El anuncio presidencial causó sorpresa. A su retorno de Arabia Saudita, la monarquía petrolera del Golfo Pérsico, el presidente Rafael Correa anunció la construcción de un centro islámico en la Mitad del Mundo, con el argumento de que la civilización islámica debe ser conocida y difundida.
No obstante, no es la primera vez que el Ecuador de Correa mira hacia los países musulmanes en busca de tenderles la mano. Ecuador se aproximó a Irán, la República islámica por excelencia, con la que se concretó la apertura de embajadas. El presidente Rafael Correa miró también hacia Qatar, el rico emirato petrolero del Golfo Pérsico, y asistió a una reciente cumbre entre los países árabes y América Latina, en la que propuso un acuerdo que permita evitar la baja de los precios del petróleo. Solo dos presidentes latinoamericanos estuvieron presentes: Correa y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Lo sorprendente es que el Gobierno correísta, más que de ecumenismo religioso, ha hecho profesión de fe católica romana, como se verificó durante la visita del papa Francisco a Ecuador.
Una confesión minoritaria
En 2012, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) determinó que, en el Ecuador, había más ateos que fieles islámicos. En efecto, según la encuesta de filiación religiosa publicada por el INEC en su portal, en donde se encuestó a 13.211 personas en las ciudades de Quito, Guayaquil, Cuenca, Machala y Ambato, el 92% de los encuestados sostuvo que tenía una religión, frente al 8% de ateos y agnósticos.
De entre los creyentes, había un 80.44% que se declararon cristianos católicos, un 11.30% cristianos evangélicos, el 1,29% eran testigos de Jehová, el 0.37% mormones, el 0.29% budistas, el 0,26% eran judíos, y el 0.12% se declararon espiritistas.
En la encuesta del INEC se agrupó en un 5.92% a religiones como el Islam, el hinduismo, las indígenas, las afroamericanas, pentecostales y otras.
“Estamos proponiendo crear un centro islámico para conocer más de cerca el islam, que es más que una religión, sino una civilización” dijo el presidente Rafael Correa.
Pero a pesar de la mínima presencia del Islam en el país, el presidente Correa precisó: “Estamos proponiendo crear un centro islámico para conocer más de cerca el islam, que es más que una religión, sino una civilización”.
El presidente agregó que «se va a dar la apertura de embajadas, de Arabia en Quito y de Ecuador en Riad. Hablamos de la construcción de un centro islámico que estaría ubicado en la Mitad del Mundo, cerca de Unasur. Ojalá tengamos centros de diferentes civilizaciones» y confirmó su apoyo a Palestina en estos términos: «Desde que empezó el problema israelí–palestino, Ecuador apoyó siempre el derecho y la causa palestina porque ellos tienen la razón. No hay nada que agradecer. Es cuestión de justicia. Queremos mucho al pueblo de Israel. Admiro a este pueblo que hizo florecer el desierto. Un pueblo masacrado en la Segunda Guerra Mundial. Pero reprodujeron lo que ellos sufrieron. Pero Palestina tiene derecho a vivir como país soberano», dijo a propósito de su reunión con el jefe de la Autoridad Palestina, la autoridad Palestina Mahmoud Abas.
Sobre sus objetivos al visitar Arabia Saudita, Correa precisó: «La idea central es que entre las dos regiones haya relaciones de complementariedad. Hay que hacerlos que vean hacia América Latina. A veces tenemos prejuicios contra el Islam. Debemos acercarnos como naciones».
En el norte de Quito funciona esta mezquita, de confesión sunita, que es la practicada en Arabia Saudita.
Entre el antiyanquismo y la crisis
Pero ¿cuáles son las motivaciones de estos acercamientos del régimen correísta con Palestina, Irán y ahora Arabia Saudita?
Para el profesor de la Universidad de los Hemisferios, Daniel Crespo, hay algunas consideraciones que hacer al momento de evaluar la cercanía del correísmo al Islam.
En su criterio, hay algunas fases de ese acercamiento. En primer lugar, la cercanía al chavismo que buscó acercarse a Irán (de confesión chiíta) y que condenó las acciones del Estado de Israel. De ahí que el régimen de Correa se sumó también a esa línea, buscando la apertura de embajadas en los dos países y la creación de un Centro Cultural Ecuatoriano-Iraní. Crespo precisa que los chiítas de Irán son una minoría en el mundo islámico, que se declara sunita. Sunitas y chiítas tienen una distinta interpretación de la fe mahometana, por lo que se han enfrentado en conflictos armados y religiosos.
Para Crespo, se buscó ese acercamiento debido a la postura de Irán de criticar a Estados Unidos, con la que se había comprometido la Venezuela de Hugo Chávez.
Un segundo momento fue el acercamiento a países árabes del Golfo Pérsico, como Qatar, y una aproximación a las monarquías del Golfo, que constituiría la tercera fase.
Pero la aproximación a Arabia Saudita tiene varios problemas, para Crespo. En primer lugar, Arabia Saudita, a diferencia de Irán, es un país aliado de Estados Unidos en el Golfo Pérsico, pues la monarquía saudita se opone a las políticas y visiones religiosas de Irán. Es por ello que Arabia se ha mostrado más cercana a Estados Unidos, lo que ha motivado críticas más bien tibias a la política de derechos humanos de ese país.
«Ecuador se quiso colocar en una postura antihegemónica, y es una tremenda contradicción que ahora busque acercarse al mayor aliado árabe de Estados Unidos», señala Crespo.
«Ecuador se quiso colocar en una postura antihegemónica, y es una tremenda contradicción que ahora busque acercarse al mayor aliado árabe de Estados Unidos», señala Daniel Crespo.
Para el catedrático, hay violaciones sistemáticas de derechos humanos en Arabia Saudita, en donde impera la más radical interpretación del Islam cuyas normas se aplican. Por ejemplo, se sigue castigando con la muerte y la mutilación muchos delitos, al tiempo que se impide manejar a las mujeres so pena de castigos físicos. Está prohibida también la prédica del cristianismo, lo que lleva a pensar qué hace un «gobierno de izquierda revolucionaria como dice ser el de Correa acercándose a una monarquía absolutista y violadora de derechos humanos que está en las antípodas de Irán», afirma.
Las explicaciones de esta curiosa relación serían las «incoherencias de la diplomacia del Gobierno de Rafael Correa», además de la necesidad del país de tener financiamiento externo.
«El Gobierno ha dejado de lado la ideología para reemplazarlo por el pragmatismo financiero», precisa Crespo, quien advierte el interés de Arabia de que su versión del Islam se expanda por otros países. Así, la mezquita más grande de Buenos Aires fue financiada por Arabia Saudita, relata Crespo, quien cree que «no seria sorprendente que este centro cultural que se quiere construir en la Mitad del Mundo sea una condición para obtener financiamiento», debido a la crisis económica de nuestro país.
El Gobierno saudita, dice Crespo, tiene una clara intención de proselitismo religioso tras estas acciones, pero en Quito hay por lo menos cuatro mezquitas, de las que solamente una de ellas es de confesión chiíta, y está vinculada a Irán y a su Centro Cultural Ecuatoriano-Iraní. Las otras tres, en cambio, son más cercanas a la confesión que impera en Arabia Saudita.
Por lo pronto, Correa no ha anunciado todavía algún tipo de ayuda económica proveniente de Arabia Saudita, pero se busca un entendimiento con los países petroleros del Golfo para tratar de subir el precio del petróleo.

