Los resultados electorales mostraron que la política está viva. No hay lugar para una opción hegemónica. Ninguno de los contendientes que disputarán la segunda vuelta puede ignorar al otro. Esto implica un reconocimiento recíproco. En ese contexto hace falta llegar a un consenso sin exclusión “de tal modo que resulte compatible con el pluralismo.” (Chantal Mouffe) Convertir el antagonismo en agonismo, marca un límite irrebasable del “conflicto”: “no está permitido matar al antagonista político” Esto hace posible la lucha política.
El Ecuador puede salir de la crisis si la aprovecha como una oportunidad de “refundar la polis” ( Manuel Garretón) “reconstituyendo la legitimidad de las instituciones democráticas y fortaleciendo la capacidad de acción política”. Esto puede darse si tal acción apunta a la construcción de un espacio público en el que se pueda dar libremente el debate de ideas, la argumentación racional tomando en cuenta los límites de lo posible e imposible. Para ello hace falta “recrear los espacios institucionales devolviendo el sentido y función propios de cada institución, esto es, rescatándole de la corrupción, recuperando el sentido de la política como acción ciudadana de configuración del vivir en común”. ( Auat)
El reconocimiento de lo común. Lo común no se opone a lo propio sino a lo privado Lo público es lo que está a disposición de todos. La confusión de estos conceptos es el corazón de la corrupción. Trazar una línea demarcatoria entre lo público- común de lo privado es una decisión política. ¿A quién corresponde tomarla? No a los que están atrapados por sus intereses particulares sino a los ciudadanos que ejercen su derecho a votar. Las elecciones no deben quedarse en la designación de nuevas autoridades sino en el cambio del modo de hacer política. Lo que está en crisis no es la política como tal, sino el tipo y la calidad de la representación política. Los representados deben jugar un papel y no dejar que sus representantes hagan lo que les venga en gana.
Esto implica recuperar formas institucionales capaces de dotar de eficacia y permanencia a las decisiones tomadas acerca de los bienes que hay que preservar y reconquistar. Es sobre ese marco que cabe pensar en consensos. No consensos para cederse márgenes de poder. Consensos para rescatar el valor de lo público- común como sustento de la política.
Los resultados electorales mostraron también la emergencia de nuevas tendencias. Leonidas Iza y Andrea González representan posiciones nuevas y comprometidas con intereses populares. Los demás candidatos carecían de representatividad. Ello explica sus íngrimos porcentajes. También se advierte el clivaje regional.
La segunda vuelta debe servir para definiciones que tracen un nuevo camino para la democracia, lejos de la ilusión “ tocquevilliana” y de la ilusión “ cesarista” ( Garretón), ambos de tendencia autoritaria. Es a eso a lo que deben volcarse los esfuerzos de los actores políticos y no prestarse para el reparto de la “troncha”

