El debate entre los aspirantes a la presidencia de la república, además de la controversia política, confrontó valores humanos. Claudia Tobar Cordovez en su columna de diario Expreso cita a Luisa González por un comentario que aludió al trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), insinuando una posible afectación de esta neurodiversidad al presidente Noboa. Esta alusión, según Tobar, es “uno de los recursos más bajos que un candidato puede emplear”. Noboa no respondió a tal bajeza, mostró decencia. Por eso Tobar le pide a la candidata González que se disculpe ante el país. Francisco Rosales Ramos, igualmente en su columna de ese mismo diario, le reprocha a González por su actitud agresiva, desafiante, sin límites, como la de “referirse a la pequeña hija del presidente o llamarle majadero a Noboa. Noboa se mantuvo impertérrito ante el envite”.
Los valores de cada candidato, expuestos en el debate, también cuentan para decidir por quién votar.
El libro de Diego Oquendo El lugar de donde vengo da cuenta precisamente de los valores en los que se asentó su vida y que inspiraron su labor profesional. Pese a la cercanía con la política nunca se prestó para la pleitesía a los gobiernos ni buscó canonjías de éstos. Además de ejercer un periodismo original, éste se basó en una visión ética desde la cual confrontó con mandatarios que incluso cometieron abusos en su desempeño. Con valentía y altivez supo encararlos, lo que le trajo represalias que no lograron doblegar su lealtad ni su vocación de escarbar en los secretos y sinuosos campos del poder.
Su libro de memorias es un recorrido por su vida personal que se inserta en un cosmos en el que interviene con la avidez de un periodista inquisidor. Nada ocurrido en su ciclo vital le es ajeno. Su mirada trasciende los muros de su país sin dejarlo fuera y no está teñido de amargura ni de odio hacia sus interlocutores.
El lugar de donde vengo. (Apuntes para ahuyentar el olvido) y a dónde le llevó su vena poética, su olfato político, su sensibilidad, su apertura a distintas corrientes del pensamiento y de la creación artística y la preminencia de sus valores, le dotan de una comprensión transdisciplinaria que le permite ligar el periodismo con la poesía, la literatura con la política, la tecnología con el rescate de la imaginación y sus cualidades profesionales con la ética. Pero no solo fue su acervo cultural, sino su capacidad de vencer obstáculos, como los que experimentó desde la infancia, lo que le permitió llegar a lugares inaccesibles para muchos. Proviniendo de un entorno familiar con la mar de restricciones, no se amedrentó y supo salir adelante, logrando que sus sueños no naufragaran.
Esta es una cualidad que le ha acompañado toda su vida.
Memorias es un testimonio que aporta a la investigación histórica. Los archivos celosamente guardados aportan una información que le sirve de sustento a su narración, en la que los contrastes, la búsqueda de nuevas formas de entender la vida revelan su exigencia de fidelidad a los hechos y circunstancias que moldearon su vida. Las fuentes en las que basa su lectura y su narración enriquecen su perspectiva histórica. Así se convirtió en un reportero de sí mismo. Rastreó su vida con la misma prolijidad con la que actuó como periodista. El agudo entrevistador no traiciona esa vocación cuando de él se trata, y su auto retrato tampoco elude preguntas espinosas que se formula con ánimo escrutador y crítico. No se da respiro. Quiere que sus lectores le vean tal cual es y que sean ellos los que saquen sus propias conclusiones.
He ahí el valor de la transparencia.
Sus entrevistas son ya parte de la historia, como la que hizo a José María Velasco Ibarra, poco después del fallecimiento de su esposa, Corina del Parral. En ella se plasma nobleza de espíritu tanto del entrevistador como del entrevistado. Las diferencias políticas no impidieron que dos antagonistas dialogaran sobre el amor y la política, la vida y la muerte en un nivel elevado, más allá de lo contingente. Tanto Velasco como Oquendo dejaron de lado sus querellas y dieron ejemplo de respeto a sus respectivos roles y visiones. Más que oponentes eran seres humanos con valores trascendentes.
El periodismo de Oquendo es una suerte de foro educativo. Las lecciones que se desprenden de sus entrevistas son enseñanzas que llegan a un público con sensibilidad ciudadana, al que Oquendo se ganó por la credibilidad de sus reportajes. Este vínculo con la gente contrasta con su distancia crítica frente a los gobiernos de turno. Se constituyó en un referente, dada su independencia de criterio, su frontalidad, su respeto a sus entrevistados y a sus puntos de vista.
La más clara expresión de su talento didáctico son sus hijos: Diego, Sebastián, Christian, Michelle, Daniela y Nicole, quienes han logrado transformarse en seres con personalidad propia y honda sensibilidad, con apego a valores heredados de sus padres y con talentos para abrirse paso en los campos que escogieron.
El estilo de Oquendo, coloquial, en el que el humor se conjugó con la seriedad y hondura de sus reflexiones, dio al periodismo mayor sintonía con los destinatarios de sus candentes entrevistas, independientemente de su ideología. Oquendo no puso al periodismo al servicio de ninguna ideología. Lo cual no quiere decir que carezca de una. Es un firme creyente en la libertad de expresión, por la que se jugó sin temor a las represalias. Estas provinieron de dictaduras y gobiernos autoritarios a los que molestaron sus denuncias debidamente verificadas. También invoca la justicia social y sus profundas convicciones democráticas. El desamparo de los pobres le angustia. Abomina de los extremismos tanto de derecha como de izquierda. De ahí que simpatice con líderes democráticos que bregan por reivindicaciones sociales. Y por el equilibrio en el balance de fuerzas políticas.
Desde el periodismo incursionó en la política, a través de programas de opinión que suscitaron polémicas, en la televisión, la prensa escrita y la radio. Pero sostuvo, y lo mostró en su práctica, que el periodismo no debe servir para medrar políticamente. Le ofrecieron nominaciones para cargos políticos y él nunca los aceptó. “No hay mejor ejercicio político que un periodismo bien ejercido”.
Su destacada trayectoria se plasmó en la creación de Radio Visión que abrió espacios a la educación, la cultura, la música. Nunca la utilizó para transar con el poder, tanto político como económico. De ahí que Radio Visión fuera objeto de una tenaz persecución en el gobierno de Rafael Correa. Sus hijos, Diego Oquendo Sánchez y Michelle Oquendo Sánchez, fueron parte de su equipo. El primero fue titular del programa Encuentro. La segunda, fue presentadora de temas cotidianos.
La clausura de Radio Visión produjo un enorme vacío en sus audiencias. Se cerró, entre otras cosas, por dificultades económicas. “Nunca miré lo mío como una empresa rentable”. Si hubiera transado con el mercantilismo, no habría salido del aire. El factor económico pesa sobre todo cuando su radio mantuvo su independencia y siguió una línea ajena a los intereses comerciales. Hay una deuda con Oquendo, la de retomar esta obra que sentó las bases de un nuevo periodismo conectado con la comunicación en su más amplio sentido y con una línea de conducta proba y sin claudicaciones.
Un periodismo que mantiene su vigencia con independencia de la tecnología: con “sentido crítico, la verificación y contrastación de la información, un lenguaje afectivo y respetuoso cercano al público, el sentido del humor, la capacidad narrativa, la intuición, el contacto estrecho con la lectura y la escritura”, como lo define su hijo Christian.
Su defensa de la libertad de expresión le llevó a abandonar la sesión de la Asamblea Nacional el 10 de agosto de 2011, a la que había sido invitado por el presidente Correa. Cuando en su discurso, éste arremetió contra la prensa independiente, Oquendo decidió retirarse del recinto, se acercó al mandatario, cuando aun estaba fustigando a los medios de comunicación social, lo miró directamente a los ojos, hizo una venia fugaz, le dio las espaldas y salió del palacio legislativo.
Este acto simbólico que sintetiza la defensa de la libertad de expresión de los principales diarios del país muestra la coherencia de Oquendo con su línea de conducta en el ejercicio de su tarea periodística que nunca cedió a los halagos del poder ni a las represalias por atreverse a defender su verdad frente a las mentiras del poder.
La vida de Oquendo está impregnada de valores como la honestidad, la decencia y la transparencia, valores que no pueden ser ajenos al debate público. Menos aun en circunstancias en las que la corrupción y la violencia se han enseñoreado en tantos ámbitos del país.

