficantes pudieron haberse sacado de las islas las especies que, inclusive en el caso de las conolophus marthae, exclusivas del volcán Wolf, en la Isla Isabela, están protegidas y no tienen acceso a ellas más que los guardaparques y científicos de ONG´s.

Estamos llenos de ONGs que se dicen ambientalistas y actúan como si Galápagos les perteneciera, pero que ante las amenazas de contaminación y tráfico prefieren defender su financiamiento, donaciones y actividades turísticas propias. Cuando se les pide rendir cuentas de lo que han hecho a favor de las islas, las tratan como en Guanajuato a la tía Tencha del Lonje Moco: ‘la llamaban la Flatulencia, porque todos se la echaban, pero todos lo negaban’.

 Si decides regresar, o realmente estás aquí —con cámara, familia o incluso en holograma—, o si todo fue solo un ensayo virtual de vacaciones, hagámoslo por Zoom. Me encantaría conversar contigo sobre cómo brindar ese carisma tuyo a favor de la madre naturaleza en Galápagos.

Tú tienes algo que en Galápagos escasea más que el agua potable: visibilidad con liderazgo auténtico y ningún conflicto de intereses.

Gracias por tener a Galápagos en tu radar. Seguro que con personas como tú y ciudadanos comprometidos, podremos evitar que la impunidad siga flotando… Fue horrible

*Milton Castillo Maldonado fue defensor del Pueblo y la Naturaleza en Galápagos.

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