jueves, marzo 12, 2026

Para recuperar el patio trasero: el Corolario Trump

Los activos productivos chinos localizados en países de América Latina han sido desarrollados dentro de la normativa de la OMC: son lícitos y legales. Y China no está dispuesta a perderlos sin oponer resistencia. En siete países, la inversión actual de China es de USD 142 000 millones. Trump quiere «recuperar» América Latina de las manos chinas.

Por: Julio Oleas-Montalvo

 «A partir de hoy, nuestro país florecerá y volverá a ser respetado en todo el mundo», dijo Donald Trump en el discurso inaugural de su segundo mandato, el 20 de enero de 2025. «Seremos la envidia de todas las naciones, y no permitiremos que se sigan aprovechando de nosotros. Durante todos y cada uno de los días de la Administración Trump, pondré, sencillamente, a Estados Unidos en primer lugar» (https://bit.ly/4jPfk07).

Un año después, EE. UU. está dividido; ¿alguien lo envidia? La posibilidad de caer en la mira de ese omnímodo Gobierno provoca miedo, pero ya no tiene el respeto mundial. Y dentro de sus herméticas fronteras es imposible florecer, bajo la violencia desplegada por la Immigration and Customs Enforcement (ICE).

Hubo un tiempo, luego de la II Guerra Mundial, en el que EE. UU. fue el faro del ‘mundo libre’, cuando el presidente Truman asumió el liderazgo de Occidente para evitar el avance del comunismo. El respeto es fundamental para la hegemonía, así como el temor y el miedo son consustanciales al despotismo. Para contener el avance de China, Trump sembró temor. Sin embargo, la Administración General de Aduanas de China ha informado sobre un superávit comercial récord, de 1,2 billones de dólares (en términos nominales, 20% más que en 2024).

Tal vez el único objetivo plenamente logrado durante el primer año del segundo mandato de Trump ha sido el control absoluto de la inmigración. Lo demás parece una realidad paralela, comenzando por la mentira sobre el logro de la paz en al menos siete conflictos armados.

Lo que es innegable, más allá de cualquier duda, es el cambio de piel del otrora benevolente hegemón global.

I. El año del cambio de piel

El primer día de su segundo gobierno Trump firmó 26 órdenes ejecutivas: revocatorias de varias decisiones de Joe Biden, declaración de una emergencia energética, eliminación de los programas de diversidad, equidad e inclusión en las agencias federales, deportaciones masivas, conmutaciones de las sentencias de más de 1 500 personas involucradas en el asalto al Capitolio y calificación como terroristas a varios cárteles criminales. El 29 de enero promulgó la ley que obliga al ICE a detener a migrantes ilegales, creó el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), encargándolo a Elon Musk y anunció el cambio de nombre del Golfo de México por Golfo de América (https://bit.ly/4pAkwG7).

Antes de asumir su cargo, no descartó usar la fuerza militar para recuperar el Canal de Panamá. Según el New York Times, «Trump acusó falsamente a Panamá de permitir que soldados chinos controlen esa ruta marítima vital, que conecta los océanos Atlántico y Pacífico, y cobrarle de más a los buques estadounidenses» (08-01-2025).

Ya en funciones, puso especial atención a la política migratoria. Cerró las fronteras, suspendió los procesos de refugio, reprimió a las pandillas venezolanas, continuó la construcción del muro en la frontera con México y redujo al mínimo los cruces ilegales. También inició un programa de redadas masivas e intentó eliminar el ius soli como fuente de ciudadanía.

Elevó aranceles a México, Canadá y China, violando tratados comerciales vigentes. El 2 de abril generalizó su guerra arancelaria (definiéndolo como Liberation Day).

Entre octubre y noviembre no evitó un nuevo shutdown por las discrepancias entre demócratas y republicanos en torno al presupuesto.

También retiró a EE. UU. del Acuerdo de París sobre el cambio climático y de la Organización Mundial de la Salud. Promulgó varias órdenes ejecutivas para anular la ‘ideología de género’ y afirmó que había evitado que la economía norteamericana cayera en la ruina. Además, promovió una ley presupuestaria integral promulgada el 4 de julio, con la que autorizó un recorte fiscal por 4,5 billones de dólares mediante la reducción de tasas impositivas individuales y corporativas, a la seguridad social, mayores deducciones y la amortización inmediata del 100% para equipos empresariales. Asimismo, aprobó un recorte de 1,2 billones de dólares de gastos fiscales, principalmente en Medicaid.

Dijo tener méritos suficientes para recibir el premio Nobel de la paz, con el aval de lo que, según él, habría sido una mediación ‘exitosa’ en Gaza, y en otros conflictos en Oriente medio, Asia y Ucrania.

Y, como para cerrar este primer año con la pompa necesaria, con sibilina astucia trata de convertir el Consejo de Paz de Gaza en una «estructura internacional de construcción de la paz más ágil y eficaz…» ¿Que las Naciones Unidas? Este proyecto plantea la creación de una organización de carácter global dirigida por él de forma vitalicia y en la que solo él dispondría de derecho a veto (https://bit.ly/3YNQQKP).

Estas iniciativas y acciones, en apariencia caóticas, finalmente adquirieron algo de orden y un propósito claro en un documento publicado el 4 de diciembre de 2025: la National Security Strategy of the United States of America (The White House, Washington, en adelante NSS). La NSS formaliza el estilo imperial de Trump y evidencia el cambio de piel del hegemón menguante.

II. La nueva piel

La NSS modifica los lineamientos de la política exterior norteamericana vigentes desde la última década del siglo XX; interpela el libre comercio y busca reconstituir la excepcionalidad de EE. UU., venida a menos en cuatro décadas de globalización. Anuncia una nueva carrera armamentista y omite toda referencia a la ONU.

Trump propone una paz mundial respaldada por el poder militar estadounidense; opta por la preeminencia del estado-nación e insta a sus aliados (de la OTAN y del Pacífico) a incrementar el gasto militar. Desconoce el cambio climático por considerarlo una «ideología desastrosa» que ha hecho daño a Europa, ha amenazado a los Estados Unidos y ha subsidiado a «nuestros adversarios» (p. 14).

El objetivo fundamental de la NSS es la supervivencia de los EE. UU. como república soberana e independiente, capaz de asegurar los derechos naturales otorgados por Dios a sus ciudadanos, y de priorizar sus intereses y bienestar.

La NSS identifica interés nacional con seguridad nacional, y admite que la fuerza es el medio por excelencia para lograr la paz. Afirma que EE. UU está dispuesto al no intervencionismo, pero que, para un país «…cuyos intereses son tan numerosos y diversos como los nuestros, no es posible una adhesión rígida a este principio” (NSS, p. 9). Además, «que no hay nada inconsistente o hipócrita en […] mantener buenas relaciones con países cuyos sistemas de gobierno y sociedades son diferentes a los nuestros…» (NSS, p. 9).

EE. UU. advierte al resto del mundo que trazará su propio curso y determinará su propio destino, libre de interferencias; que no permitirá que ningún país logre el poder suficiente para amenazar sus intereses, y que «insistirá en ser tratado con justicia por otros países» (NSS, p.10).

La NSS invierte la visión global de la política exterior norteamericana. Si antes ésta se encontraba al servicio de la expansión de la economía de mercado, ahora la «seguridad económica» se subordina a la seguridad nacional. Sustituye el libre comercio por un comercio «…equilibrado […] nuestras prioridades deben ser y serán nuestros propios obreros, nuestras industrias y nuestra propia seguridad nacional» (NSS, p.13); acceso seguro a materias primas y a cadenas de suministro estratégicas; reindustrialización y atracción de inversiones valiéndose del uso estratégico de aranceles; recuperación de la industria de defensa; dominio energético; y, preservar el dominio de los mercados financieros de EE. UU. para que continúen siendo « los más dinámicos, líquidos y seguros y […] la envidia del mundo» (NSS, p. 15).

III. El Corolario Trump

La NSS sostiene que, en cualquier forma que se quiera medir, los «Estados Unidos es […] la más generosa nación de la historia, aunque no pueda permitirse prestar la misma atención a todos los problemas en todas las regiones del mundo» (p.15), por lo que afina las estrategias de la política exterior dividiéndola en regiones: Hemisferio Occidental, Asia, Europa, Medio Oriente y África. Si bien coloca como prioritaria a la primera región, es evidente que, en lo que resta del siglo, EE. UU. se juega el predominio mundial en Asia. La región del Indo Pacífico es fuente de la mitad del PIB mundial, y el principal campo de batalla de la guerra económica y geopolítica con China.

El Corolario Trump a la Doctrina Monroe propone recuperar la supremacía norteamericana en el Hemisferio Occidental, proteger el territorio y los accesos clave de la región. Advierte que repelerá la presencia de fuerzas competidoras u otras instalaciones amenazadoras, y que rechazará la propiedad o control de activos estratégicos. En el Hemisferio Occidental la NSS distingue dos tipos de objetivos:

  • Reclutar a los países amigos para controlar la migración, detener los flujos de drogas y reforzar la seguridad y estabilidad terrestre y marítima; y priorizar la diplomacia comercial, pero reforzando los acuerdos de seguridad sobre «venta de armamento, inteligencia compartida y ejercicios militares conjuntos» (p. 17); y
  • Expandir la presencia de EE. UU. (y fortalecer la imagen norteamericana como la mejor elección económica y de seguridad para el hemisferio). EE. UU. no aceptará tributación selectiva, regulaciones injustas o expropiaciones. Además, «los términos de nuestros acuerdos, en especial con países que dependen más de nosotros y sobre los cuales, por lo tanto, tenemos más ventajas, no deben requerir licitación. Al mismo tiempo, haremos todo esfuerzo necesario para expulsar de la región a empresas extranjeras constructoras de infraestructura» (p. 19).

Los lineamientos del Corolario Trump a la doctrina Monroe se estrenaron en Venezuela. Una flota de diez buques de guerra liderada por el portaaviones Gerald Ford inició la Operación Lanza del Sur el 11 de noviembre de 2025, en principio como una maniobra de interdicción marítima contra el narcotráfico, que arrojó 16 embarcaciones hundidas y 54 personas asesinadas. El petrolero Skipper fue el primero incautado el 10 de diciembre, y el 17 de diciembre Trump anunció el bloqueo naval. Por último, la madrugada del 3 de enero de 2026 el ejército norteamericano abdujo a Nicolás Maduro y a su esposa. Una maniobra que, para The Economist, marca el regreso al capitalismo de las cañoneras (https://bit.ly/4r0x1vX).

Este gigantesco despliegue de poder, al margen de toda norma de derecho internacional, culminó con la captura de un dictador indócil, acusado de narcotráfico. En esta acción, monitoreada desde Mar-a-Lago por el presidente de los EE. UU, murieron 32 agentes cubanos, 42 militares venezolanos y tres civiles. Al menos 100 personas resultaron heridas.

Venezuela, poseedor de la reserva de petróleo más grande del mundo (más de 300 mil millones de barriles), ya venía negociando en yuanes. Ese recurso representa trillones de dólares que hasta el 3 de enero estaban en poder de un país hostil.

Trump imputó a Venezuela el robo de petróleo norteamericano por las expropiaciones de 2007 (Decreto N. 5.200 que dispuso que todas las asociaciones estratégicas en el Orinoco pasen a control mayoritario del estado —mínimo 60% de las acciones para PDVSA—). Exxon Mobil y Conoco Phillips no acataron esta disposición y demandaron a Venezuela ante el CIADI y la Cámara de Comercio Internacional. Exxon consiguió en el CIADI una indemnización de 76 millones de dólares y Conoco 8 700 millones de dólares. En mayo de 2009 Chávez expropió a otras empresas de servicios que operaban en el lago Maracaibo (entre ellas Halliburton y Schlumberger). Chevron se mantuvo como socio minoritario.

La abducción de Maduro interrumpió negociaciones entre cinco empresas chinas (CNPC, Sinopec, Anhui Petroleum Group, Kerui Petroleum y CCRC) y PDVSA para la extracción y compra de petróleo venezolano. CCRC planeaba invertir 1 000 millones de dólares para producir hasta 60 000 barriles/día en el lago Maracaibo, que se sumarían al crudo que regularmente se enviaba a China en 2025. Los contratos tendrían duraciones de hasta 20 años y debían liquidarse ‘principalmente’ en dólares, aunque a precios descontados. Estas negociaciones han sido detenidas; actualmente PDVSA negocia ventas de volúmenes significativos (de hasta 50 millones de barriles) directamente con EE. UU., desplazando a China (https://bit.ly/3LEJQgv; https://bit.ly/4bGXWII; https://bit.ly/4r4KSBc; https://bit.ly/3LVq5kO).

Venezuela, poseedor de la reserva de petróleo más grande del mundo (más de 300 mil millones de barriles), ya venía negociando en yuanes. Ese recurso representa trillones de dólares que hasta el 3 de enero estaban en poder de un país hostil, desde que Hugo Chávez asumió el gobierno en 1999.

Desde la década de 1970 el petróleo se negocia en dólares, en un sistema que obliga a disponer de esa divisa para comprar energía, lo que hace del dólar el eje de la economía mundial. Cuando el presidente Nixon dio por terminado el sistema de Bretton Woods (1971), marcó el inicio del dinero internacional basado en la confianza (fiat money). Pero esta sufrió un ataque formidable con la represalia de los países árabes a la guerra del Yom Kippur: prohibieron la venta de petróleo a EE. UU., Países Bajos, Portugal, Sudáfrica y Rodesia; acordaron recortes mensuales de 5% en la producción hasta que Israel se retire de los territorios ocupados; y dejaron subir el precio del crudo (en tres meses, de 3 dólares/barril a 12 dólares/barril).

Esta insubordinación de los productores de petróleo árabes activó la diplomacia hegemónica y el 8 de junio de 1974 EE. UU. y Arabia Saudita lograron un acuerdo informal por 50 años. El mayor productor de petróleo del mundo se comprometió a valorar sus exportaciones de crudo únicamente en dólares de EE. UU. También se obligó a invertir sus excedentes por ingresos petroleros en bonos del Tesoro, reciclando los petrodólares en la economía norteamericana. A cambio, EE. UU. proveería ayuda militar y protección a la monarquía saudí.

Esta alianza expiró el 9 de junio de 2024 y Arabia Saudita decidió no renovarla. Esta negativa «representa un cambio fundamental en la dinámica económica y financiera globales. El debilitamiento del dólar de EE. UU., el potencial surgimiento de monedas de reserva alternativas y el creciente uso de monedas digitales podrían contribuir a un mundo más complejo y multipolar. Esta transición puede elevar los costos de transacción para EE. UU., mercados de petróleo más volátiles y cambios significativos en los patrones de comercio mundial», concluye ChAI, firma de inteligencia de mercado de materias primas (https://bit.ly/3LrKsWL).

El mercado del petróleo afecta a la moneda global y el control de la moneda global da forma a la economía mundial. Así funciona la cadena de transmisión del poder norteamericano en el mundo. La última década registra varios intentos por debilitar el sistema de pagos internacional basado en el dólar de EE. UU. China creó el CIS, una alternativa al SWIFT; los BRICS conversan cómo comerciar petróleo sin dólares; Rusia ya vende energía en otras monedas. Venezuela casi arregló con China venderle petróleo sin necesidad de dólares, pero ocurrió lo del 3 de enero.

Hacer «…todo esfuerzo necesario para expulsar de la región a empresas extranjeras constructoras de infraestructura». En pocas palabras, la NSS propone expulsar a China del Hemisferio Occidental.

Si el crudo venezolano se hubiera integrado plenamente en una moneda competidora, el yuan, el rublo o alguna otra, no solo se hubieran afectado los mercados de energía, también se hubiera amenazado la demanda de dólares, el apalancamiento financiero norteamericano, los flujos de comercio y el equilibrio comercial China–EE. UU. Lo ocurrido el 3 de enero no fue solo un problema en el patio trasero; fue un hot spot global sofocado por la fuerza naval norteamericana.

IV. ¿Patio trasero o coto de caza?

Venezuela era una fuente de petróleo usufructuada por empresas norteamericanas. Hugo Chávez cambió la polaridad de la dependencia venezolana en la primera década del siglo XXI. Entre 2007 y 2018 se acumuló con China una deuda de 69 000 millones de dólares. Actualmente todavía le debería entre 10 mil y 20 mil millones de dólares (https://bit.ly/3ZpbEIJ). Cuando Maduro y su esposa fueron capturados, el gobierno venezolano y los bancos chinos estaban tratando de consolidar garantías de pago. Y varias petroleras chinas habían anunciado nuevos planes de inversión para recuperar pozos de baja producción.

El Corolario Trump a la Doctrina Monroe ordena fortalecer la imagen norteamericana como la mejor elección económica y de seguridad para el hemisferio; y propone (i) recuperar la supremacía norteamericana en el hemisferio, (ii) proteger el territorio y los accesos clave de la región, (iii) repeler la presencia de fuerzas competidoras y (iv) rechazar la propiedad o control de activos estratégicos. Además, textualmente, hacer «…todo esfuerzo necesario para expulsar de la región a empresas extranjeras constructoras de infraestructura». En pocas palabras, la NSS propone expulsar a China del Hemisferio Occidental.

Luego de tres décadas de intercambio comercial cada vez más intenso, China no es un «intruso» en el Hemisferio Occidental. El cuadro 1, elaborado con información no oficial de medios especializados, para un grupo de países elegidos al azar (Argentina, Chile, Brasil, Ecuador, México, Perú y Uruguay), aclara las magnitudes monetarias de las relaciones chino-latinoamericanas. A diciembre de 2025, los siete países considerados tendrían inversiones directas chinas por al menos 142 000 millones de dólares; en ese año, el intercambio comercial fue de alrededor de 434 000 millones de dólares. Son cifras que avalan la dimensión de una relación comercial sostenida y nada subrepticia.

Se decía patio trasero cuando EE. UU. instauró la política del gran garrote (Big Stick): «Habla con suavidad y lleva un gran garrote; así llegarás lejos», decía Theodore Roosevelt. En esa época, EE. UU. negociaba pacífica y diplomáticamente, pero dejando entrever que poseía un gran poder militar que podía usar si las cosas no resultaban de su agrado. Trump primero usa el garrote (dígase aranceles, portaaviones o helicópteros) y luego explicita lo que desea. Procede como si estuviese en su coto de caza: un área demarcada (el Hemisferio Occidental) en la que las actividades están reguladas por una normativa específica (en especial la sección 3.A de la NSS) y que requiere gestiones positivas de las especies que la habitan (quien no rinde pleitesía es un enemigo).

El factor más importante para tomar en cuenta sería la reacción de China. Los activos productivos chinos localizados en países de América Latina han sido desarrollados dentro de la normativa de la OMC: son lícitos y legales.

Los siete países considerados en el cuadro 1, a diferencia de Venezuela, tienen gobiernos –al menos– formalmente democráticos, por lo que un asalto militar como el del 3 de enero sería muy mal visto –incluso desde los referentes diplomáticos actuales. Por otro lado, una interdicción general y simultánea sería equivalente a declarar la guerra a China, a menos que ésta esté dispuesta a ceder todos sus activos e intereses en América Latina. La alternativa –avanzar con la aplicación de la NSS, de país en país–, sería un proceso contingente que dependería de varios factores no controlables.

El factor más importante para tomar en cuenta sería la reacción de China. Los activos productivos chinos localizados en países de América Latina han sido desarrollados dentro de la normativa de la OMC: son lícitos y legales. Y China no está dispuesta a perderlos sin oponer resistencia. Dos casos recientes anticipan el perfil que estaría asumiendo la disputa geoestratégica de EE. UU. con China en América Latina. La tan publicitada venta de dos puertos controlados por CK Hutchinson en el Canal de Panamá, a la empresa norteamericana Black Rock, se encuentra en una situación de alta incertidumbre legal y política. La respuesta norteamericana al puerto comercial de Chancay, construido con capitales chinos y administrado por Cosco Shipping Ports Chancay Perú S.A., ha sido un proyecto de modernización de la base de la Armada peruana en el puerto de Callao, menos de 55 km. al sur de Chancay, que sería financiado con capitales peruanos. Estos eventos anticipan que China no estaría dispuesta a perder sus activos en América Latina sin una contraprestación que considere equitativa. Y, del lado norteamericano, se podría anticipar que la primera opción para recuperar esta región es la intervención militar, como ya ocurrió en Caracas o como estaría por ocurrir en el Callao, disfrazada de prestación de un servicio súper especializado.

 

Julio Oleas-Montalvo

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