I. Ejes del discurso del presidente Noboa: política, seguridad y economía
El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, delineó en su discurso de investidura los ejes centrales que guiarán su gobierno. En lo político, presentó su visión del “Nuevo Ecuador” como un proyecto colectivo “libre del miedo y guiado por la transparencia, la inversión y la justicia”. Llamó a la unidad nacional y a romper con “los moldes viejos” de la política ecuatoriana, enfatizando la necesidad de colaboración entre Ejecutivo y Legislativo.
En materia de seguridad, Noboa afirmó que la lucha no es contra la delincuencia común sino contra estructuras criminales organizadas con redes dentro y fuera del país que buscan desestabilizar al Estado mediante el miedo. Prometió que “no habrá tregua contra la delincuencia”, fijando como meta innegociable la reducción progresiva de homicidios y el combate frontal a las “economías criminales” del narcotráfico.

En el campo económico y social, Noboa destacó haber “rescatado al Ecuador del abismo económico y la catástrofe financiera” heredada». Puso énfasis en la inversión pública para generar empleo, la apertura comercial al mundo y la modernización estructural de la economía.
El presidente enumeró varios proyectos emblemáticos para sus próximos cuatro años, entre ellos:
• Obras de infraestructura: construcción del Quinto Puente en Guayaquil y la ampliación a cuatro carriles de la vía E25 entre Buena Fe y Juján. La implementación de una Torre Oncológica en el Hospital Eugenio Espejo.
• Desarrollo económico y social: construcción de 200.000 viviendas de interés social; fomento de empleo juvenil y emprendimientos para mujeres, así como el impulso a programas para garantizar la permanencia escolar de niños en las escuelas. Ampliar el alcance del Bono de los Mil Primeros Días a más madres gestantes o con niños pequeños.
• Energía y modernización: diversificar la matriz energética mediante alianzas público-privadas, incluyendo una futura Ley de Energía Nuclear, y modernizar las refinerías con inversión extranjera. Anunció la transformación empresarial de empresas estatales como Petroecuador y las eléctricas (Cenel, Celec), así como acuerdos anuales para generar 300 MW de energía adicional. Sobre estos ejes no hubo referencia a la hoja de ruta para superar la crisis económica. Del mismo modo, estuvo ausente la alusión sobre el manejo de sectores estratégicos como hidrocarburos, minería, vialidad, telecomunicaciones, medio ambiente; no se delineó el modo en que se combatirá la corrupción que salpica a argollas políticas y grupos de interés; no hubo un atisbo referente a la estrategia para combatir el blanqueo de capitales en el sistema financiero, ni sobre cómo se garantizará la sostenibilidad productiva, o se fortalecerá a los comerciantes, industriales, agricultores y emprendedores nacionales, ni sobre la necesaria aplicación de un sistema de protección de inversiones. Tampoco hubo claridad sobre los mecanismos que habilitarán convenios, acuerdos o mecanismos comerciales regionales para promover la inversión privada o pública, internacional o nacional para concesionar, compartir o privatizar la administración de los recursos estratégicos del país.
Los mensajes tras el mensaje
Una lectura desde la semiótica y la política sobre los elementos más notorios del evento ceremonial invitan a reflexionar sobre el manejo simbólico del acto de posesión. El presidente evidenció mucha mayor preparación en el manejo discursivo. El 24 de mayo de 2025, en la ceremonia de posesión desarrollada en la Asamblea Nacional habló 21 minutos. Un tiempo récord comparado con los pocos minutos de declaraciones oficiales al inicio de su mandato en el 23 de noviembre de 2023, cuando anticipó al país que él habla poco pero espeso; lo cual fue evidente en posteriores mensajes informativos, como el emitido en minuto y medio, tras ausentarse del país y cuando gravísimos incendios forestales tenían a la capital de la república en situación de emergencia. Su performance este 24 de mayo fue mucho más consistente incluso superior a la de los dos debates presidenciales.
Se mostró —a diferencia de la mayoría de ocasiones en su primer mandato de año y medio— aplomado, empoderado del contenido de sus mensajes más emocionales; dueño de su libreto, entrenado en el manejo de inflexiones de voz dirigidas a modular el impacto de la oratoria en los oyentes; su énfasis en la forma posicionó la imagen de un líder forjado para el futuro.
¿Ejercerá el poder sin reserva ni dependencia de lo que mandan las normas constitucionales, si ello fuese necesario? ¿Apostará de nuevo al efectismo publicitario, a su hegemonía en redes sociales y a sus buenas relaciones con la mayor parte de la prensa?
Durante el juramento de rigor cuya razón simbólica es tan fuerte en todas las democracias, no juró levantando su mano derecha, no posó su mano en la Constitución de la República. Si acaso fue un desliz sin importancia o una intencionalidad sutil, no faltará quien repare en ello y pueda interpretarlo como un mensaje subliminal muy en la lógica de ruptura e informalidad que caracterizan a mandatarios de nuevo cuño, como Bukele o Milei.

¿Ejercerá el poder sin reserva ni dependencia de lo que mandan las normas constitucionales, si ello fuese necesario? ¿Apostará de nuevo al efectismo publicitario, a su hegemonía en redes sociales y a sus buenas relaciones con la mayor parte de la prensa? Sobre la Asamblea pende como una espada de Damocles la reforma constitucional que mucha gente ha sentenciado como urgente. La hegemonía del Ejecutivo se instaló y fue comunicada de manera que a nadie le queden dudas. Siendo el jefe de Estado posesionado formalmente en el palacio legislativo, el ejercicio de la soberanía descansa claramente en su mandato y en su liderazgo refundacional.
El discurso del presidente de la Asamblea, amigo del actual mandatario y electo por una mayoría legislativa aliada al gobierno, impulsó la imagen de un país posible, en coherencia con el jefe de Estado; libre de enfrentamientos entre el poder legislativo y el poder ejecutivo. Entre los dos personeros, se plantó la narrativa de gobernabilidad y compromiso con los intereses ciudadanos, el cierre de un largo ciclo de pugnas y pactos de la regalada gana. Si los ecuatorianos elegimos el optimismo, el país debe aprestarse a la nueva era de la convivencia armónica que dejará en el basurero de la trastienda el equilibrio de poderes y la independencia política, manoseadas por la vieja retórica y el oportunismo de intereses particulares. El tiempo pronto lo dirá.
Los ejes principales del mensaje presidencial mostraron un vigoroso discurso alrededor de mano dura contra el crimen, reactivación económica con inversión en obras y políticas sociales, y reformas estructurales para modernizar el Estado.
La inocultable debilidad diplomática
La ceremonia estuvo marcada por la ausencia de la bancada correísta, que boicoteó el evento alegando fraude electoral. Sus espacios fueron cubiertos por invitados. Ese día, en ese lugar, nadie los echó de menos. 74 países enviaron delegaciones oficiales y 19 organismos internacionales acudieron a la ceremonia. Comparativamente, la asistencia de mandatarios extranjeros a esta posesión fue menor que en ocasiones anteriores.

En la posesión de Rafael Correa en 2013 asistieron 11 presidentes y el Príncipe de Asturias, mientras que en la de Lenin Moreno en 2017 estuvieron presentes 10 jefes de Estado. La baja asistencia en la ceremonia de Noboa podría reflejar una disminución en el interés internacional hacia la política ecuatoriana o una señal de aislamiento diplomático. Una primera señal de debilidad diplomática ecuatoriana en el entorno regional y global se advirtió ya en la Cumbre Iberoamericana en Cuenca, en noviembre del 2024, en la 29ma Cumbre Iberoamericana, marcada por la menor asistencia de líderes en la historia de este foro. En ese evento, el único mandatario del continente presente era el del país anfitrión, junto con el de Portugal, Marcelo Revelo de Souza, el de Andorra, Xavier Espot Zamora, y el rey de España Felipe VI. Había 22 jefes de Estado invitados. Desde 1991 han acudido a estas cumbres un total de 129 representantes públicos: 113 han sido presidentes, 14 jefes de gobierno de España, Portugal y Andorra; y, 2 monarcas españoles.
El gobierno de Noboa enfrenta desafíos considerables, incluyendo altos índices de violencia y una economía en recuperación. La limitada presencia de líderes internacionales en su posesión podría indicar la necesidad de fortalecer las relaciones exteriores y mejorar la imagen del país en la comunidad global.


II. Diana Salazar: la fiscal general que humilló al correísmo
El 20 de mayo del 2025 Salazar presentó su renuncia irrevocable al cargo de fiscal general, argumentando que su permanencia no beneficiaba al país y que había recibido amenazas constantes contra su vida y la de su familia. En su carta de renuncia, expresó: «Me voy con la frente en alto, a sabiendas de que los mafiosos no me perdonarán haber desmantelado sus redes criminales». La fiscalía general del Estado confirmó la renuncia de Salazar a través de un comunicado oficial en redes sociales, destacando su labor en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado.
Durante su gestión, Salazar impulsó varios casos de alto perfil:
Estos casos reflejan una estrategia de Salazar orientada a desmantelar redes de corrupción y crimen organizado en diversas instituciones del Estado. La Asamblea Nacional aceptó su renuncia el 21 de mayo de 2025, con 136 votos a favor. Posteriormente, el presidente Daniel Noboa la nombró embajadora de Ecuador en Argentina, decisión que generó suspicacias por el nombramiento diplomático, que según se divulgó en redes sociales, estaba listo con el respectivo decreto ejecutivo, desde el 29 de enero de 2024.
La mediatización del ministerio público
Durante los primeros años de su gestión, Diana Salazar mantuvo un estilo discreto en materia comunicacional. Sin embargo, hacia el final de su mandato, especialmente tras el estallido del Caso Metástasis a finales de 2023, adoptó una estrategia pública mucho más visible y proactiva. Este giro coincidió con intentos de destitución por parte de ciertos sectores políticos, lo que motivó una transformación radical en su forma de relacionarse con la ciudadanía.

Uno de los elementos más llamativos fue la creación de un canal digital propio en 2024, a través del cual tomó un rol activo como narradora de sus investigaciones. Bajo un formato directo y pedagógico, Salazar explicó avances judiciales, compartió testimonios, abordó aspectos personales de su vida y confrontó públicamente las críticas. Este uso de medios propios la posicionó como una figura inédita en la historia reciente de la Fiscalía ecuatoriana: ya no solo era funcionaria, sino también emisora directa de su propia versión de los hechos.
Además de su canal de video, intensificó su actividad en plataformas como Twitter y Facebook. Allí difundía resultados procesales, nuevas acciones legales y mensajes dirigidos a sus detractores, configurando una comunicación en tiempo real centrada en su propia voz. Este estilo, más narrativo que institucional, buscó instalar una percepción de cercanía, transparencia y firmeza.

La construcción de su imagen también fue cuidadosamente pensada. Combinaba elementos formales con otros simbólicos y afectivos. Por ejemplo, su vestimenta habitual mantenía códigos profesionales, pero incorporaba detalles que rompían la rigidez del cargo: camisas con ilustraciones, accesorios llamativos o escenografías que incluían objetos personales, como libros jurídicos y tazas con mensajes afectivos. Esta estética, aparentemente sencilla, cumplía una función clave: humanizar su figura sin debilitar su autoridad. En paralelo, nunca dejó de transmitir un mensaje contundente frente a delitos complejos como la corrupción o el narcotráfico.
La combinación entre un tono técnico y una puesta en escena más empática le permitió establecer una dualidad estratégica: ser percibida al mismo tiempo como una autoridad firme y una persona accesible. Esta fórmula buscaba no solo sostener la legitimidad institucional, sino también conectar emocionalmente con sectores ciudadanos que exigen justicia, pero desconfían de los canales tradicionales.
Salazar deja un legado complejo. Por un lado sentó precedentes en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado. Por otro, su gestión evidenció la fragilidad de la independencia judicial frente a presiones políticas y una excesiva mediatización.
El resultado fue una figura pública que desbordó los límites convencionales del cargo. Salazar reconfiguró el rol del fiscal en el espacio mediático, al convertir la comunicación en una herramienta clave de gestión. Sus acciones dividieron opiniones: mientras unos valoraban su transparencia y valentía, otros cuestionaban su protagonismo como una forma de exposición política. No obstante, su capacidad para instalar temas en la agenda pública marcó un antes y un después en la relación entre justicia, opinión pública y medios digitales en Ecuador.
La salida de Salazar deja un legado complejo. Por un lado, sentó precedentes en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado. Por otro, su gestión evidenció la fragilidad de la independencia judicial frente a presiones políticas y una excesiva mediatización, la misma que puede explicarse dado que los casos que impulsó o que dejó en la carpeta, son en su absoluta mayoría, producto de la delincuencia política. Es imposible, a estas alturas en un mundo globalizado y definido por la espectacularidad y la opinión en redes digitales, no ejercer la política también en esa esfera.
Serias acusaciones sobre fraguar casos, manipular los procesos, decidir inculpaciones “a la carta”, o favorecer a personajes políticos, están por aclararse.
El nuevo fiscal general enfrentará el desafío de continuar las investigaciones iniciadas, restaurar la confianza en la independencia de la Fiscalía y garantizar su autonomía frente a intereses políticos. La imagen de su antecesora, difícilmente se olvidará pronto. “Ecuador tuvo por primera vez a una fiscal general perteneciente a un grupo históricamente discriminado”. Esta afirmación subraya su condición de mujer afroecuatoriana y su papel pionero en la historia judicial del país. Diana Salazar será recordada como la fiscal que humilló al intocable correísmo. Su historia no ha terminado todavía.

