—Veci, buenos días— me saluda la señora del local en el que imprimo los documentos.
—Buenos días, veci, rico solazo con el que amanecemos hoy– respondo a su saludo y añado mi comentario climático.
–Está clarito que es un sol de aguas– enfatiza, un poco atormentada.
Efectivamente, pasado el mediodía las nubes, escondidas tras las montañas, se van juntando y rellenando cuando están bien cargadas, los cumulus nimbus se van poniendo grisáceos y estrepitosamente se cae el cielo. Las alcantarrillas maltratadas no abastecen la cantidad de agua que se precipita sobre la ciudad y genera daños en las viviendas, las calles y túneles. Así mismo, en el campo, el clima trastocado, el exceso de sol y de lluvia, afecta los patrones productivos, genera tremendos incendios, aquí y en el mundo entero.
Con un planeta que arde y se inunda, el colapso climático que afecta a todas las naciones, los gobiernos de 190 países se reunieron, en la Cumbre Climática en Belém, Brasil, en la COP 30 (por sus siglas en inglés), para definir cómo se reducen las emisiones y se protege al planeta. Estados Unidos fue el gran ausente, no envío una delegación de alto nivel.[1]
Los temas centrales que se debatirán son: reducción urgente de emisiones, financiamiento climático justo, transición energética, protección de bosques tropicales y justicia climática con enfoque en pueblos indígenas y comunidades vulnerables.
En la lucha contra la crisis climática, gran parte de las negociaciones girarán alrededor del financiamiento. En el lanzamiento oficial del Fondo de Bosques Tropicales para Siempre, liderado por Brasil, se han comprometido 5.500 millones de los 125 millones que se requieren, solo 53 países adhirieron.[2]
Acordar la hoja de ruta para enfrentar esta crisis climática es sin duda el gran reto, más aún cuando el negacionismo climático, se instala en el debate público, con una agenda contra las políticas verdes. La red de think thanks ultraconservadores, de Atlas Network, tiene detrás a multimillonarios y fundaciones de derecha y grandes corporaciones petroleras, tabacaleras y farmaceúticas.[3]
Una importante representación de pueblos indígenas, movimientos ecologistas, sociales, sindicales, campesinos, mujeres, jóvenes del mundo se convocó en esta cumbre para fortalecer las voces y las soluciones colectivas, que definirán el futuro del planeta.
Es importante destacar que, por primera vez en la historia, esta cumbre se lleva a cabo en la Amazonía, un territorio que regula el clima mundial y sostiene una parte importante de la vida en el planeta. Esta cumbre visibiliza el corazón del conflicto climático y es un llamado urgente a proteger el mayor bosque tropical del planeta, desde el territorio mismo donde se libra esa batalla.
La Amazonía no es solo un ecosistema: es memoria, cultura, resistencia. Una importante representación de pueblos y nacionalidades indígenas, movimientos ecologistas, sociales, sindicales, campesinos, mujeres, jóvenes del mundo se convocó en esta cumbre para fortalecer las voces y las soluciones colectivas, que definirán el futuro del planeta.
La Amazonía no es una reserva de carbono, es un territorio de vida, declararon representantes de indígenas. La conservación del agua, los bosques y la vida, no son negociables. Los habitantes de la Amazonía, de los bosques y de otros ecosistemas, no somos víctimas, somos guías hacia un nuevo paradigma.[4] Patricia Gualinga, lideresa de Sarayaku, Ecuador, recordó que los pueblos indígenas siguen en primera línea defendiendo la vida y la naturaleza, y lo que significaría retroceder por los derechos de la naturaleza y los derechos colectivos en la Constitución.[5]
Los hitos en las reuniones paralelas de la sociedad civil en la COP30 giran en torno al 6to Tribunal de los Derechos de la Naturaleza, la Cumbre de los Pueblos y muchas actividades más. Participan alrededor de 15.000 personas en Belém para denunciar falsas soluciones, proponer alternativas desde los territorios y exigir justicia climática real.
Esta cumbre combina urgencia y esperanza. Urgencia por la aceleración de la crisis a nivel global y retrasos en la entrega de los planes de descarbonización; solo 64 países presentaron sus compromisos actualizados, para cumplir los Acuerdos de París; representan apenas el 21% de las emisiones globales. Sin esos compromisos el objetivo de limitar el calentamiento a 1.5 grados Celsius, se aleja cada vez más. Habrá esperanza si se logra avanzar en la transición energética, si los bosques tropicales pueden convertirse en motores de justicia climática, y si la Amazonía está al centro de las decisiones globales.
La COP30 y la consulta popular en Ecuador comparten una tensión profunda, las dos son ejercicios democráticos que definen el futuro; mientras en Belem se busca justicia climática para los territorios, la consulta enfrenta un clima de incertidumbre.
Se avecina la tormenta
Mientras en Belém el debate sobre justicia climática avanza, en Ecuador el clima de injusticias se hace sentir. En medio de cumulus nimbus, esas nubes densas y verticales que anuncian que se avecina la tormenta, se acerca la consulta popular y el referéndum. En Belém y en Ecuador, el cielo se carga de decisiones que pueden desatar una lluvia fértil o arrasar con derechos conquistados.
La COP30 y la consulta popular en Ecuador comparten una tensión profunda, las dos son ejercicios democráticos que definen el futuro, mientras en Belem se busca justicia climática para los territorios, la consulta enfrenta un clima de incertidumbre constitucional y desconfianza institucional.
Desde Belém se lucha por el planeta, y en Ecuador se busca fortalecer la democracia. La Constitución de Ecuador, al reconocer los derechos colectivos y de la naturaleza, lleva a la COP30 una visión biocéntrica y comunitaria que desafía el modelo extractivista dominante y propone una justicia climática con raíces territoriales.
Ambas coyunturas enfrentan una atmósfera cargada: decisiones que definen el rumbo de los territorios, los cuerpos y los ecosistemas. En Belém, la tormenta puede limpiar el aire si se escucha a quienes cuidan la selva. En Ecuador, la tormenta puede arrasar si se vota sin conciencia, pero también puede fecundar si se defiende la Constitución como herramienta de vida en común.
Esperemos que en Ecuador los resultados de la consulta no destruyan las semillas que se han sembrado, que el resultado permita florecer no marchitarse.
En este 11:11, un portal energético que invita crear, sentir y visualizar, mi manifiesto es:
“Si la Amazonía es el pulmón del mundo, que Ecuador sea su latido.”
“Mientras en Belém germina la esperanza, que en Ecuador florezca la memoria.”
Artículo 71: La naturaleza tiene derecho a que se respete integralmente su existencia…“ “Que en Belém, este derecho se convierta en urgencia global, y en Ecuador, en defensa constitucional.”
[1] -6 al 7 de noviembre: Cumbre de líderes mundiales, con más de 60 jefes de Estado y de Gobierno. Esta fase busca sentar las bases políticas para las negociaciones técnicas.
-10 al 21 de noviembre: Conferencia oficial de la ONU sobre el Cambio Climático. Participan más de 190 países, comunidades indígenas, científicos, activistas y organizaciones internacionales.
-10 al 21 de noviembre de 2025, coincidiendo con la COP30 oficial, los grupos e la sociedad civil tienen una agenda completa.
[2] https://www.instagram.com/reel/DQxgwcmiOYh/?igsh=a2g3YXZyNHdiOGZo
[3] Cuando Atlas Network intentó socavar una COP: “Estamos en condiciones de influir en la agenda mediática”
[4] https://www.instagram.com/p/DQ5NPp1DkiW/?igsh=dHY5NDY1cms3ajRo
[5] https://www.instagram.com/reel/DQ4VRL8DcK1/?igsh=MWxtbmloeTNpajM1Mg==

