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El espíritu de cuerpo de la corrupción

juan-cuvi

En el Ecuador –y probablemente en la mayor parte de los países del mundo– la política ha logrado invertir completamente la escala de valores. El éxito de los políticos no depende de una trayectoria impecable o de una imagen pulcra, sino de todo lo contrario. Solamente la lógica del rabo de paja les permite mantenerse en la esfera de las disputas por el poder. En otras palabras, en los amarres y chanchullos de la política.

Una vez que una persona accede a un cargo público, sustituye la noción del interés general por los intereses particulares o abiertamente corruptos. Luego del primer paso, todo se reduce a un forcejeo permanente entre grupos, argollas o mafias para repartirse la riqueza del país. Por eso, al final del día los participantes en este entramado terminan justificándose e, inclusive, encubriéndose mutuamente. Los corruptos también operan con espíritu de cuerpo. Hoy por ti mañana por mí, reza la consigna.

El modelito acaba de ponerse a la orden del día. Apenas se hizo pública la sentencia de diez años en contra de Danilo Carrera por delincuencia organizada, Alexis Mera, el incombustible operador jurídico que durante una década actuó como vaso comunicante entre socialcristianos y correístas, salió a decir que se trata de una flagrante persecución política. E incluyó entre los supuestos perjudicados a los expresidentes Gustavo Noboa, Lucio Gutiérrez y, obviamente, León Febres Cordero y Rafael Correa, dos altos funcionarios a los que sirvió con absoluta lealtad (llama la atención que no haya incluido en el combo a Abdalá Bucaram). La declaración de Mera fue firmemente respaldad por el líder verde-flex hoy prófugo en Bélgica.

El principal problema de la corrupción institucionalizada desde la política es que nadie se atreve a tirar la primera piedra, por miedo a terminar lapidado. Además de la pirotecnia verbal con la que se atacan, los delitos terminan opacados por la viscosidad de las relaciones fácticas. Los acuerdos debajo de la mesa, como las leyes que se aprueban en la Asamblea Nacional contra toda formalidad política o ideológica, se sobreponen a la acción de la justicia y a la ética pública.

Es imposible que la sociedad consiga alguna forma de desagravio frente a estos actos de corrupción porque los responsables tienen a la mano el talismán para evadir la ley: se llama persecución política. Poco importa la filiación político-ideológica que cobije a los involucrados. Todo se declaran víctimas de la misma acción de la justicia. La clave que los unifica es la impunidad para continuar en el juego.

Un hecho que ha alterado en parte esta tendencia crónica, a pesar de sus defectos y deficiencias, ha sido el de la Fiscalía General del Estado. Por su rasero han pasado altos funcionarios de los últimos cuatro gobiernos, involucrados por igual en distintas modalidades de corrupción.

Pero, como lo recomienda el doctor Mera, todos terminarán atrincherándose en la misma fosa. Se cuidarán las espaldas. No vaya a ser que si alguno cae termine arrastrando a los demás.

Noviembre 22, 2024

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