El populismo entró en EE. UU., pese a las normativas de los padres fundadores de ese país que buscaban impedir, con el sistema de colegios electorales, que lleguen al poder personajes de fuera del establishment, sin antecedentes políticos y con un pasado lleno de controversias en sus negocios inmobiliarios en Nueva York. El outsider que, a pesar de haber sido ya presidente y terminar de forma polémica su mandato, ha seguido siendo alguien incómodo para el sistema político, que no pudo impedir su ascenso, su posterior caída y ahora, su resurrección.
Donald Trump es como un ave fénix que emerge de las cenizas. Que, a pesar de estar investigado en 34 casos en los cuales se le imputa el cometimiento de algunos delitos, que pudo ser electo estando en la cárcel, que evitó dos atentados contra su vida al inicio de la campaña, que se sobrepuso al crecimiento de su rival, Kamala Harris, 23 años más joven que él. El más anciano candidato electo, en una surrealista elección -donde se presentó tras haber perdido la anterior ante Joe Biden-, siendo el segundo mandatario -después de Grover Cleveland- que se lanzó por dos ocasiones a la presidencia y la ganó en ese segundo intento.
Bajo los parámetros estadounidenses, un candidato con esas características no sería una opción viable a la presidencia. Pero, hay casos en estas, a las que muchos políticos del primer mundo denominan “repúblicas bananeras”. De la cárcel a la presidencia: Carlos Julio Arosemena en el Ecuador en 1962 marcó un primer hito. Presidentes o candidatos indiciados que se lanzan a la reelección y obtienen el favor popular, como la expresidenta argentina Cristina Fernández o su par brasileño Lula da Silva, que estuvo preso y sentenciado y hoy vuelve a gobernar Brasil. Pero, es Estados Unidos…
Donald Trump vuelve al poder, recargado, abriendo paso a una nueva era de incertidumbre. Pesarán mucho sus promesas, como las deportaciones masivas de migrantes ilegales, sus anuncios de aumento de aranceles a México para que la nueva presidenta, Claudia Scheimbaun, impida que su país sea sitio de paso para la migración, su amistad nunca negada con el autócrata ruso Putin y las incertidumbres que genera su presencia, con un antecedente: su primera presidencia, cuando la primera potencia del mundo marcó una etapa de aislacionismo y proteccionismo para Estados Unidos.
Para derrotar a la vicepresidenta Kamala Harris, Trump volvió a apelar al temor a los migrantes y a los problemas económicos. El polémico personaje arrasó con sus rivales en las primarias republicanas y consolidó un llamativo voto popular en sectores antes afines al partido demócrata -afroamericanos y latinos-, lo que supondría una contradicción que, ante las realidades que dejan las elecciones y la designación en los colegios electorales, marcan una especie de hastío de los estadounidenses ante una política de intervencionismo, pero asimismo, por la pérdida de hegemonía estadounidense en el mundo.
Los estadounidenses votaron nuevamente al expresidente Donald J. Trump para el cargo más alto del país pese a haber instigado un motín en el Capitolio para bloquear su salida del poder hace cuatro años. Trump ya demostró tener muy poco respeto por los controles y contrapesos que definen al gobierno estadounidense desde sus inicios como nación.
Tras la derrota de la vicepresidenta Kamala Harris a manos de Trump, el país enfrentará cambios que trascienden las líneas políticas y culturales. Los republicanos demostraron su fuerza tomando el control del Senado y la Cámara de Representantes. Además, Trump tiene una mayoría de jueces afines en la Corte Suprema. Los tres poderes del Estado bajo la sombra de una sola persona.
La nación será gobernada por los caprichos e impulsos de un presidente poco interesado en los detalles de la política, que será inflexible en cuestiones polémicas como el derecho al aborto, impuestos, la inmigración y la política exterior, pero también en el nombramiento de jueces amigos y magistrados de la Corte Suprema.
Su círculo de aliados influyentes incluye a personajes como el senador J. D. Vance, de Ohio, un ex militar que será el más joven vicepresidente electo de la historia; el multimillonario tecnológico Elon Musk, propuesto para ocupar un cargo en el gobierno, y Robert F. Kennedy Jr., un teórico de la conspiración antivacunas.
La democracia estadounidense está ahora en tensión porque Trump ya intentó minar la independencia de la justicia. En su primer mandato exigió lealtad personal a los funcionarios del ejecutivo y despidió a los que se resistieron a sus exigencias. Con la experiencia de esos cuatro años, Trump regresa con una lista de funcionarios más dispuestos a ayudar, como el senador Marco Rubio, probable secretario de Estado o de Defensa.
Su círculo de aliados influyentes incluye a personajes como el senador J. D. Vance, de Ohio, un ex militar que será el más joven vicepresidente electo de la historia y que es autor de libros y puede jugar un rol en el surgimiento de una nueva corriente conservadora; el multimillonario tecnológico Elon Musk, propuesto para ocupar un cargo en el gobierno; y Robert F. Kennedy Jr., un teórico de la conspiración antivacunas, que podría ser nominado para manejar la secretaría de salud.
Trump ya fomentó la violencia política y prometió utilizar las fuerzas armadas de EE.UU. contra sus oponentes internos. La relativa estabilidad en asuntos internos e internacionales de los últimos cuatro años puede desaparecer, reemplazada por un presidente volátil e impetuoso que a menudo actúa sin tomar en cuenta los precedentes nacionales.
Trump elogia a líderes autoritarios como los de China, Corea del Norte y Rusia (se jacta de su amistad con Vladimir Putin) y menosprecia a los aliados democráticos de EE. UU. en Europa y Asia. Su anuncio de hace algunos meses de dejar la OTAN, a menos que los países europeos se igualen en sus cuotas pone en riesgo a la ya frágil alianza militar. Se prevé que disminuya la ayuda a Ucrania frente a la invasión rusa, que dura más de dos años. El conflicto en Oriente Medio podría inclinarse en favor de otro de sus amigos, el primer ministro israelí Netanyahu, poniendo un escenario más tenso en el conflicto en Gaza, Líbano y frente a los grupos terroristas Hamás y Hezbolá.
Vale mencionar que Trump hizo campaña frente a un cartel que decía “deporten a los ilegales ahora”. Promete un arancel del 20 % a los bienes importados. Un gobierno de Trump puede restringir severamente o prohibir el aborto y podría nombrar jueces federales y fiscales e incluso desvanecer las acusaciones en su contra que se ventilan en algunas cortes de justicia.
Si bien el partido de Trump perdió o tuvo un bajo desempeño en todas las elecciones importantes desde su victoria en 2016, es la fuerza más poderosa de la política estadounidense. Derrotó a todos los republicanos que lo desafiaron en las primarias y el demócrata que logró derrotarlo en 2020 tuvo que retirarse de la contienda por su avanzada edad.
Trump fue acusado penalmente cuatro veces, condenado una vez, por ser responsable de agresión sexual, ha mentido muchas veces, por lo que mantuvo activos a los verificadores de datos. Los últimos días de su campaña dio espacio a chistes racistas y usó un lenguaje amenazante contra sus oponentes políticos.
Las razones de una victoria
La vicepresidenta Kamala Harris llevó a cabo una campaña disciplinada pero no pudo distanciarse de la impopular administración de Joe Biden. Por eso, las recriminaciones no solo son para Harris, sino para el presidente saliente, muy impopular entre los votantes y a quien Trump bautizó como “sleepy” Joe, por su tendencia a distraerse o quedarse dormido en eventos. Por más de un año, los principales demócratas, incluida Harris, rechazaron lo que los votantes del partido pidieron: que el octogenario Biden no se postule nuevamente.
Aunque Harris reemplazó a Biden y tuvo un crecimiento importante en las primeras semanas, el actual mandatario siguió siendo un lastre. A pesar de que Harris dijo que su gobierno era una vuelta a la página y sería diferente, no pudo revertir las tendencias previas. Por lo anterior, Estados Unidos seguirá esperando una mujer presidenta, como pasó en 2016 con Hillary Clinton. Harris no hizo del género ni de la raza (hija de jamaiquino y su madre del sur de Asia) un valor agregado en su corta campaña, donde buscó descalificar a Trump y presentarse como el rostro de una nueva generación de políticos. Nada funcionó contra Trump.
Muchos de los juicios e investigaciones federales contra Trump quedarían archivados. Jack Smith, el fiscal especial que dirigió las pericias federales sobre Trump, podría ser despedido y no se duda que un fiscal general designado por el presidente electo retiraría los cargos tras su confirmación. A fines de noviembre está prevista una audiencia de sentencia contra Trump en las cortes de Manhattan, pero todo está por verse.
A diferencia de cuando asumió el cargo en 2017, tendrá un Congreso lleno de miembros que respaldan su estilo y su política. Aunque la mayoría republicana en el Senado tiene dos moderadas, Susan Collins, de Maine, y Lisa Murkowski, de Alaska, Trump podría prescindir de sus votos para aprobar políticas radicales en el nuevo Senado.
Un país republicano
Trump ganó en Florida por alrededor de 13 puntos porcentuales, 10 más que en 2020. Texas también se movió en 10 puntos a su favor. Ganó en Ohio por 11 puntos, tres más que en 2020. Los estados azules también cambiaron de posición. Nueva York avanzó 13 puntos hacia Trump y Virginia avanzó seis puntos en su dirección.
El expresidente lo logró en medio de una campaña polémica y abiertamente racista, marcada por dos atentados contra su vida, pero subrayando que la culpa de la inflación postpandemia era de Biden y Harris. Trump apostó por la publicidad antitransgénero y dijo que las élites demócratas despreciaban a sus partidarios.
La América rural votó masivamente. El dato de muchas iglesias, sectas y grupos religiosos volcándose a la candidatura republicana marca las pautas de una insólita participación de mormones, evangélicos, protestantes, testigos de Jehová o la comunidad Amish (reacia a todo lo que tiene que ver con avances tecnológicos) que acudieron a las urnas, en algunos casos, por primera vez, y le dieron el voto a Trump.
Otro factor decisivo fue el de las —cuestionadas por Trump— votaciones por correo, que son un adelanto de las elecciones que se llevan a cabo un mes antes del primer martes de noviembre. El presidente electo había dicho en 2020 que el voto postal lo perjudicó. Ahora, más bien, los hechos demostraron lo contrario.
No fue una apuesta acertada cuando Harris nombró al gobernador de Minnesota, Tim Walz, como su binomio, para acercarse a las poblaciones rurales e intentar revertir una tendencia que ya se marcaba desde el 2016. Las comunidades blancas de las zonas apartadas no se movieron de su posición y votaron por Trump.
Se viene un período de incertidumbre
Tras la victoria de Trump, muchos demócratas consideran al presidente Biden como un presidente de un solo mandato que llevó a su partido al fracaso. Ahora, Trump fungirá como el presidente número 47 cuatro años después de abandonar a regañadientes el cargo como mandatario número 45. Es el primer político desde Grover Cleveland, a fines del siglo XIX, en perder la reelección a la Casa Blanca y postularse nuevamente con éxito.
A los 78 años, Trump es el hombre de mayor edad en ser elegido presidente y rompió el récord su antecesor Joe Biden, cuya competencia mental Trump atacó. Su victoria inaugura una era de incertidumbre para la nación. Pero, a pesar de todo esto, los índices bursátiles de Wall Street registraron un incremento tras conocer la victoria del magnate inmobiliario.
Algunos de los mandatarios de los países de la tendencia conservadora saludaron su triunfo: el argentino Javier Milei, el salvadoreño Najib Bukele, el húngaro Viktor Orban o la italiana Giorgia Meloni. También lo hizo el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, que retiró de la embajada en París a Ivonne Baki, quien probablemente volverá a dirigir la misión diplomática del país en Washington.
El futuro ahora depende de quién buscó socavar el Estado de derecho e inspirar un ataque al Capitolio en 2021, que amenaza con mandar a la cárcel a sus adversarios políticos y fue denunciado por excolaboradores por ser fascista. Para sus seguidores, las provocaciones de Trump son su principal fortaleza.
La campaña de Harris advirtió que un segundo mandato de Trump sería “desquiciado, inestable y descontrolado”, pero los votantes no atendieron ni sus advertencias ni las de algunos de los exfuncionarios de mayor rango y asesores militares de Trump, que dieron fe de sus instintos autocráticos.
Las encuestas previas mostraban un país dividido en función del género. Los hombres, incluidos muchos jóvenes, impulsaron la popularidad de Trump, mientras que las mujeres sostuvieron a Harris. Fueron las primeras elecciones en las que un candidato principal es un convicto juzgado. Pero los delitos de Trump raramente fueron abordados por Harris.
Dueño de discursos grandilocuentes, Trump siempre habla en forma exagerada de sus performances electorales. En su discurso de victoria en West Palm Beach, Florida, dijo que era el líder del “más grande movimiento político de todos los tiempos”. Agregó que “superamos obstáculos que nadie creía posibles”, dijo, y añadió que asumiría el cargo con un “mandato sin precedentes y poderoso”. Algo parecido a lo que dijo en 2016.
Ahora, Trump promete un rediseño total del gobierno, impulsado por sus promesas de “retribución” y de erradicar a los opositores internos que él considera “enemigos internos”. Ofrece la mayor ola de deportaciones de la historia de EE. UU., insinuando que desplegará tropas al interior del país, propone amplios aranceles y defiende la mayor concentración de poder en la historia de la presidencia estadounidense.

