Argentina 1985, es una película dirigida por Santiago Mitre, con la genial actuación de Ricardo Darín, es un filme que te remueve una y otra vez, y que muestra el lado más terrorífico de la dictadura militar argentina (1976-1983). Después de 30.000 desaparecidos y de vivir secuestrados por el miedo, los argentinos pudieron enfrentarse a sus fantasmas más tenebrosos en el juicio a las juntas militares realizado en 1985. El juicio a la dictadura fue un viaje histórico y catártico hacia lo más siniestro de la condición humana, solo así se pudo crear una conciencia colectiva antifascista.
El alegato final del fiscal Luis Strassera es una obra de arte que deja claro lo que es el Derecho y por qué el terrorismo de Estado no puede ser permitido en ninguna nación que se considere democrática. “Los argentinos hemos tratado de obtener la paz, fundándola en el olvido y fracasamos… Hemos tratado de buscar la paz por vía de la violencia y del exterminio del adversario y fracasamos… A partir de este juicio y de la condena que propugno nos cabe la responsabilidad de fundar una paz basada en la memoria y no en el olvido, una paz basada en la justicia y no en la violencia. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: nunca más.”
¿Por qué la vigencia de esta película en nuestro Ecuador del 2025? Porque en la Asamblea Nacional se aprobó de la manera más irresponsable la Ley Orgánica de Inteligencia, que termina siendo el non plus ultra de un Estado de vigilancia o Estado panóptico como planteaba Foucault. El pensador francés decía que a través del estado de vigilancia se va creando una conciencia individual de obediencia a las reglas del Estado. Con esta ley de inteligencia, la frágil democracia ecuatoriana sigue debilitándose en nombre de enfrentar a un enemigo interno. Nuestro derecho a la privacidad y a la libertad de expresión quedarán afectados por el poder descomunal de estamentos de inteligencia policial y militar que, sin orden judicial, pueden “pinchar teléfonos” y vigilarnos como si fuésemos delincuentes.
Estamos yendo en sentido contrario a la Argentina de 1985, estamos creando un país en permanente estado de excepción, un país que se mira como una nación en guerra, pero que no sabe quiénes son sus enemigos porque el narcotráfico no solo es mafia violenta sino el 10% del PIB. Definitivamente es crudo, pero es real.
Las mafias de narcotraficantes, hace tiempo, están infiltradas en las élites de gobernantes y políticos lo que genera un sinsentido permanente a esta cruzada contra un enemigo transnacional, que se ha mimetizado en todo el tejido social. Actualmente los GDO tienen más influencia en los grupos marginales porque ante la falta de presencia estatal, los narcos se han convertido en las únicas opciones de sobrevivencia para los grupos más vulnerables.
Además, la insistencia por parte del gobierno nacional para instalar bases militares norteamericanas, incluso en las Galápagos, termina siendo un error geopolítico grave. Este modelo de entregar territorios soberanos a potencias extranjeras no es una garantía de mayor seguridad, si no, comparen las estadísticas entre Colombia y El Salvador. Colombia posee 7 bases militares y en vez de solucionar sus problemas de criminalidad y violencia, más bien los ha acrecentado. En cambio, en El Salvador, sin recurrir a la instalación de campamentos militares gringos, el gobierno de Bukele ha logrado una drástica disminución de la influencia de las bandas de narcotraficantes.
Regresando a Ecuador, la instalación de la base militar norteamericana en Manta, como parte del “Plan Colombia”, en 1999, tuvo resultados negativos, la tasa de homicidios aumentó de 13 asesinatos por 100.000 habitantes en 1999 a 17 asesinatos por 100.000 habitantes en 2009, año en que el ejército norteamericano salió del país. Paradójicamente, en 2017, sin bases militares extranjeras, la tasa de homicidios en Ecuador disminuyó a 5.8%. Hoy la tasa de homicidios es de 53 asesinatos por 100.000 habitantes, la segunda más alta de América.
Sin una estrategia integral para enfrentar a la delincuencia desde los frentes militar y social, perfectamente articulados, nunca se disminuirá la criminalidad. Lo primero es quitarles a las más de 40 bandas de narcotraficantes influencia en las zonas marginales a través de políticas de inclusión a jóvenes, ofreciéndoles educación y empleo. Hoy el gobierno ecuatoriano, para enfrentar la violencia social, solo tiene como respuesta más populismo penal y más violencia descontrolado del estado.
La violencia desde el Estado es caótica, nuestras fuerzas armadas enfrentan con “valentía” a grupos desarrapados en las ciudades y prefieren evitar cualquier enfrentamiento en zonas selváticas con grupos delincuenciales que se encuentran bien armados. Lo de los niños de las Malvinas, fue el ejemplo más dramático del uso cobarde de la fuerza.
Lo dijo el fiscal Strassera, es importante alcanzar una paz fundada en la memoria y no en el olvido, basada en la justicia y no en la violencia. Si convertimos al Estado ecuatoriano en otro generador de miedo vamos hacia un totalitarismo que nos sumergirá en un pesadilla histórica.

