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El gran susto de Daniel Noboa

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¿Estaba demasiado preocupado por la salud de su esposa embarazada o, como afirma Jaime Durán Barba, simplemente actuó con la timidez que lo caracteriza? ¿Se trató de una actitud sugerida por sus estrategas electorales para reducir al máximo los eventuales contratiempos y tropiezos, o fue el reflejo de una falta de solvencia para encarar un debate de esa magnitud?

Varios pueden ser los argumentos para intentar explicar el comportamiento errático, parsimonioso y abstraído de Daniel Noboa en el debate presidencial. No obstante, prefiero quedarme con el agudo comentario que me hizo llegar mi amigo Fausto “Pollo” Corral: el candidato estaba asustado. Más precisamente, asustadísimo.

Y no es para menos. Encontrarse de la noche a la mañana, sin haberlo previsto y sin estar preparado, con la posibilidad muy cierta de llegar a la Presidencia de la República, no es lo mismo que ganarse una cena para dos en el sorteo del barrio.

En el país ingobernable en que se ha convertido el Ecuador, las probabilidades de un estrepitoso naufragio son tan reales como altas. ¿Puede un timonel conducir un navío cuya estructura institucional se despedaza, con una tripulación que conspira por rutina y con unos pasajeros que solo sueñan con cambiarse de embarcación?

De llegar a Carondelet, Daniel Noboa podría quemarse más rápido que Guillermo Lasso. Eso implica empeñar para siempre el futuro político que se propuso cuando se lanzó de asambleísta en 2021. Porque, más que a un complicado laberinto, el panorama se asemeja a un campo minado.
Daniel Noboa puede ser víctima de la misma relancina que lo proyectó a la segunda vuelta. La incertidumbre y la volatilidad que tendría que enfrentar son exactamente las mismas que lo catapultaron del sexto al segundo puesto en las elecciones de agosto. Cualquier cosa puede suceder. Las sorpresas estarán a la orden del día, seguramente más para mal que para bien.

No está por demás recordarle al aludido la célebre estrofa del coro de Carmina Burana: oh fortuna, variable como la luna, siempre creces o decreces. En política, los virajes de la suerte son tan frecuentes como imprevisibles. Enfrentarse al fantasma del fracaso debe quitarle el sueño.

La situación se complica como resultado de sus últimas declaraciones. Si gano en el 2023 –afirmó Noboa en una entrevista– me lanzo a la reelección en el 2025 (en este punto, toca agradecerle por su franqueza). Noboa traza la cancha con una ligereza que espanta. Porque su intención denota una visión absolutamente coyuntural e inmediatista del manejo de Estado. Los grandes problemas del país terminarán sepultados bajo una avalancha de medidas clientelares que generen votos.

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