Es diciembre y el Centro Histórico en la Ciudad de México está más lleno que nunca. Llegar hasta este sector en vehículo se vuelve casi imposible a cualquier hora de la jornada laboral. En fin de semana, los conciertos y las actividades navideñas no aligeran la situación.
Por el paseo peatonal Francisco Madero, miles de personas llegan también a realizar sus compras en locales comerciales de reconocidas marcas internacionales. Una marea de gente que pasa a través de Grinchs y payasos diabólicos que piden monedas y se toman fotos con los niños. De fondo, suena un organillero, una de esas máquinas de sonido antiguas accionada por un uniformado que se quita el sombrero y pide una contribución.

El Centro Histórico está a pocos minutos de Tepito. A partir de los miércoles, los vendedores ambulantes se toman las calles de la zona.


Libros, antigüedades, ropa y comida; todo se consigue en el tinaguis.

A quince minutos a pie de las tiendas boutique y los hoteles de lujo del Zócalo,la plaza mayor capitalina, inicia Tepito, un “barrio bravo” dentro de la colonia Morelos. El ruido y el caos de las miles de personas que visitan el centro se cambia por unos minutos por el silencio de antiguas edificaciones y negocios comerciales.
Los domingos, este barrio en la periferia del Centro Histórico se convierte en un mercado infinito. Las calles se van transformando en una gran tienda semi ambulante que, como no, recibirá a miles de personas en busca de comprar todo de remate.

Tepito es un barrio que históricamente ha representado a las clases populares y el comercio y que también ha sido noticia por el microtráfico. La curiosidad que ha despertado la zona ha llevado incluso a organizadores de tours a ofrecer experiencias y recorrer el barrio.
Camino y solo veo comercios que empiezan a abrir sus puertas entre paredes desgastadas, grafiteadas o despintadas. En una calle que llega al mercado, dos personas se pasan una pequeña funda entre las manos. Otros se paran vigilantes junto a sus autos. Los conductores con sus vehículos estacionados están mirando por los retrovisores.
Acelero el paso y llego al mercado de Granaditas, uno de los tantos mercados que se interconectan en este barrio y del que no lograré salir en un par de horas. Las calles del barrio se convierten en un laberinto de comercio. Cuadras interminables donde los comerciantes instalan sus tiendas junto a las veredas.
Aquí se encuentra todo de remate. La fayuca; electrodomésticos, ropa, antigüedades, se dice que mucho de esto viene del contrabando. Los precios son tan bajos que muchos comerciantes de la periferia de la ciudad vienen a comprar acá.
En plena mañana de domingo, los ciudadanos se percatan del incendio. Revista Plan V
No es ni medio día pero el olor a fritura y todas las variedades posibles de tortillas con alguna carne y queso se cocinan en las veredas de las calles.
En CDMX todo es más grande. Empiezo a pasar largos minutos recorriendo este mercado semi móvil en medio de miles de personas y familias. El tránsito peatonal obliga a caminar lento. Es imposible abrirse paso entre la masa.
Va por “hay”, gritan los comerciantes, que avisan que vienen cargados. El que no se mueve, lo pisan pesados carritos llenos de cajas de zapatos o taquerías móviles. En los comercios se encuentra ropa “Versacce”, “Gucci”, “Lacoste”, todo de remate. Incluso hay un local que solo vende réplicas de fundas de marcas de lujo.
El laberinto deja descubiertas las casas aledañas al tianguis, como se le conoce al mercado. Hay pequeños conjuntos de varios pisos que comparten un patio central con una pileta, y que tienen salida al mercado.
Aguas carnal, aguas
Hay zonas destinadas exclusivamente al mercado. También hay dentro de la zona pequeños edificios con locales comerciales. Pero más allá de ellas, la oferta se ha expandido al punto en el que las carpas se extienden como un brazo por las calles e invaden el barrio.
Entre las carpas que cubren casi toda la escena se logra ver las construcciones resquebrajadas. De pronto, una humareda negra. Es un incendio. Los comerciantes que tienen desplegados sus productos en el suelo se apresuran a empacar y huir. Empacan los zapatos en cajas “Nike” y “Adidas”, replicas que se asemejan mucho a los diseños de las multinacionales.
Los bomberos se abren paso entre los puestos de venta ambulante. Revista Plan V
Luego de rodear unas cuadras llego al epicentro del incidente. “Otra vez el mismo”, dicen los vendedores. El humo negro no se detiene. Los vendedores comentan que otra vez el mismo local es el causante de este incidente, al que al parecer ya están acostumbrados.

El mega mercado se desmanteló parcialmente ante el incendio en un edificio.
Rápidamente llegan varios camiones de bomberos, que se abren paso rozando los puestos ambulantes y las tiendas del mercado. Parece que no pasan, pero como si estuviera todo preparado, los camiones logran abrirse paso entre el estrecho paso que tienen.

También llega la policía, que acordona el edificio; un micromercado donde un local arde en llamas. Un morador intenta cruzar, el oficial le advierte que no es posible. Ante la insistencia, su compañero termina con el asunto: “¡Muévete wey! ¡Ni que fueras prensa! ¡Ya te vas a enterar, retírate!”. Su compañero se ríe.
El interior y el exterior del incendio de una bodega. Revista Plan V
Doy la vuelta y entro al micromercado. Los bomberos han subido al segundo piso para extinguir las llamas del local. Otros civiles han ayudado en las labores, están empapados y sin camiseta.
El incendio ya fue controlado. Los comerciantes vuelven a abrir las puertas enrollables,otros vuelven con los productos que tan urgidos habían retirado. Los medios locales reportan que era una bodega con productos variados, las causas del incidente se desconocen, aunque se especula que el mal estado de la instalación eléctrica pudo haber sido un factor.

Pasan las horas y no logro cruzar al otro extremo del tianguis. Por un momento salgo de los comercios a las calles aledañas. El silencio vuelve. Algunos habitantes se retiran con sus compras. Edificios de pequeños departamentos apilados reposan junto a pequeñas media aguas con rejas y techos de zinc, en sus rejas frontales hay prendas de ropa colgando.
Finalmente llego a un extremo del mercado y veo una extensa vía que ha sido utilizada de parqueadero. De fondo ya se ven los rascacielos y los edificios de lujo del centro financiero de la ciudad. Mientras camino se me acerca un hombre pequeño, de camiseta roja, con una barba dejada de unos varios días.
El sujeto estaba pasando un paño rojo sobre los vehículos estacionados. Al ver que estaba tomando fotografías me pregunta para que, aunque por su rostro me doy cuenta de que no quiere saber la respuesta. El también me empieza a grabar con su teléfono. Me dice que elimine la foto y al ver que sigo caminando me dice, “si mejor vete”, con cara de pocos amigos. Me refugio entre las multitudes que abandonan el tianguis y me pierdo.
Me quedo con ganas de recorrer más de este icónico barrio. Quizás con más tiempo y el contacto de alguno de sus habitantes.. Vuelvo a la realidad capitalina y veo los diarios. “¿Pertenece AMLO a la clase media?”, “14 muertos deja enfrentamiento entre la familia Michoacana y civiles”, “El fracaso de las 4T de AMLO”.
México es un país de casi 127 millones de habitantes en donde un solo barrio ya es un microcosmos.
