Amanece y no hay nada nuevo de qué preocuparse. Quedaron planeadas con anterioridad las tareas del hogar, la visita a la universidad o la rutina del trabajo. Todo es un sacrificio, pero nada de eso importa. Solo queda prepararse, empezar el día y cumplir con las metas y actividades que de alguna manera, van a generar un bienestar a largo plazo. Son instancias poco perceptibles. Hábitos comunes a los que estamos acostumbrados y que son apenas valorados.
De repente, algo rompe esa quietud. La aparición de pequeños quistes o nódulos en cualquier lugar del cuerpo invaden de preocupación a la persona.
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