Entre algarrobos, tunales y agaves, bajo cerritos de cangahua, cal y lascas de obsidiana, el valle de Guayllabamba esconde la huella de los pueblos precolombinos en al menos 20 sitios de valor arqueológico. Una huella actualmente amenazada por el vertiginoso crecimiento habitacional de quienes buscan el clima cálido, los huertos frutales y los revitalizantes locros de papa de las cocinas populares de este destino, ubicado a 32 km al noreste de Quito.
Aquellos 20 sitios, catalogados por el antiguo Fondo de Salvamento, se dividen esencialmente entre zonas de hallazgos de material cerámico y siete pucarás: lugares sagrados, de observación astronómica y vigilancia de los cruces de caminos vecinos, al estar construidos sobre lomas que promedian los 2.200 m.s.n.m.
Guayllabamba, San José Cruzloma, Azuajatu, Piedra Rumi, Pichurco, San Luis y Santo Domingo de Sevilla conforman la red de pucarás en este valle, sitios estratégicos para otear a viajeros del norte o para advertir a los comerciantes que por las abras de las montañas orientales trasladaban los productos de las chacras amazónicas hacia la capital del pueblo Kitu Kara.
De los siete pucarás de la zona, el de Santo Domingo de Sevilla es actualmente el centro de un proceso de rescate patrimonial en que varios vecinos, agrupados en el Movimiento de Protección Pucará Santo Domingo de Sevilla, buscan que se detengan las actividades que pueden acabar con este enclave arqueológico: nuevas lotizaciones, ampliación de canchas deportivas, actividades mineras, etc. Pero la tarea va cuesta arriba, por pendientes burocráticas tan empinadas como las laderas escarpadas de esta loma sagrada.
El pucará se encuentra en el sector conocido desde tiempos inmemoriables como Chaquibamba (llanura seca), en las inmediaciones de la carretera que conecta Guayllabamba con Cusubamba (llanura de los cusos: las larvas de los escarabajos). Pero toma el nombre de Santo Domingo de Sevilla por la antigua hacienda del lugar. Buena parte de esa extensión se convirtió, el 14 de julio de 1976, en una comuna con el nombre homónimo y está integrada actualmente por 46 familias.
El pucará de Santo Domingo de Sevilla en la historia
Sobre una loma de 2.357 m.s.n.m. aún se pueden encontrar rastros de tres muros, de lo que fuera una construcción rectangular, de 10 m, 8,2 m y 6 m, respectivamente. Cada pared tiene 50 cm de ancho y está compuesta de roca, canto rodado y lodo seco. Aunque hace pocos años se construyó en su cima una cruz.
Diagrama de los muros y la construcción en la cima del pucará. Fuente: Fernando Plaza Schuller.
Las primeras investigaciones en la zona corresponden a Fernando Plaza Schuller, datan de 1976 y contaron con el impulso del, para entonces, vibrante Instituto Otavaleño de Antropología (IOA). Así, el arqueólogo chileno es el autor de un estudio de cabecera sobre la región: La incursión inca en el septentrión andino ecuatoriano (ver PDF), publicado originalmente por el IOA.
El Instituto Otavaleño de Antropología dinamizó los estudios arqueológicos en la Sierra norte. Ver PDF
En dicho trabajo hay una extensa descripción del pucará de Santo Domingo de Sevilla y de sus conexiones visuales con otros sitios de importancia patrimonial de Guayllabamba. Se cuenta, por ejemplo, cómo se distribuyeron las terrazas, cómo se levantaron los muros siguiendo las cotas del escarpado cerro y se proyecta que dicho complejo, que ocupa una superficie de 6.000 m2, pudo haber sido construido a lo largo de 1.000 jornadas de trabajo.
La tarea se basó en estudios in situ y cotejamiento con fotografías aéreas del Instituto Geográfico Militar, realizadas en 1963 y 1967. También en el análisis de fuentes escritas, entre otras: las crónicas de los primeros españoles, las actas del Cabildo de Quito, las referencias de los geodésicos franceses y las indagaciones previas de Jacinto Jijón y Caamaño y Udo Oberem.
El trabajo de Plaza Schuller, asimismo, dejó instalado un necesario debate sobre el origen de estas construcciones. Para el caso de los pucarás del valle de Guayllabamba, al autor llamó la atención que en la superficie del complejo se encontró material cerámico mayoritariamente preincaico.
Para él, por tanto, una de las conclusiones preliminares es que la ocupación de los cuzqueños sobre la zona equinoccial fue selectiva, dada la homogeneidad política, económica y cultural de los pueblos nativos, lo cual les prodigó “una fuerte potencialidad para resistir conjuntamente una agresión foránea”. La batalla de Yahuarcocha es un dramático testimonio de lo dicho.
Otro momento importante para la investigación arqueológica en la zona ocurrió entre 1990 y 2003, con los trabajos de Tamara Bray, mediante los cuales se pudo identificar 67 sitios arqueológicos en la región comprendida entre Guayllabamba y El Quinche.
En tiempos más recientes, una colección clave es el Atlas Arqueológico del Distrito Metropolitano Quito, de Hólger Jara y Alfredo Santamaría, publicado por el Fonsal en 2010, y compuesto por tres tomos. El segundo, específicamente, corresponde a las zonas de San José de Minas y a Guayllabamba. Plan V incluye en PDF el segmento relacionado a este valle.
Una gran obra editada por el antiguo Fondo de Salvamento de Quito. Ver PDF
En dicho trabajo se menciona, por ejemplo, que del análisis del material cerámico hallado en la superficie del pucará de Santo Domingo de Sevilla se distingue una “clara manufactura Caranqui-Cayambi”, es decir, de sociedades anteriores a la incaica.
El pucará en el presente
Destrucción de un segmento del pucará para una cancha de fútbol, obra del GAD de Guayllabamba.
En los últimos 15 años se registra un acelerado proceso de intervención en el cerro donde se asienta el pucará. Actividades mineras no metálicas, lotización para nuevas viviendas, florícolas y hasta la apertura de una cancha de fútbol, obra ejecutada por el Gobierno Parroquial de Guayllabamba, han puesto en serio riesgo este sitio de no menos de 500 años de antigüedad.
No todo está perdido. Meses atrás se creó el Movimiento de Protección Pucará Santo Domingo de Sevilla. El pasado 17 de mayo, sus integrantes enviaron sendas comunicaciones al Ministerio de Cultura, al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, al Municipio de Quito, al gobierno parroquial de Guayllabamba, entre otras entidades.
Con base en los artículos 383 de la Constitución, 15 de la Ley de Cultura y 470 del Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización, el Movimiento pide la protección del lugar y adelanta una propuesta de rehabilitación. La respuesta inicial de las autoridades fue oportuna. El 28 de mayo se establecieron medidas de salvaguarda. Y el 24 de junio hubo visitas técnicas al sitio, con el propósito de definir el polígono exacto del área de importancia cultural, con su núcleo y zonas de influencia y amortiguamiento.
En torno al lugar, una parte de la comunidad abriga algunos planes. Se sienten motivados por otras experiencias andinas, como la recuperación para turismo cultural de las tierras de Tunibamba de Bellavista, en Cotacachi. O, incluso, más cerca: lo que pudo lograr la comunidad de Perucho, en el norte rural de Quito, viajando por la Ruta Escondida. Pusieron en valor sus vestigios arqueológicos en un museo y tal museo es el imán para recorridos por huertas y emprendimientos productivos con mandarina, caña de azúcar, zapallo…
Una sección del Museo de Perucho, parroquia rural al norte de Quito. Foto: Museo de Perucho.
El Movimiento de Protección Pucará Santo Domingo de Sevilla propone la rehabilitación de los senderos, la reforestación de la cancha de fútbol y el establecimiento de un museo de sitio con los elementos arqueológicos encontrados en el valle de Guayllabamba.
Y esto puede ser solo el comienzo. En la zona, los cultivos de agave, tunas y plantas medicinales pueden tener una nueva época de gloria, como ocurría décadas atrás con la familia Tituaña que se dedicaba a extraer el chawarmiski, el jugo dulce de la cabuya. Y con chawarmiski pueden volver los bailes, como lo hacía la familia Guatemal, en tiempos de solsticios y equinoccios. Y así, de suma en suma, las tierras de Chaquibamba pudieran hallar una nueva oportunidad de integración y desarrollo, a partir del turismo etnocultural, arqueológico y vivencial.

