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Qué es la «Galaxia Rosa” y por qué es un peligro para la democracia

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La lectura del libro La Galaxia Rosa permite conjeturar sobre lo que ha sido una transformación o, más bien, una adaptación del socialismo del siglo XXI, a partir de las teorías de Heinz Dieterich, adoptadas por Hugo Chávez, hasta la conformación del Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla, que son las formas que ha tomado el “internacional progresismo” para retornar al poder en algunos países o para sostenerlo en otros.

Como menciona Miguel Ángel Rodríguez, expresidente de Costa Rica “en América Latina, la derecha democrática y el centro político naturalmente enfrentan a la galaxia rosa. Pero el enfrentamiento en general ha sido individual y descoordinado, salvo esfuerzos aislados de acción que demandan continuidad y apoyo como el Foro América Libre que se efectuó en la Ciudad de México el 26 de octubre de 2023. Desdichadamente, en general, la izquierda democrática ha sido muda frente a los ataques de la galaxia rosa contra la democracia liberal o, peor aún, les ha dado apoyo”.

La izquierda que existió antes de la caída del Muro de Berlín heredó a esta forma política fuertes sentimientos antiimperialistas, anti-EE.UU., anticolonialistas, anti-Europa que todavía predominan en políticos e intelectuales socialistas de izquierda. Esto les impide entender los peligros de los populismos no liberales con que la galaxia rosa engatusa a los ciudadanos. Pero, la izquierda, como en otras épocas, se mueve de acuerdo a las coyunturas que le favorecen.

Menciona Rodríguez, “cuando hace más de seis décadas Fidel Castro y sus jóvenes barbudos bajaron de Sierra Maestra, el mundo, y en particular América Latina, los aceptó como héroes. El encanto llegó al extremo de hacer del Che Guevara un ícono, a pesar de haber sido la persona encargada de los fusilamientos en el paredón asesino y de exportar la violencia”.

La izquierda de antes de la caída del Muro de Berlín heredó a esta forma política fuertes sentimientos antiimperialistas, anti-EE.UU., anticolonialistas, anti-Europa que todavía predominan en políticos e intelectuales socialistas de izquierda. Esto les impide entender los peligros de los populismos no liberales con que la galaxia rosa engatusa a los ciudadanos.

Agrega el exmandatario tico, “igual mitología de admiración a héroes que resultaron falsos se generó con los triunfos del sandinismo en Nicaragua y de Hugo Chávez en Venezuela. Esa mítica admiración ha sido aprovechada por los regímenes de Ortega-Murillo y de Maduro. Sin llegar a esos extremos, Evo Morales en Bolivia, los Kirchner en Argentina, Correa en Ecuador han seguido sus huellas encantando, sojuzgando y empobreciendo a muchos”.

La izquierda gobernaba buena parte de América Latina hace pocos años. ¿Dónde está su nueva generación de líderes? Foto: AFP

El origen de la marea y la galaxia rosa, explica el autor del libro, Sebastián Grundberger, fue cuando en 2004 con Tabaré Vázquez, por primera vez en la historia del Uruguay, fue elegido un presidente decididamente de izquierda. “El periodista estadounidense Larry Rother acuñó en un artículo del New York Times el término marea rosa. Esta expresión describía las crecientes victorias electorales de los izquierdistas más moderados en ese momento. Para Rother, estos gobiernos rosa de izquierda moderada fueron originalmente un contrapunto a los regímenes rojos marxistas revolucionarios”.

Añade Grundberger, “en el uso general, el término rápidamente adquirió una coloración diferente. La marea rosa ha sido la forma corriente para hablar del giro hacia la izquierda en América Latina entre 1998 y 2014, con su apogeo en 2010. El término pronto se utilizó para referirse a gobiernos con cualidades democráticas muy diferentes, desde regímenes que devinieron en autoritarismos, como los de Hugo Chávez (Venezuela, 1999-2013) o Evo Morales (Bolivia, 2006-2019), hasta gobiernos de izquierda más bien socialdemócratas como el de Michelle Bachelet (Chile, 2006-2010 y 2014-2018) o Tabaré Vázquez y José Mujica (Uruguay, 2005-2020). Si algunos gobiernos de la marea rosa evolucionaron hacia el rojo oscuro (autoritario-dictatorial) o el rosa pálido (socialdemócrata), eso no se pudo evidenciar hasta después de varios años”.

Hay enormes diferencias sobre la calidad democrática de los gobiernos de izquierda, que va desde sistemas autoritarios como Cuba, Venezuela o Nicaragua, líderes de izquierda elegidos democráticamente con tendencias autoritarias: Andrés Manuel López Obrador (México), Xiomara Castro (Honduras), Gustavo Petro (Colombia) o los expresidentes Rafael Correa (Ecuador) y los Kirchner (Argentina), hasta gobiernos de izquierda como el de Gabriel Boric (Chile) situados en el campo democrático.

Según la revista The Economist, a partir de 2008 ninguna región del mundo perdió tanta calidad democrática como América Latina. En ese lapso, la publicación observó un aumento drástico de regímenes híbridos. Para esta revista, estas estructuras estatales que van del autoritarismo a la democracia incluyen a El Salvador, México y Perú.

Las encuestas latinoamericanas serias, como Lapop o Latinobarómetro, indican que la democracia en el subcontinente ha ido perdiendo apoyo sostenidamente durante las últimas dos décadas. En el Latinobarómetro 2023 alrededor de 54% de los latinoamericanos encuestados declararon que apoyarían un gobierno no democrático si resolviera sus problemas. En 2002, el valor llegaba al 44%.

Según la revista The Economist, a partir de 2008 ninguna región del mundo perdió tanta calidad democrática como América Latina. En ese lapso, la publicación observó un aumento drástico de regímenes híbridos. Para esta revista, estas estructuras estatales que van del autoritarismo a la democracia incluyen a El Salvador, México y Perú.

¿Qué pasa cuando un representante de izquierda cuestiona los dogmas de la galaxia rosa? Esto le ocurrió al presidente chileno, Gabriel Boric (un crítico del régimen de Maduro en Venezuela), cuando en Columbia University in New York, en septiembre de 2023, dijo: “me molesta cuando eres de la izquierda y entonces condenas la violación de los derechos humanos en Yemen o en El Salvador, pero no puedes hablar de Venezuela o Nicaragua. (…) No importa si eres de la extrema derecha o extrema izquierda. Son mandatos civilizatorios. El respeto de los derechos humanos no puede tener un doble estándar”. La galaxia rosa mantiene la doctrina de la izquierda ortodoxa.

No todos los integrantes de la galaxia rosa son antidemocráticos. Muchos pueden ser considerados como izquierdistas democráticos o vegetarianos. Algunos aceptan las reglas de la democracia y la economía de mercado, pero apoyan regímenes autoritarios, como el mandatario brasileño Lula da Silva, quien en su país toma medidas cercanas al libre mercado, pero defiende a regímenes como los de Díaz Canel, Ortega o Maduro.

¿En qué quedó la propuesta de Dieterich?

Entonces, ¿qué planteaba esta corriente pregonada por Hans Dieterich cuyo impulsor inicial en la región fue Hugo Chávez? En la actualidad ni Dieterich ni Maduro ni Evo Morales hablan de esta tesis y peor, la defienden. Es interesante constatar lo que Dieterich decía en el año 2007, en su obra del mismo nombre “Socialismo del Siglo XXI”  y lo que dice ahora:

“Frente a los desafíos del capitalismo actual, la democracia participativa o el socialismo del siglo XXI es el único proyecto histórico nuevo. Como tal, crecerá rápidamente en tres dimensiones: a) el perfeccionamiento de su teoría; b) la elaboración de programas de gobierno nacional-regional- globales con horizonte estratégico no-capitalista y, c) la creciente asimilación por los movimientos de masas”.

El ex presidente de Venezuela Hugo Chávez.

Tras el estallido de la crisis en la Venezuela post Chávez, gobernada por Nicolás Maduro, Dieterich en el portal informe21.com (21 de abril de 2014) declaraba: “el gran error del gobierno de Maduro es seguir con la idea de Chávez, insostenible, de que el gobierno puede sustituir a la empresa privada. El gobierno usará su monopolio de importaciones y exportaciones para repartir las atribuciones en las empresas”.

En una entrevista con KienyKe.com, el pensador alemán y padre del Socialismo del Siglo XXI dijo que Maduro es “un inepto” y su gabinete “un fracaso” para el modelo chavista. Además, confesó que Chávez acuñó su idea, pero no la supo ejecutar.

Agregaba Miguel Ángel Rodríguez, en el prólogo del texto de Sebastian Grundberger: “es hora de entender que la democracia liberal está amenazada y debemos unir nuestros esfuerzos para defenderla. Vencida la amenaza de la galaxia rosa, ya habrá tiempo y ocasiones para enfrentar nuestros diferentes puntos de vista de derechas y de izquierdas respecto a la eficiencia y justicia de los mercados y la intervención estatal”.

Variaciones sobre un mismo tema

Hablar de la galaxia rosa es seguir dando vueltas sobre la misma idea: socialismo del siglo XXI, Grupo de Puebla, Foro de Sao Paulo o la Internacional Progresista. Vale la pena mirar los liderazgos de estos grupos: Lula en Brasil hablando de la necesidad de democratizar Venezuela y al mismo tiempo defendiendo a ese régimen. Casi a la par, el presidente colombiano Gustavo Petro, exigiendo elecciones libres en Venezuela y luego de conversar con Maduro, cambiando su idea.

El presidente chileno Gabriel Boric buscando recomponer su imagen tras el fracaso del plebiscito constitucional en Chile colocando funcionarios y ministros de la “odiada” clase política y acercando a su país, según los analistas, a una “argentinización”, mientras critica al presidente Maduro de Venezuela y a otros regímenes de izquierda.

Constatar en Bolivia que la receta antes empleada por los “odiados” gobiernos “neoliberales” la aplica ahora el presidente boliviano, Luis Arce, al mandar a apresar al líder opositor de Santa Cruz, el gobernador Luis Fernando Camacho, por presunta “conspiración” y mantener presa a la expresidenta Janina Áñez, por haber tomado el poder tras constatarse el fraude en la última victoria del ex presidente Evo Morales. Observar a Gustavo Petro en Colombia con dificultades para lograr que los grupos insurgentes (ELN, disidencias de las FARC o el cartel del norte) entren en negociaciones de paz, mientras el peso, se devalúa y el hijo del mandatario, clave en la campaña presidencial del padre en 2022, es criticado por reunirse con los líderes de clanes delincuenciales tradiciones del Caribe y con un político condenado. Petro ha acusado al poder judicial de su país de planificar “un golpe blando” contra él.

Más al norte, el México del presidente Andrés Manuel López Obrador que ofreció una política de “abrazo, no balazo” tratando de que los carteles del narcotráfico dejen sus habituales acciones: motines carcelarios, graves incidentes y violencia armada o entrometiéndose en la política interna de países que no comulgan con el ideario de la galaxia rosa, como Ecuador. Sin embargo, los carteles mexicanos dominan muchos de los estados del país azteca.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador Foto: EFE. Mario Guzmán

¿Cómo se llegó a esto? De la Venezuela de Maduro con un proceso electoral viciado en el que probablemente volverá a vencer, por la debilidad de la coalición opositora; de la Nicaragua de Ortega (dinosaurio del viejo comunismo) con más poder y la brujería de su cónyuge, sin que ese país logre lo que sus dirigentes proclaman. Cuba ya es algo endémico. La dictadura de los hermanos Castro hace 65 años es hoy, con Miguel Díaz Canel, una caricatura de sí misma, aferrada a los dogmas del añorado comunismo soviético (pero con acercamientos al criminal de guerra ruso Putin).

Queda claro que la idea iniciada por el comandante Chávez en 1999, secundada entusiastamente por cubanos y nicaragüenses y otros líderes del Foro de San Pablo, va demostrando lo poco que puede ofrecer a los pueblos y a los votantes que alguna vez creyeron en esta posibilidad que es alimentada, eso sí, con mucho populismo.

El más importante representante de esta corriente sigue siendo el fallecido presidente venezolano, Hugo Chávez. Surgido de la milicia y célebre por su intento de golpe de estado contra Carlos Andrés Pérez en Venezuela en 1992 que lo catapultó en la política y con la fama de no haber sido político.

Esta forma de gobiernos autoritarios de izquierda que consolidaron mandatos a través de sucesivos y repetidos procesos electorales en los que el mismo pueblo escogió la permanencia de estos personajes en el poder por prolongados períodos de tiempo incluso, en algunos casos, modificando la Constitución para reelegirse indefinidamente (Chávez–hasta su muerte- y Maduro en Venezuela, Morales en Bolivia o Daniel Ortega en Nicaragua). Lo intentó, sin éxito, Cristina Fernández en Argentina.

El más importante representante de esta corriente sigue siendo el fallecido presidente venezolano, Hugo Chávez. Surgido de la milicia y célebre por su intento de golpe de estado contra Carlos Andrés Pérez en Venezuela en 1992 que lo catapultó en la política y con la fama de no haber sido político. Gobernó Venezuela desde 1999 hasta su muerte en el 2013, pocos meses después de ser reelecto para la presidencia. Fue el creador de la llamada “corriente del socialismo del Siglo XXI en América Latina” a la que se adhirió el expresidente ecuatoriano Correa. Como para Ripley, se quiso adoptar en ese país una especie de rezo al líder que iniciaba “salve Chávez, que estás en los cielos” …
De socialismo, nada: la galaxia rosa es populismo

El expresidente Rodrigo Borja, en su Enciclopedia de la Política, llama populismo “a una posición y a un estilo políticos -que no llegan a ser ideológicos- caracterizados por el “arrebañamiento” de las multitudes en torno a ese “hechicero del siglo XXI”, listo siempre a ofrecer el paraíso terrenal a la vuelta de la esquina”. Una frase asombrosa para el tiempo actual. Borja, retirado de la vida política desde hace mucho tiempo, pone el dedo en la llaga, aunque sin mencionar nombres: “no es un movimiento ideológico sino una desordenada movilización de masas, sin brújula doctrinal.”

Ernesto Laclau, un pensador argentino, experto en Perón y en el populismo de su país, señala un concepto bastante claro: “populismo es una categoría ontológica y no óntica –es decir, su significado no debe hallarse en ningún contenido ideológico o político que entraría en la descripción de las prácticas de cualquier grupo específico, sino en un determinado modo de articulación de esos contenidos sociales, políticos o ideológicos, cualesquiera ellos sean–“.

Roger Bartra, en su ensayo Populismo y democracia en América Latina hace una recomendación a los estudiosos del fenómeno del populismo: “vale la pena, pues, volver a leer los textos que escribieron los sociólogos en los años sesenta del siglo pasado. Por supuesto, aquí solamente daré un rápido vistazo a las antiguas reflexiones, como un recordatorio y una invitación a considerarlas de nuevo. Y escogeré algunas ideas para conectarlas con mis interpretaciones y propuestas”.

Cuando Gino Germani se refirió a los movimientos que llamó nacional populares y a los regímenes populistas establecidos por ellos enumeró sus características principales así: “El autoritarismo, el nacionalismo y alguna que otra forma del socialismo, del colectivismo o del capitalismo de Estado: es decir, movimientos que, de diversas maneras han combinado contenidos ideológicos opuestos. Autoritarismo de izquierdas, socialismo de derechas y un montón de fórmulas híbridas y hasta paradójicas, desde el punto de vista de la dicotomía (o continuidad) ‘derecha-izquierda’”.

El historiador José Álvarez Junco analiza este populismo que encarna la galaxia rosa, en un artículo publicado en el diario español El País, versión digital, de donde se extrae textualmente algunas definiciones: “se habla mucho de populismo últimamente. En Europa se aplica a la derecha xenófoba francesa, británica u holandesa; en América Latina, al eje chavista venezolano, ecuatoriano o boliviano. Pero el término sigue teniendo difícil acceso al mundo académico. El diccionario de la RAE, por ejemplo, no incluye el sustantivo “populismo”; y define el adjetivo “populista” como lo “perteneciente o relativo al pueblo”, que en castellano actual corresponde más bien al adjetivo “popular”.

“Parece especialmente ilógico que la izquierda ortodoxa se haya apropiado del término progresista, que en realidad refiere a una izquierda moderna, y lo haya llenado de contenido autoritario sin encontrarse con una resistencia decidida de la verdadera izquierda progresista moderada”.

Esta forma de populismo de la galaxia rosa no es, en verdad, fácil de definir. Frecuentemente se lo usa en sentido denigratorio, atribuyéndolo a fenómenos que, como mínimo, carecen de contenido serio. Hace algunos años se propuso el abandono del término, por indefinible. La obstinación con que se lo sigue utilizando indica, sin embargo, que algo deben de tener en común los dispares fenómenos a los que se aplica ese nombre como para que valga la pena intentar ponerse de acuerdo sobre su significado.

Lo primero indiscutible es que los movimientos o personajes políticos a los que se llama “populistas” basan su discurso en la dicotomía pueblo / anti-pueblo. El primero, no hace falta aclararlo, representa el súmmum de las virtudes; el pueblo es desinteresado, honrado, inocente y está dotado de un instinto político infalible; mucho mejor nos iría si le dejáramos actuar o al menos si le escucháramos. Su antítesis, en cambio, el anti-pueblo, es la causa de todos los males; y puede tomar cuerpo, según los populismos, en entes internos o externos: la oligarquía, la plutocracia, los extranjeros, el clero, los judíos, la monarquía…

Esta última definición es muy interesante: “…a juzgar por sus proclamas, nadie puede llamarles antidemócratas; al revés, el gobierno del pueblo es justamente lo que anhelan. Pero democracia es un concepto que admite al menos dos significados: como conjunto institucional, unas reglas de juego, que garantizan la participación de las distintas fuerzas y opciones políticas en términos de igualdad; y como “gobierno para el pueblo”, sistema político cuyo objetivo es establecer la igualdad social, favorecer a los más débiles. Desde esta segunda perspectiva, muchas dictaduras pueden declararse “democráticas””.

El Premio Nobel y escritor peruano Mario Vargas Llosa decía: “América Latina parece empeñarse en seguir el ejemplo de Cuba y Venezuela, países que basta averiguar lo que ocurre con sus poblaciones y la deserción de sus habitantes para partir al extranjero –a Estados Unidos, por supuesto, o, en todo caso, a cualquiera de los países de América Latina–, en busca de trabajo y de un futuro que no sea seguirse empobreciendo y arruinando, para darse cuenta de que ofrecen las peores perspectivas. Ya basta de imitar los malos ejemplos, que solo conducen a agravar la situación de los pobres, sobre todo, pero también de esas clases medias a las que parecería que queremos llevar a la ruina, hundiéndolas cada vez más en la miseria o la desocupación…”

Agrega: “Venezuela ha expulsado a seis millones de habitantes, a juzgar por la manera como los pobres venezolanos han invadido los países de América Latina, en busca de paz y de trabajo. No es de esta manera como un país progresa y se levanta. Hoy en día cualquier país puede elegir el progreso y la modernidad. Pero, para ello, debe renunciar a políticas absurdas y que ya han sido derrotadas por la historia del siglo XX. Mientras nos aferramos a un pasado anacrónico, podemos perder el tren. Y el resultado es un conjunto de países cada vez más pobres y atrasados, del que los ciudadanos solo quieren huir. ¿Eso es lo que queremos para América Latina?”

Apunta Grundberger en las conclusiones de su libro que “el enorme éxito de la galaxia rosa dentro de la izquierda latinoamericana ha hecho que a las facciones moderadas de la izquierda (social) democrática les resulte cada vez más difícil imponerse frente a la superioridad discursiva y al instinto de poder cooperativo de los ortodoxos.

“Parece especialmente ilógico que la izquierda ortodoxa se haya apropiado del término progresista, que en realidad refiere a una izquierda moderna, y lo haya llenado de contenido autoritario sin encontrarse con una resistencia decidida de la verdadera izquierda progresista moderada”, agrega.

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