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Autogol de Messi

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El Inter Miami C.F., como campeón de la liga estadounidense de fútbol, fue recibido, hace poco, en la Casa Blanca, por parte del presidente Donald Trump, a propósito de reconocer a ese importante club de la Florida, el logro alcanzado de la mano del reconocido jugador Lionel Messi, quien actúa como capitán de ese equipo. Hay que subrayar que el argentino Messi, a pesar de estar cerca del retiro deportivo, es aún un influyente y decisivo jugador, de técnica y habilidad admirables y con un enorme olfato de gol que lo ha colocado, con sobra de merecimientos, en lo más alto del fútbol.

Sin duda, ‘la pulga’ Messi no sólo es un referente en materia deportiva, tanto dentro como fuera de las canchas, sino también se erige como un buen ejemplo para la sociedad, especialmente en niños y jóvenes, que buscan –como parte de su crecimiento- afianzarse en modelos a seguir, por lo que la transmisión de valores y estilos de vida, resultan fundamentales a la hora de moldear la personalidad de una juventud que avanza con gran energía en la conquista de sus sueños.

De ahí que resulta poco entendible la decisión de Lionel Messi de asistir junto a su equipo el Inter de Miami, a la White House, justamente cuando el presidente Donald Trump, junto al Primer Ministro de Israel, Benjamín Nentayahu, son el foco de la crítica mundial, al haber violentado groseramente, una vez más, el Derecho Internacional, para llevar a cabo una feroz arremetida militar contra la República Islámica de Irán, sustentados en la desgastada muletilla del supuesto desarrollo nuclear y el peligro que representa ese país para Medio Oriente. Estas acciones han comprometido ahora mismo la paz no solo de esa convulsionada región, sino en el mundo, dada la inesperada respuesta militar de Irán y una eventual ampliación del conflicto, así como por las graves repercusiones para la economía global que tiene un mercado energético inestable que empuja los precios del crudo hacia el alza.

Así entonces, resulta bastante pueril asumir que un encuentro con el presidente Donald Trump, y más aún en las actuales circunstancias, únicamente quedaría en el ámbito de lo privado o como una simple respuesta a una tradición americana. Vaya ingenuidad. Es claro, que el Presidente de los Estados Unidos iba a utilizar el prestigio y la imagen de Lionel Messi, para lavarse la cara, a través de una indirecta aprobación de la estrella del fútbol mundial, para un mandatario americano que está salpicado de denuncias de todo tipo y color. El sólo hecho de haber aplaudido y esbozado sonrisas frente al discurso político de Trump respecto de la guerra con Irán, la persecución a los migrantes o lo que pretende hacer con Cuba y cualquier otra nación que se aventure a contradecir al hegemón, tiene una enorme carga simbólica, que no requiere espetar ni una sola sílaba para ser utilizada a favor de quienes hoy representan abiertamente al fascismo.

Y es que Lionel Messi no es un jugador más de fútbol. No. Sus palabras y también sus silencios tienen importancia y siempre generarán un impacto en la sociedad. Verbigracia, si consideramos que Messi ostenta la condición de Embajador de Buena Voluntad de UNICEF y que como agencia de las Naciones Unidas tiene por propósito proteger la vida y bienestar de los niños y adolescentes alrededor del planeta, nos preguntamos: ¿cómo Lionel Messi pudo asistir a una reunión en la que debió compartir tribuna, precisamente, con una de las personas que tiene responsabilidad, al menos, política por la tragedia ocurrida con el bombardeo a una escuela en la ciudad de Minab?

Ciertamente, Lionel Messi posee un muy afinado olfato de gol para el fútbol, no obstante, deja en claro que carece de la suficiente sensibilidad política para entender la dinámica e intereses con los que se mueve el mundo, lo cual lo llevó a cometer un autogol que, lamentablemente, desdibuja una trayectoria profesional casi perfecta y que, desde luego, no se limita a aquello de no hablar el idioma inglés.

 

 

 

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