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Elecciones en EE.UU.: polarizadas y empatadas

La reñida campaña no deja margen para las especulaciones, pues todo se definirá a último minuto. Fotos AP y Getty Images

Hay que imaginarse estos escenarios: un país polarizado, con los dos aspirantes favoritos luchando codo a codo por ganar los votos; a uno de ellos le han intentado asesinar dos veces y se presenta en las tarimas bailando, insultando y amenazando a los migrantes con arrasarlos y deportarlos masivamente, mientras que su única agenda política se basa en argumentos poco convincentes y fake news, como decir que los extranjeros de ciertas zonas del país “se comen a los gatos” o una más reciente, cuando un cómico afín al expresidente dijo en un mitin en Nueva York que “Puerto Rico es una isla flotante de basura”.

El comediante Tony Hinchcliffe en un mitin del expresidente Donald Trump el 27 de octubre en el Madison Square Garden de Nueva York. Foto: Peter W. Stevenson. The Washington Post vía Getty Images

A lo anterior súmese una candidata que reemplazó a su antecesor que es el presidente y quería reelegirse, pero se tuvo que retirar por una incapacidad manifiesta para gobernar. Ella defiende los derechos de las mujeres, como el de abortar, tiene orígenes afro y de la India que, pese a ello, por tener un esposo judío, apoya el ataque de Israel al Líbano, a Hezbolá y al movimiento Hamás en Palestina y que ocupó ese lugar porque el candidato original estaba pasado de edad y no hilaba adecuadamente sus discursos, mientras se quedaba dormido en algunos eventos, tropezaba y mostraba incoherencias en sus actuaciones.

Si esto ocurriera en cualquier país del tercer mundo, se lo denominaría como populismo, demagogia y polarización, y muchos analistas dirían que se está poniendo en peligro la “frágil democracia del país” y probablemente estos candidatos estarían en la mira de los organismos electorales para verificar cuál es su estado normal. Haría falta también que se envíe a ese país observadores internacionales, porque se ha llegado en las encuestas a lo que los expertos denominan “empate técnico”.

Si esto ocurriera en cualquier país del tercer mundo, se lo denominaría  populismo, demagogia y polarización, y muchos analistas dirían que se está poniendo en peligro la “frágil democracia del país”.

Uno de los candidatos es Donald Trump, el dicharachero ex outsider que ahora enarbola la bandera del partido Republicano —a despecho de muchos partidarios, que anuncian que votarán por Kamala Harris— y que busca su reelección luego de un período, tras haber incitado a sus seguidores a tomar por asalto el Capitolio en enero de 2021, tras no haber reconocido su derrota ante Joe Biden y que a estas investigaciones que se le siguen a Trump se agregan otras por haber pagado a mujeres para que mantengan su silencio luego de haberle hecho favores sexuales a “el Donald”.

Los carteles que proclaman que «Trump ha ganado» (es decir, las elecciones presidenciales de 2020) son legión en los mítines del expresidente, como aquí en enero de 2022 en Arizona. Mario Tama/AFP

Entretanto, la actual vicepresidenta, Kamala Harris, en cuya familia aparecen no solo migrantes de la India y Jamaica, sino también militantes de los movimientos negros de resistencia (black power) en las décadas de los 60, 70 y 80 del siglo pasado y su padre que fue simpatizante del socialismo, mientras dictaba clases en Stanford. Fue una fiscal con altibajos en sus actuaciones en California y tuvo que aceptar la candidatura demócrata, porque Joe Bien demostró que no estaba capacitado para intentar un segundo mandato, por su edad y otras razones de salud.

Entre septiembre y octubre del 2024, una decisión metodológica parece haber producido dos universos paralelos de encuestas que, por un lado, hablan de que Kamala Harris lidera por escaso margen en el voto popular nacional contra Donald Trump e incluso mantiene una ligera ventaja en los estados del norte. Pero las cifras son muy parecidas a las de las elecciones de 2022.

Por el otro lado, Harris tiene una clara ventaja en el voto nacional, pero los campos de batalla están apretados, como en las elecciones de 2020, en una contienda presidencial muy reñida. Encuestas del diario The New York Times muestran que Kamala Harris y Donald Trump están empatados en los siete estados disputados más importantes.

Un empate técnico en las encuestas

Es difícil pensar en unas elecciones donde tantos Estados clave estuvieran tan parejos en las encuestas. Hasta cuando se escribían estas líneas, Las diferencias entre Harris y Trump no superan los tres puntos (50 a 47 %). Esta división se explica casi en su totalidad al considerar que un encuestador utiliza la “ponderación del voto retrospectivo”, lo que significa tratar de tomar en cuenta la forma en que los ciudadanos votaron en las últimas elecciones.

El encuestador pregunta si votaron por Biden o Trump. Luego, con una técnica estadística de ponderación, donde los encuestadores dan más o menos “peso” a los encuestados de diferentes grupos demográficos, para que cada grupo represente a su porcentaje real de la población. En este caso, el investigador pondera el número de votantes de Biden ’20 o Trump ’20 para que coincida con el resultado de las últimas elecciones.

Kamala Harris es vicepresidenta de los Estados Unidos. Aquí en una foto con el presidente Joe Biden. Foto: AP

Por años se dijo que este enfoque era erróneo y los encuestadores lo evitaron, pero hoy lo usan para asegurarse de tener suficientes partidarios de Trump tras los sondeos errados de 2016 y 2020. La elección es una línea divisoria entre los encuestadores y ayuda a explicar el golpe que los observadores de encuestas reciben día a día. Por eso, dos tercios de las más recientes encuestas ponderaron el voto retrospectivo.

Una consecuencia importante es que consigue que los resultados de los sondeos se parezcan más a los resultados de las elecciones de 2020. Las encuestas que no lo hacen, incluidas las del New York Times/Siena College, tienen más probabilidades de mostrar cambios claros respecto a las de hace cuatro años.

Es difícil pensar en unas elecciones donde tantos Estados clave estuvieran tan parejos en las encuestas. Hasta cuando se escribían estas líneas, Las diferencias entre Harris y Trump no superan los tres puntos (50 a 47 %).

Aunque las diferencias entre los dos grupos de encuestas son pequeñas, se suman a dos historias diferentes de las elecciones. Las encuestas que no tienen en cuenta el voto anterior muestran resultados más parecidos a los comicios de medio término de 2022 que a las últimas elecciones presidenciales. También muestran que la ventaja de Trump en el Colegio Electoral, respecto al voto popular, disminuyó en los últimos cuatro años. Las encuestas ponderadas en función del voto pasado muestran una repetición de 2020.

La lucha por los votos

En el enfrentamiento entre Harris y Trump, ambos tienen consolidados algunos Estados catalogados como seguros, pero necesitan algunos más para llegar a los 270 votos requeridos por el sistema de los colegios electorales. Hay siete Estados donde la votación estuvo reñida en 2020 o en los sondeos actuales. Hasta el más mínimo cambio en las encuestas tiene mucha importancia e incluso un pequeño error puede llevar a un resultado distinto.

Si las encuestas vuelven a subestimar a Trump, aunque sea por escaso margen, él ganaría fácilmente los Estados disputados del norte y, por tanto, la presidencia. O podría pasar lo contrario: las encuestas que subestimaron a los demócratas en 2022 permitirían a Harris ganar con facilidad, aunque sea sutilmente.

El camino de Trump ha sido ir por los Estados clave, pero un cambio o fallo en las encuestas a su favor no sería imposible pero tampoco está garantizado. En cambio, Harris podría ganar por un margen mucho mayor en el colegio electoral si las encuestas la subestiman por poco margen.

Los mayores cambios se han dado en Míchigan y Wisconsin. Pero “mayores” no significan “grandes”. Trump ganó un solo punto, que podría ser fundamental en unas elecciones tan divididas, pero no digno de mención en ciclos anteriores. Es un cambio lo suficientemente pequeño como para que una o dos encuestas de alta calidad a favor de Harris puedan hacer que sus números suban.

A pocos días de las elecciones, “el promedio de encuestas de The New York Times muestra que Kamala Harris y Donald Trump siguen empatados en los siete principales Estados disputados, con menos de un punto porcentual en cinco de ellos”.

Es difícil pensar en unas elecciones en las que tantos Estados en disputa estuvieran tan igualados en las encuestas. El periodista de The New York Times, Nate Cohn, ha analizado lo reñido de la contienda electoral entre Trump y Harris. A pocos días de las elecciones, programadas tradicionalmente para el primer martes de noviembre (el super martes) cada cuatro años, “el promedio de encuestas de The New York Times muestra que Kamala Harris y Donald Trump siguen empatados en los siete principales Estados disputados, con menos de un punto porcentual en cinco de ellos”.

Cohn agrega: “según nuestros cálculos, 2004 fue la última elección en la que las encuestas mostraban a un candidato encabezando los Estados decisivos por alrededor de un punto: la ventaja de George W. Bush en Estados como Ohio y Wisconsin. Pero incluso entonces era una ventaja perceptible, aunque estrecha, en el Colegio Electoral: John Kerry necesitaba arrasar en la mayoría de los Estados reñidos para imponerse. Esas encuestas no podían calificarse de empate, como las de hoy”.

¿Antes de 2004? Las elecciones de 2000, por supuesto (cuando se definió las diferencias entre George W. Bush y Al Gore en el colegio electoral de Florida), pero los sondeos no fueron tan parejos como el resultado real. Si buscamos aún más atrás, es difícil encontrar algo parecido. Nunca ha habido unas elecciones con tantas encuestas que indiquen una contienda tan reñida.

La encuestadora que más inclinó el promedio hacia Trump es Quinnipiac, que le dio una ventaja de tres puntos en Míchigan y dos en Wisconsin. En ambos casos hubo un cambio notable respecto al sondeo anterior, en una encuestadora que no ha sido favorable a los republicanos.

NBC News tiene la contienda empatada, bajando de una ventaja de cinco puntos para Harris hace unas semanas, mientras que ella lideró por dos puntos en la encuesta de ABC News, con una caída de seis puntos. Si bien estas encuestas hicieron retroceder la ventaja de Harris bajo los tres puntos en todo el país, hubo otros sondeos que no apoyaron ningún movimiento hacia Trump y que incluso mostraron que Harris ganaba en relación con mediciones anteriores, incluidos sondeos de Pew Research, CBS News/YouGov y la encuesta nacional Times/Siena.

NBC News tiene la contienda empatada, bajando de una ventaja de cinco puntos para Harris hace unas semanas, mientras que ella lideró por dos puntos en la encuesta de ABC News, con una caída de seis puntos.

Los datos sugieren que la contienda parecía haberse inclinado ligeramente hacia Trump, pero se trata de un cambio tan pequeño que podría no ser más que ruido estadístico. Si otras encuestas mostraran lo mismo, habría una explicación directa: el modesto repunte de Harris tras el debate desapareció con el paso del tiempo y semanas de noticias agitadas.

En las últimas semanas ha habido muchas encuestas de tendencia republicana, incluidas empresas investigan para la campaña de Trump. La situación se parece un poco a lo que pasó antes de las legislativas de 2022, cuando muchas encuestadoras conservadoras inundaron los promedios en la recta final y crearon una impresión de crecimiento. Pero, hasta ahora, la ola de encuestas republicanas no logró ningún movimiento importante en los promedios.

Respecto a cómo cambiarían los promedios de las encuestas del Times sin las encuestas de tendencia republicana, uno de los factores es que los resultados de las encuestas republicanas no son muy diferentes de los de las encuestas no partidistas. En 2022, las encuestas no partidistas mostraban a los demócratas por delante en contiendas clave para el Senado, mientras que las republicanas tenían otra historia.

Ahora las encuestadoras republicanas muestran a Trump delante —con un solo punto porcentual en Estados clave—, mientras que las encuestadoras no partidistas muestran un empate. La diferencia no es muy grande; las últimas encuestas de Quinnipiac, por ejemplo, eran mejores para Trump que las de sus propias encuestadoras. Históricamente, las encuestas partidistas, sin transparencia metodológica y encuestadoras con un historial débil (rasgos que van juntos) producen resultados menos precisos y sesgados y, en consecuencia, tienen menos peso.

Los promedios también han intentado tener en cuenta si una encuesta está patrocinada por partidarios, lo que puede anular el sesgo partidista de cualquier encuesta patrocinada y se dan casos en los que hace más que anularlo. Las encuestas publicadas por las encuestadoras de la campaña de Trump o el Grupo Trafalgar, por ejemplo, inclinaron otros promedios ligeramente (por una décima de punto) hacia Harris, porque no eran favorables a Trump después de considerar la inclinación de una encuesta partidista.

Una última diferencia es que hay más encuestas no partidistas. En la última semana de la campaña de 2022 hubo pocas o, en algunos casos, ninguna encuesta no partidista en estados clave. Actualmente no ha habido muchas encuestas no partidarias, pero hay suficientes para anular el efecto limitado de las encuestas que sí lo son.

¿Hasta qué punto se equivocan las encuestas?

Es normal que las encuestas no coincidan con los resultados finales, a veces por cantidades considerables. En 2016 y 2020, las encuestas subestimaron a Trump, pero en 2012 subestimaron al demócrata Barack Obama y en 2022 los demócratas superaron los promedios de las encuestas en varias elecciones de medio mandato. Los errores de sondeos anteriores pueden dar una idea de la magnitud en la que los promedios actuales podrían estar equivocados, pero no son una garantía de en qué sentido pueden estar erradas las encuestas actuales.

En cada una de estas encuestas influyen los promedios mostrados previamente. Las encuestas de “encuestadoras selectas”, que cumplen ciertos criterios de fiabilidad, pesan más. Se puede filtrar por Estado, alternar para mostrar solo a las encuestadoras seleccionadas y elegir enfrentamientos directos o a tres bandas. Algunas encuestas pueden incluir respuestas de “indecisos” u otros candidatos. Los márgenes se calculan usando porcentajes de votos sin redondear.

Los sondeos de “encuestadoras selectas” se muestran con un rombo. Estas encuestadoras tienen antecedentes de ser más fiables. También se marcan los sondeos realizados por o para organizaciones partidistas, que a menudo publican solo los resultados favorables a su causa.

Entre finales de julio y en agosto, Harris avanzó con paso firme. Estos avances se detuvieron en septiembre y octubre, lo que sugiere que ya consolidó un apoyo potencial y no iba a ser fácil conseguir nuevos apoyos. Si ni siquiera el consenso en torno a su victoria en el debate pudo mover el marcador, es difícil ver qué factor lograría acarrear a cualquiera de los candidatos una ventaja en las encuestas de la recta final.

Tras la sensacional recuperación de Harris gracias a la sorpresa de la retirada de Biden, la cobertura mediática que tuvo ella por más de un mes, y el debate presidencial, los márgenes de aceptación del expresidente Trump han vuelto a subir.

Por un puñado de votos

El futuro de EE. UU. se juega en un puñado de votos. Aunque las encuestas de las últimas semanas son numerosas, son pocas en comparación con la amplitud del universo y su heterogeneidad: 50 Estados, algunos tan grandes como un país europeo y otros muy pequeños pero decisivos para el resultado final porque son parte del pequeño grupo de Estados indecisos. Cómo mezclar componentes es un enigma para el cual cada medio de comunicación importante -con sus expertos- tiene su receta. Qué datos del pasado sirven y cuáles no; cómo privilegiar los datos más recientes sobre los anteriores se ha vuelto una especialidad casi esotérica.

Más allá de estas incógnitas, hay dos tendencias donde existe una convergencia congruente, aunque no unánime. Primera: Trump parecería estar a la cabeza. Tras la sensacional recuperación de Harris gracias a la sorpresa de la retirada de Biden, la extraordinaria cobertura mediática que tuvo la vicepresidenta por más de un mes y el debate presidencial. Sin embargo, los márgenes de aceptación del expresidente han vuelto a subir. Se trata de una tesis apoyada abiertamente -con dudas- por The Economist y que puede leerse entre líneas en medios de tendencia demócrata.

Otro obstáculo es la segunda tendencia: las encuestas a menudo fallan. Y los fracasos más estruendosos fueron en las dos últimas elecciones, lo que podría dar rienda suelta al escepticismo -o esperanza- del bando que actualmente va perdiendo. En ambos casos se subestimó el voto a favor del candidato republicano. ¿Esos errores podrían funcionar ahora a favor de Kamala Harris?

Esta hipótesis se ve respaldada por un alto porcentaje de indecisos (un 15% de la muestra). Y, sobre todo, el hecho de que las diferencias entre ambos candidatos permanecen muy estrechas. En los siete Estados indecisos, la ventaja para uno u otro no es de más de dos puntos. El margen de error estadístico de las encuestas se mantiene en el 3 %.

Por eso, hay que tener cuidado de no olvidar que no es seguro —de hecho, incluso improbable— que el veredicto vaya a ser aceptado por el/la que resulte perdedor/a y todo se definirá el martes 5 de noviembre frente a las urnas y en los colegios electorales, con resultados de último minuto.

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