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Diario de cuarentena XXIV

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Viernes 24 de abril del 2020

12:00. Día intenso. En la mañana, antes del café, me tomé la presión. Está dentro de la línea verde: normal en la anormalidad. Acto seguido, me tomé la temperatura. Está por debajo de la línea roja: normal en la anormalidad. Luego, lo de siempre: aseo personal (implica algunas actividades), tender la cama, alimentar a Jaque-Mate y preparar el café. El café debe ser molido en casa, pasado, muy negro. Recomiendo tomarlo sin azúcar. La mañana adquiere una dimensión distinta luego de la dosis de cafeína.

Hora de cocina. Ha ocurrido un cambio en lo que se refiere a mi alimentación: he recurrido a entregas a domicilio del H Sport Café, y a una amiga que prepara empanadas de verde, hayacas y humitas. Las empanadas son estupendas. El problema es la fritanga, el hígado graso, los triglicéridos, el colesterol malo y la guata, que comienza a crecer incontenible. Antes de la cuarentena quería comprar una olla freidora por aire que supuestamente utiliza entre un 60 y 90% menos aceite. Papas fritas con más frecuencia, empanadas de verde que no chorreen aceite, etc. También estuve analizando los precios de una silenciosa aspiradora robot. Se la programa y listo. ¿Será verdad tanta maravilla? El consumo me tenía atrapado.

El desplazamiento nutricional va también en otra dirección. La gran biblioteca culinaria de YouTube deja lentamente paso a los enlatados y congelados. ¡Qué más da! Es tentador preparar un delicioso platillo. Pero mucho menos, comerlo en soledad. Y como la autocomplacencia es grande, uno cae en pecado al decir «¡Está sensacional!». La verdad es que está más o menos. Eso me pasó hace unos días. Mi amigo Fredy Fish me trajo unos filetes de pargo que lucían espectaculares. Vi una receta para prepararlos con limón y al horno. «¡Manos a la obra!», dije. Cuando saqué la fuente del horno, se veía sensacional, tomé una foto y la compartí con mis amigos. Desperté su envidia. La dura realidad fue que puse demasiado limón, no del suave, sino del sutil: quedó amargo como algunos días de cuarentena, como algunos amores, algunas experiencias de la vida, algunas palabras escritas o dichas. Igual me lo comí.

21:00. «Hoy es viernes», me recuerda el Hernán Burbano y el San Viernes debe ser honrado, no de justo o sin tacha, sino de festejo y celebración. «¡Salud!», escribo, y envío el mensaje a algunos amigos. «¡Salud!», responden. El Diego Cornejo Menacho envía una foto bien surtido de un gin tonic que prepara su hija. El Bonil también prepara unos muy buenos y esa añoranza alcohólica me lleva a escribirle. Me sirvo un pisco acholado de una botella que me regaló mi hermano.

La noche es fresca y el Rey del Reguetón tiene sus equipos en silencio. Me siento en la grada. Una estrella solitaria brilla en el cielo, al noroeste. ¿Cuál es? Jaque-Mate se sienta a mi lado. Vigila. Debe creerse una pantera negra acechando a su presa. Los gatos también tienen fantasías y sueños, que son distintos de las fantasías y sueños de perro o de aperro.

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