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Es hora de aruparnos

aruparnos

Foto: Ana María Varea

Un concierto de arupos me alegra la existencia

Vivir en estos tiempos exige temple y agallas. Estamos inmersos en una crisis planetaria que no da tregua. El colapso ecológico, con sus manifestaciones de cambio climático, pérdida de biodiversidad, contaminación de ríos y mares y otros problemas están al orden del día. Nos muestran la escalada de crisis múltiples, con sus graves impactos.

Por si esto no fuera poco, en nuestro Ecuador se suman la inseguridad, las violencias, la destrucción por la minería y otros extractivismos. Sufrimos a diario una avalancha de hechos espeluznantes que nos tienen con el alma en vilo, de sobresalto en sobresalto.

El bombardeo de noticias es aterrador, la avalancha de leyes urgentes, mañosas e irresponsables y una marcada insensibilidad, completan el entorno. Mientras quienes nos gobiernan se empeñan en que la vida solo huela a miedo, a terror a peligro, como telón de fondo de su accionar.

Un indicador que da cuenta de esto es la cadena nacional que el gobierno impone a la hora del noticiero de la noche, justo cuando mayor rating tiene la televisión. En cápsulas cortas, al más puro estilo Rambo, se impone la crónica roja patrocinada por el régimen. Allí se muestran las supuestas hazañas de las fuerzas del orden, cuando capturan a miembros de los grupos delincuenciales organizados o los neutralizan, es decir los matan.  Son noticias que mantienen presente el miedo, pues los índices de criminalidad no bajan. Es más, probablemente, cuando esa cadena está al aire, otros hechos delincuenciales similares están ocurriendo en diversos lugares del país.

Estas cadenas dan cuenta de un país sumido en la inseguridad, el crimen organizado y el narcotráfico, que, si bien deben ser prioridad combatirlos, no deberían ser el telón de fondo de la acción gubernamental. Esos reportajes naturalizan hechos violentos, atroces y criminales, que generan un total desasosiego. Se asume que el gobierno también debe atender e informar sobre otros temas que son de interés colectivo.

Foto: Luis Argüello/ PlanV
Foto: Luis Argúello. PlanV

En cápsulas cortas, al más puro estilo Rambo, se impone la crónica roja patrocinada por el régimen. Allí se muestran las supuestas hazañas de las fuerzas del orden.

Los noticieros también aportan al desconcierto pues se rigen por las malas noticias, nos llenan de tragedias, desastres naturales, políticos y sociales. Casi que se podría afirmar que las únicas buenas noticias están en los deportes.

La violencia, a lo bestia, como dicen los jóvenes, se va convirtiendo en un valor simbólico de la cultura no material, como son el lenguaje y la comunicación. En un mundo donde gran parte de las relaciones sociales se relacionan con lo mediático, su influencia es muy fuerte. La exposición permanente de contenidos violentos en los medios de comunicación es otro factor que fomenta violencia, al coadyuvar en la conformación de las representaciones ideológicas violentas.  En las actuales circunstancias requerimos noticias que nos permitan recuperar la esperanza.

Foto: Ana María Varea

 Escucha este concierto rosado

Frente a este panorama desolador es necesario, como estrategia de sobrevivencia, encontrar mecanismos que nos permitan alivianar la vida.  A riesgo de parecer ingenua y superficial les comparto una de las mías. A diario identifico elementos que alivien la carga emocional que el contexto actual me genera, que me traigan paz mental, alegría y me sintonicen con otra frecuencia, poniendo otro color a la vida.  Trato de buscar belleza en lo que me rodea y asombrarme positivamente. Cada día identifico algo luminoso, un hallazgo que me aporte en la vida.

En el verano de los Andes, el cielo azul intenso de la mañana, es un factor que colorea la vida.  Sobre este fondo azulado, mientras recorro Quito, un concierto de arupos me alegra la existencia. Me detengo a contemplarlos. Me parece que lanzaron fuegos artificiales rosados que quedaron suspendidos en el tiempo y en el espacio.

El arupo (Chionanthus pubescens) es nativo de Ecuador y Perú. Cuando está florido su color es magnéticos y no puedo dejar de admirarlos.  Es un árbol que pierde sus hojas en ciertas épocas del año y su espectacular floración me deslumbra. Me encuentro con flacos, altos, robustos, medianos. Pueden alcanzar entre 6 y 12 metros de altura. Le llaman “el árbol de la paciencia”, pueden tardar varios años en florecer.

Foto: Ana María Varea

Al cruzar la calle, cerca del mercado, en el parque, al amanecer o cuando se esconde el sol es un deleite contemplarlos, alegran la existencia, traen color a mi alma y calor a mi corazón. Bellos árboles en flor, bailan al ritmo del viento y sus ramas se mecen trayéndome mensajes.

Arropados de rosado, resisten en esta ciudad que les pone cercas por delante, les atraviesa con cables, les rodea de cemento. El viento de verano sopla fuerte y las flores reclaman más árboles, sombra y refugio para aves y polinizadores. Su florecer es un llamado a despertar, reconectar y embellecer la vida. ¡Está claro que es tiempo de arupar el barrio, la ciudad, el país y nuestra existencia!

Algunos días, admirarlos me dan ganas de llorar. Constato que los bellos arupos me proponen recuperar la ternura y me doy cuenta de que “necesito que me arupen”. Cada día me convenzo más de que deberíamos hacer del sustantivo arupo, el verbo arupar. Hoy, necesitamos más que nunca, aprender a conjugar el verbo arupar.

Foto: Ana María Varea

Yo arupo

Tu arupas

Ella/El/Elle arupa

Nosotros arupamos

Vosotros arupaís

Ellas/Ellos/Elles arupan

Seguramente al conjugarlo, pensaremos en acciones positivas y colectivas, descubriremos nuevas definiciones de relacionamiento, reciprocidad, empatía y sensibilidad, elementos profundos de resonancia con la vida.

Conjuguemos el verbo arupar, en el sentido de recuperar la ternura, como recomienda Rita Segato: Requerimos nuevas pedagogías de la sensibilidad, con personas que ejerciten la ternura, la vincularidad, el cariño por los otros, con la proximidad por lo que el otro siente y desea. Para imaginar otros futuros posibles,  tenemos que usar la imaginación y el afecto, para transitar con dignidad esta época de gran decadencia intelectual.

Sin duda, es tiempo de plantear, en el marco del despoder, cómo debemos tejer, puntada a puntada, otro tipo de cadenas nacionales, en comunidad, con la Naturaleza, para aruparnos y arupar a nuestro Ecuador.

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