En febrero de 1972, hace 42 años, si no me equivoco en el cálculo, la guerra privada del gobernante ecuatoriano de turno, el presidente Velasco Ibarra, era para cerrar el paso a Assad Bucaram a toda posibilidad de que se candidatice a la presidencia de la República. Los dirigentes políticos querían declararle no ecuatoriano para evitar que se pudiera postular a tal dignidad y ganarla, de seguro. Para conseguirlo recurrieron a mil y una tretas y maniobras. Incluso hubo quienes promovieron el arribo de una dictadura militar con tal de apartar del camino al líder popular.
En esos días en los que tal discusión llegaba al rojo vivo, los ministros del velasquismo sostenían, con una frescura que sorprende inclusive hoy, que “estaban luchando por la libertad electoral”. ¿¡Cómo!?, podría una persona preguntarse. ¿Cómo luchar por la libertad electoral y al mismo tiempo taponar el paso a un posible candidato?
De ese espíritu vigente hace cuatro décadas, ¿cuánto nos hemos alejado? Poco.
Desde entonces, en vísperas de la segunda dictadura militar, la “nacionalista y revolucionaria”, a la democracia de la “revolución ciudadana” de hoy, en el siglo XXI, las prácticas de los titulares del poder político se han modificado mínimamente. Quienes se hallan en su ejercicio se sienten con el derecho de definir el alcance de toda norma y de interpretarla, incluso conforme a la sinrazón.
He traído a la memoria estos sucesos, ya lejanos, a propósito de la arremetida contra los yasunidos y contra todo ser humano, hasta de otra nacionalidad, que se atreva a apoyar o a simpatizar con su causa e incluso pretenda conocer más allá de la verdad oficial. Los rememoro por la parafernalia montada desde antiguas instituciones del Estado, hoy convertidas en dependencias de Carondelet, para evitar el viaje de los yasunidos a Lima a la cumbre climática; la serie de argucias para detener el bus ecológico de la caravana climática y el embrollo diplomático con parlamentarios alemanes, por procurar, ellos, reunirse no solo con defensores de la estrategia extractivista en el Parque Yasuni ITT, sino también con quienes se oponen y la cuestionan.
Increíble que la intención de proteger de la depredación a un santuario no solo natural sino cultural y ambiental, como el parque Yasuní, despierte pasiones tan negativas y que estas lleguen a tales extremos: incluso con el riesgo de provocar una crisis diplomática con un Estado europeo y de magullar todavía más la imagen internacional del gobierno ecuatoriano, que tanto preocupa a los relacionadores públicos, publicistas, propagandistas y marketineros del correísmo.
Además de costosa en términos políticos, diplomáticos y de imagen, la destemplanza oficial ha resultado inútil. Los yasunidos están en Lima, toda la tortuosidad oficial emprendida contra el grupo de jóvenes activistas fue conocida y difundida por la prensa global, mucho más lejos de las fronteras patrias; y los legisladores alemanes se reunirán con ellos. ¿Para qué tanto esfuerzo si a la postre era previsible que todo ello resultaría infructuoso, inservible, una pérdida de tiempo, de recursos de diverso orden: un fiasco, un fracaso? ¿Por las pulsiones y la dificultad de serenarlas?
Hay grupos en el gobierno que están perdiendo el sentido de la realidad, cuando esta no se adecúa a sus medidas. Esto es grave, pues incluso podría conllevar que estén extraviando su capacidad de autocontrolarse y de autolimitarse. Ejemplos no faltan.
En estos momentos, y como para poder en algo subsanar su descalabro, su revés podría sonar mejor, la acuciosidad de los oficiales del correismo debería dirigirse a investigar la espantosa muerte del activista antiminero shuar José Tendetza. Y encontrar a sus responsables.
Según da cuenta Plan V, el cadáver de este dirigente fue hallado atado con una soga en el río Chuchumbletza, en la zona del cantón El Pangui, en Zamora. La policía, se agrega, considera que fue asesinado. Tendetza estaba por viajar a Lima, para presentarse en el tribunal por los derechos de la naturaleza en la cumbre de los pueblos.
Un hecho extraño es que quienes lo encontraron lo trasladaron a Yanzatza y lo sepultaron sin autopsia ni informar a su familia… Plan V añade que funcionarios del gobierno informaron que la muerte del dirigente shuar fue por estrangulamiento y ofrecieron 100 mil dólares a quien proporcionara pistas sobre el asesinato. ¿100 mil dólares le devolverán la vida a este ecuatoriano?
Yasuní, minería a gran escala, extractivismo, pueblos indios, poblaciones no contactadas, defensa de la naturaleza, biodiversidad, respeto a la vida, resistencia son palabras que en el mundillo de la RC incomodan cada vez con más fuerza. Y para que se irriten aún más hay que enviarles la investigación presentada en Lima, sobre la deforestación en los territorios amazónicos ocupados por comunidades ancestrales. El estudio indagó sobre una superficie de 630 mil hectáreas y evidenció que el 91 por ciento de las áreas habitadas por indígenas se halla en perfecto estado, incomparablemente mejor que las ocupadas por particulares o en manos del estado. Como para impugnar aquello del uno por mil…, ¿verdad?

