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El papel oculto de EE.UU. en la defensa contra la invasión rusa a Ucrania

El actual embajador de Ucrania en el Reino Unido y ex comandante en jefe de las fuerzas armadas ucranianas, Valery Zaluzhny, habló de un cuartel general conjunto creado en 2022 con socios occidentales en Wiesbaden. Aquí se planearon las operaciones militares. Según Zaluzhny, esto se convirtió en el "arma secreta" de Ucrania, y el Reino Unido ayudó a que esta idea se hiciera realidad. Foto: X Réseau International

En muchas ocasiones, antes de la segunda guerra mundial y en el transcurso de la guerra fría, Estados Unidos ha desarrollado sistemáticamente campañas ocultas en muchos países del mundo, consiguiendo -en algunos casos- la caída de regímenes no afines a su ideología (la caída de Jacobo Arbenz en Guatemala o la de Allende en Chile), y también rotundos fracasos (Vietnam y en parte Corea). Esta es una crónica de cómo la inteligencia y las FF. AA. estadounidenses se involucraron de manera secreta con Ucrania para desestabilizar a Rusia o, de alguna manera, sostener la defensa tras la invasión de ese tres años antes.

Esta es la historia no contada del papel oculto de EE.UU. en las operaciones militares ucranianas contra los ejércitos invasores rusos. Adam Entous, periodista del New York Times hizo un seguimiento sobre los detalles de este acuerdo oculto, que ha salido a la luz cuando la diplomacia de varios países sigue intentando un alto al fuego definitivo en este conflicto, que ya lleva más de tres años de duración.

Una mañana de primavera, dos meses después del inicio de la invasión rusa sobre Ucrania, un convoy de coches sin distintivos llegó a una esquina de una calle de Kiev y recogió a dos hombres de mediana edad vestidos de civil. Tras salir de la ciudad, el convoy —comandado por comandos británicos, sin uniforme, pero armados— recorrió 640 kilómetros al oeste hasta la frontera con Polonia. El cruce transcurrió sin contratiempos, con pasaportes diplomáticos.

Foto: Evgenia Novozhenjna

Más adelante, llegaron al aeropuerto polaco de Rzeszów-Jasionka, donde esperaba un avión de carga C-130. Los pasajeros eran generales ucranianos de alto rango. Su destino era Clay Kaserne, cuartel general del Ejército de EE. UU. para Europa y África en Wiesbaden, Alemania. Su misión: desvelar lo que se convertiría en uno de los secretos mejor guardados de la guerra en Ucrania.

Uno de los hombres, el teniente general Mykhaylo Zabrodskyi, fue conducido por unas escaleras hasta una pasarela con vistas al salón principal del Auditorio Tony Bass de la guarnición. Antes de la guerra, era un gimnasio, utilizado para reuniones generales, actuaciones de la banda del ejército y carreras de caballos.

El general del ejército ucraniano, Mykhaylo Zabrodskyi.

Ahora, Zabrodskyi observaba desde arriba a los oficiales de las naciones de la coalición, en un laberinto de cubículos improvisados, organizando los primeros envíos occidentales a Ucrania de baterías de artillería M777 y proyectiles de 155 mm. Luego fue conducido a la oficina del teniente general Christopher Donahue, comandante del 18º Cuerpo Aerotransportado, quien le propuso una asociación.

Su evolución y funcionamiento interno, visibles sólo para un pequeño círculo de funcionarios estadounidenses y aliados, hicieron que esa asociación de inteligencia, estrategia, planificación y tecnología se convirtiera en el arma secreta de lo que la administración Biden definió como su esfuerzo por rescatar a Ucrania y proteger el amenazado orden posterior a la Segunda Guerra Mundial.

El presidente estadounidense culpó, sin fundamento, a los ucranianos de iniciar la guerra, los presionó para que renuncien a gran parte de su riqueza mineral y les pidió aceptar una paz incierta.

Hoy, ese orden, junto con la defensa ucraniana de su territorio, se tambalea, mientras el presidente Donald Trump busca un acercamiento con Putin y promete poner fin a la guerra. Para los ucranianos, los augurios no son buenos. En la pugna entre las grandes potencias por la seguridad y la influencia tras el colapso de la ex URSS, la recién independizada Ucrania se convirtió en una nación en medio, con más inclinación hacia Occidente que a su antigua nación.

Ahora, el presidente estadounidense ha culpado sin fundamento a los ucranianos de iniciar la guerra, los presiona para que renuncien a gran parte de su riqueza mineral y les pidió aceptar un alto el fuego sin garantías concretas de seguridad estadounidenses: una paz incierta.

La polémica cita en la Casa Blanca, cuando el presidente Trump se reunió con Volodymyr Zelenskiy el 28 de febrero del 2025. Foto: Brian Snyder. Reuters

Trump dio a conocer algunos aspectos de la alianza de Wiesbaden en la primavera de 2022. Entous sostiene que “rastrear su historia nos permite comprender mejor cómo los ucranianos lograron sobrevivir tres largos años de guerra, frente a un enemigo mucho mayor y mucho más poderoso. También nos permite ver, a través de una cerradura secreta, cómo la guerra llegó a la precaria situación actual”.

El Pentágono ha hecho un inventario público de los USD 66.500 millones de armamento suministrado a Ucrania, incluyendo más de 500 millones de rondas de municiones para armas pequeñas y granadas, 10.000 armas antiblindaje Javelin, 3.000 sistemas antiaéreos Stinger, 272 obuses, 76 tanques, 40 sistemas de cohetes de artillería de alta movilidad, 20 helicópteros Mi-17 y tres baterías de defensa aérea Patriot.

Una investigación que genera polémica

La investigación de The New York Times revela que EE.UU. estuvo involucrado en la guerra mucho más de lo que se creía y esta alianza fue la columna vertebral de las operaciones militares ucranianas que, según cifras estadounidenses, mataron o hirieron a más de 700.000 soldados rusos. (Las bajas ucranianas son de alrededor de 435.000).

En el centro de mando de Wiesbaden, oficiales estadounidenses y ucranianos planearon las contraofensivas de Kiev. Un vasto esfuerzo estadounidense de inteligencia dirigió la estrategia de batalla y canalizó información precisa sobre los objetivos a los soldados ucranianos en el terreno. Un jefe de inteligencia europeo recordó su sorpresa al descubrir lo involucrados que estaban sus homólogos de la OTAN en las operaciones ucranianas.

La idea de la alianza era que la cooperación podría permitir a los ucranianos lograr la hazaña más improbable: asestar un golpe a los invasores rusos. Y, en un ataque tras otro durante los primeros capítulos de la guerra -ayudados por la valentía ucraniana, pero también la incompetencia rusa- hacía creer que era posible. Una prueba: la campaña contra uno de los grupos de combate más temidos de Rusia, el 58º Ejército de Armas Combinadas.

A mediados de 2022, con información de inteligencia y objetivos estadounidenses, los ucranianos lanzaron cohetes contra el cuartel general del 58º en la región de Jersón, matando a generales y oficiales de Estado Mayor que estaban en el interior. El grupo se cambió de sede, pero en cada ocasión los estadounidenses lo encontraron y los ucranianos lo destruyeron.

Uno de los puntos de esta estrategia fue el puerto de Sebastopol, en Crimea, donde la Flota rusa del Mar Negro cargaba misiles destinados a objetivos ucranianos en buques de guerra y submarinos. Durante el mejor momento de la contraofensiva ucraniana de 2022, un enjambre de drones marítimos, apoyados por la CIA, atacó el puerto antes del amanecer, dañando varios buques de guerra y obligando a los rusos a retirarlos. Pero al final la alianza se tensó y todo cambió en medio de rivalidades, resentimientos e imperativos y agendas divergentes.

Los estadounidenses estaban indignados por las exigencias irrazonables de los ucranianos y por su reticencia a tomar medidas arriesgadas para reforzar sus fuerzas, inferiores en número.

Los ucranianos veían a los estadounidenses como autoritarios y controladores y éstos no entendían por qué los ucranianos no aceptaban un buen consejo. Mientras los estadounidenses se centraban en objetivos posibles, los ucranianos buscaban una gran victoria. Los ucranianos veían a los estadounidenses como si los frenaran. Los ucranianos querían ganar la guerra.

Aunque los estadounidenses concordaban con este objetivo, querían asegurarse de que los ucranianos no perdieran la perspectiva. A medida que los ucranianos ganaban autonomía, más secretas eran sus intenciones. Les molestaba que los estadounidenses no pudieran o no quisieran entregar todas las armas y equipos. Los estadounidenses estaban indignados por las exigencias irrazonables de los ucranianos y por su reticencia a tomar medidas arriesgadas para reforzar sus fuerzas, inferiores en número.

Según el informe del New York Times, un vasto esfuerzo estadounidense de recopilación de información orientó la estrategia de combate ucraniana a gran escala y transmitió información precisa sobre objetivos a los soldados sobre el terreno.

A nivel táctico, la alianza iba dando resultados triunfo tras triunfo. Pero, en el momento crucial de la guerra —mediados de 2023, mientras los ucranianos lanzaban una contraofensiva para consolidar su victoria tras los éxitos de 2022—, la estrategia concebida en Wiesbaden se vio afectada por la política interna ucraniana: el presidente Volodymyr Zelensky estaba enfrentado con su jefe militar (y probable rival electoral) y el jefe militar contra su terco comandante subordinado.

Cuando Zelensky se alió con el subordinado, los ucranianos destinaron una vasta dotación de hombres y recursos para una campaña inútil para recuperar la devastada ciudad de Bajmut. En meses, toda la contraofensiva terminó en un fracaso. La alianza operó a la sombra del más profundo temor geopolítico: que Putin la hubiese considerado como una violación del compromiso militar y cumpliera con sus amenazas nucleares.

La historia de la alianza muestra cuán cerca estuvieron en ocasiones los estadounidenses y sus aliados de cruzar la línea roja para avanzar hacia terrenos más peligrosos y cómo diseñaron protocolos para mantenerse a salvo. El gobierno de Biden autorizó algunas operaciones clandestinas que previamente había prohibido.

Asesores militares estadounidenses fueron enviados a Kiev y posteriormente viajaron a la zona de los combates. Oficiales militares y de la CIA en Wiesbaden ayudaron a planificar y apoyar una campaña de ataques ucranianos en Crimea, anexada por Rusia desde 2014. Finalmente, el ejército y luego la CIA recibieron luz verde para permitir ataques dentro de Rusia. Ucrania sería la revancha en una larga historia de guerras por poderes entre EE. UU. y Rusia: Vietnam en los 60’, Afganistán en los 80’ y Siria hace poco.

También pudo haber sido considerado como un laboratorio de guerra, que no sólo ayudaría a los ucranianos, sino que recompensaría a los estadounidenses con lecciones para cualquier guerra posterior. En las guerras contra los talibanes y Al Qaeda en Afganistán y contra el Estado Islámico en Irak y Siria, las fuerzas estadounidenses llevaron a cabo operaciones terrestres apoyadas por sus socios locales.

Asesores militares estadounidenses fueron enviados a Kiev y posteriormente viajaron a la zona de los combates. Oficiales militares y de la CIA en Wiesbaden ayudaron a planificar y apoyar una campaña de ataques ucranianos en Crimea.

En Ucrania, en cambio, el ejército estadounidense no pudo desplegar soldados en el campo de batalla y tuvo que prestar ayuda a control remoto. ¿Podía funcionar una estrategia usada contra grupos terroristas o dispararían los artilleros ucranianos sus obuses sin vacilar a las coordenadas enviadas por oficiales estadounidenses en un cuartel general a 2099 kilómetros de distancia?

Las respuestas a esas preguntas, analiza Entous “(en realidad, la trayectoria completa de la asociación) dependerían de cuán confiables sean entre sí los oficiales estadounidenses y ucranianos. Nunca te mentiré. Si me mientes, se acabó», recordó Zabrodskyi que Donahue le dijo en su primera reunión. «Siento exactamente lo mismo», respondió el ucraniano.

Construyendo confianza

Con límites y reglas de combate establecidos, EE. UU. suministró armamento, inteligencia y puntos de interés para ayudar a Ucrania a repeler la invasión rusa. “Hemos encontrado a nuestro socio”, le dijo un alto general ucraniano a su comandante en jefe.

A mediados de abril de 2022, dos semanas antes de la reunión de Wiesbaden, oficiales navales estadounidenses y ucranianos tuvieron una conversación rutinaria de intercambio de inteligencia cuando algo inesperado apareció en sus radares. Según un ex oficial militar estadounidense de alto rango: Los estadounidenses exclamaron: «¡Oh, ese es el Moskva!». Los ucranianos exclamaron: «¡Dios mío! Muchas gracias. Adiós».

Los ucranianos lo hundieron. El hundimiento fue un triunfo rotundo: una muestra de la habilidad ucraniana y la ineptitud rusa. Pero el episodio también reflejó la desarticulación de la relación entre Ucrania y Estados Unidos durante las primeras semanas de la guerra.

Los estadounidenses se enojaron porque los ucranianos ni siquiera les avisaron; y mostraron sorpresa porque Ucrania tenía misiles capaces de llegar al barco; y pánico porque la administración Biden no hubiesen permitido que los ucranianos atacaran un símbolo tan potente del poder ruso.

Los ucranianos, por su parte, actuaban a su modo, con un escepticismo muy arraigado. Su guerra comenzó en 2014, cuando Putin se apoderó de Crimea y fomentó rebeliones separatistas en el este de Ucrania. El presidente Barack Obama condenó la toma e impuso sanciones a Rusia.

El presidente ruso, Vladímir Putin, el gobernador de Sebastopol, Mijaíl Razvozháyev, y el metropolita Tijon (Shevkunov), presidente del Consejo Patriarcal de Cultura, visitan el museo-reserva estatal «Chersoneso Táurico» en Sebastopol, Crimea, el 18 de marzo de 2023. © Reuters / OFICINA DE PRENSA DE LA PRESIDENCIA RUSA

Según los ucranianos, un alto oficial estadounidense declaró: “Les dijimos: Los rusos vienen, nos vemos». Cuando los generales estadounidenses ofrecieron ayuda tras la invasión, se toparon con mucha desconfianza.

Pero, temeroso de que la intervención estadounidense pudiera provocar una invasión a gran escala, autorizó solo un intercambio de inteligencia estrictamente limitado y rechazó las peticiones de armas defensivas. “Las mantas y las gafas de visión nocturna son importantes, pero no se puede ganar una guerra con mantas”, se quejó el entonces presidente de Ucrania, Petro Poroshenko.

Al final, Obama relajó un poco las restricciones de inteligencia y Trump, en su primer mandato, las relajó más y suministró a los ucranianos sus primeros misiles antitanque Javelins. Pero, en los días previos a la invasión rusa del 24 de febrero de 2022, el gobierno de Biden cerró la embajada de Kiev y retiró al personal militar del país. (permanecieron algunos oficiales de la CIA).

Según los ucranianos, un alto oficial estadounidense declaró: “Les dijimos: ‘Los rusos vienen, nos vemos. Cuando los generales estadounidenses ofrecieron ayuda tras la invasión, se toparon con mucha desconfianza. “Nosotros luchamos contra los rusos. Ustedes no. ¿Por qué deberíamos escucharlos?”, les dijo el comandante de las fuerzas terrestres ucranianas, el coronel general Oleksandr Syrskyi. Syrskyi cambió de opinión: los estadounidenses podían proporcionar el tipo de inteligencia del campo de batalla que su gente no.

Rivalidades internas

En aquellos días Donahue y algunos asesores, con poco más que sus teléfonos, pasaban información sobre los movimientos de las tropas rusas a Syrskyi y su personal. Pero, ese acuerdo improvisado tocaba una fibra sensible de la rivalidad dentro del ejército ucraniano, entre Syrskyi y su jefe, el comandante de las fuerzas armadas, el general Valery Zaluzhny.

Para los leales a Zaluzhny, Syrskyi usaba la relación para sacar ventaja. Lo que complicó más las cosas fue la tensa relación de Zaluzhny con su homólogo estadounidense, el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto.

La administración Biden ya había organizado envíos de emergencia de armas antiaéreas y antitanque. Los M777 eran algo completamente distinto: el primer gran paso hacia el apoyo a una guerra terrestre a gran escala. El secretario de Defensa, Lloyd Austin y Milley habían encomendado a la 18.ª División Aerotransportada la tarea de entregar armas y asesorar a los ucranianos sobre su uso.

Cuando Biden autorizó la adquisición de los M777, el Auditorio Tony Bass se convirtió en un cuartel general completo. Un general polaco se convirtió en el lugarteniente de Donahue. Un general británico gestionaría el centro logístico en la antigua cancha de básquet. Un canadiense supervisaría el entrenamiento.

El sótano del auditorio se convirtió en lo que se conoce como un centro de fusión, que generaba inteligencia sobre las posiciones, movimientos e intenciones de Rusia en el campo de batalla. Allí estaban, según funcionarios de inteligencia, oficiales de la CIA, la Agencia de Seguridad Nacional, la Agencia de Inteligencia de Defensa y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial se unieron a oficiales de inteligencia de la coalición.

Pero el cambio de guardia llegó en un momento particularmente incierto para la alianza: incitados por Trump, los republicanos del Congreso retuvieron $ 61 mil millones en nueva ayuda militar. Durante la batalla de Melitópol, el comandante había insistido en usar drones para validar cada punto de interés. Ahora, con muchos menos cohetes y proyectiles, los comandantes del frente adoptaron el mismo protocolo. Wiesbaden seguía generando puntos de interés, pero los ucranianos apenas los utilizaban.

A lo largo de más de un año de reportajes, Adam Entous realizó más de 300 entrevistas con legisladores, funcionarios del Pentágono, agentes de inteligencia y oficiales militares, actuales y anteriores, en Ucrania, Estados Unidos, el Reino Unido y varios otros países europeos. Si bien algunos aceptaron hablar oficialmente, la mayoría solicitó el anonimato para poder hablar sobre operaciones militares y de inteligencia delicadas.

 

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