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Drogas: el fin de la tabla

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Finalmente, el presidente de la república ha decidido enterrar la famosa tabla de droga creada hace unos 15 años como una estrategia para controlar, de alguna manera, los usos conflictivos de drogas. Los criterios que interviniera en su creación fueron bien estudiados y también se tomaron en cuenta las experiencias de otros países de la región.

Hay que reconocer que no hubo una atención constante y profunda. Duele decirlo, pero ciertos poderes del Estado no necesariamente poseen sus manos limpias. Como si no se hubiesen encontrado grandes cantidades de marihuana en domicilio de quienes poseen la obligación de vigilar. Como si se hubiese destruido el radar y no se lo hubiese arreglado o sustituido, nunca. Como si la supresión de la base de Manta también hubiese sido al azar. En política nada es al azar, particularmente en temas como este.

¿Y desde entonces, qué ha hecho el Ministerio de Salud? Nada que valga la pena. No se puede olvidar que la supresión de Consep no fue al azar. Bastaría con preguntarle al correato. Parecería que allí no hubo manos limpias. Sino todo lo contrario.

En otros países, el tema no se halla incrustado en el ministerio de salud sino en otra identidad autónoma, como aconteció entre nosotros con el Consep, que sospechosamente fuera eliminado de un plumazo. De esta manera el país quedó huérfano y solitario pues debió dejar de pertenecer a similares organismos en nuestras Américas.

Las drogas y sus usos no constituyen el mal sino el síntoma de otros conflictos que invaden sobre todo a quien hace una elección por las drogas, porque no encuentra otros caminos para vivir lejos de las violencias domésticas y sociales de las cuales es víctima.

Entonces desaparecieron las políticas de drogas y también aquellos procesos destinados a educar y prevenir. En su lugar aparecieron falsos y nefastos centros de atención en algunos de los cuales murieron calcinados los supuestos enfermos a quienes se los mantiene bajo llave. De eso se halla muy bien informado el ministerio de salud. Pero no hace nada.

El presidente Noboa ha delegado el tema a la vicepresidenta. Es de suponer que ella está bien y adecuadamente informada y que va a armar un equipo serio con gente teórica y éticamente muy preparada. Ya basta de improvisaciones nefastas.

Las drogas y sus usos no constituyen el mal sino el síntoma de otros conflictos que invaden sobre todo a quien hace una elección por las drogas, porque no encuentra otros caminos para vivir lejos de las violencias domésticas y sociales de las cuales es víctima. 

Tema tabú, del cual nadie habla ni en clase ni en casa. Sin embargo, todos están listos para condenar y castigar.

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