domingo, marzo 15, 2026

Jugar como Carlsen: una estrategia proteica para desmontar el narcotráfico en la región (Parte V y última)

Si algo distingue a Magnus Carlsen no es que calcule más variantes que otros grandes maestros, sino que habita productivamente la zona donde el cálculo se agota. Cuando todos entrenan con los mismos modelos, él introduce posiciones incómodas, saca al rival de la teoría y lo obliga a improvisar. Gana no por seguir el manual, sino por trascenderlo.

Paúl Trujillo

Por: Paúl Trujillo

La hidra del narco
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Durante décadas hemos combatido el narcotráfico como si jugáramos ajedrez siguiendo el mismo manual: más incautaciones, más capturas, más militarización, más tecnología de vigilancia. Y, sin embargo, la hidra se regenera. La razón es incómoda: estamos diseñando políticas para un tablero de riesgo calculable, cuando el fenómeno opera en el dominio de la incertidumbre radical.

Si algo distingue a Magnus Carlsen no es que calcule más variantes que otros grandes maestros, sino que habita productivamente la zona donde el cálculo se agota. Cuando todos entrenan con los mismos modelos, él introduce posiciones incómodas, saca al rival de la teoría y lo obliga a improvisar. Gana no por seguir el manual, sino por trascenderlo.

Eso es exactamente lo que el Estado no ha hecho frente al narcotráfico.

Siguiendo a Seybert y Katzenstein, el error ha sido definir el poder exclusivamente en términos de probabilidad calculable: toneladas, rutas, líderes, mapas de calor, tasas de homicidio. Bajo esa lógica, los sistemas de seguridad se diseñan para interceptar flujos visibles y neutralizar actores identificables. Pero el narcotráfico —como hemos visto en México, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil y el eje andino— es poder proteico: emerge de la improvisación descentralizada, muta ante la presión, reconfigura el campo antes de que el control llegue.

Por tanto, la propuesta no puede ser una versión más intensa de lo mismo. Debe ser un rediseño estratégico que combine control inteligente con intervención estructural y creatividad institucional.

1. Cambiar la métrica: del numerador visible al ecosistema invisible.

Mientras el éxito se mida por incautaciones o capturas, el Estado seguirá celebrando el 2% y dejando intacto el 98%. La primera reforma es epistemológica:

—Integrar inteligencia financiera profunda (trasabilidad de flujos, estructuras societarias, comercio exterior).

—Analizar patrones logísticos portuarios y comerciales con enfoque sistémico.

—Incorporar investigación etnográfica y territorial para entender cómo se legitima socialmente la economía ilícita.

—Cruzar datos regionales (Perú, Colombia, Brasil, Ecuador, Bolivia, México) en tiempo real, no como informes anuales fragmentados.

El instrumento único produce invisibilidad. La convergencia de instrumentos revela estructura.

2. Desplazar el centro de gravedad: del capo al incentivo.

La “decapitación de la hidra” genera fragmentación. El verdadero centro de gravedad no es el líder visible, sino los incentivos estructurales:

—Márgenes extraordinarios derivados de la prohibición.

—Lavado en economías dolarizadas y sistemas financieros permeables.

—Economías locales dependientes del flujo ilícito.

—Demanda sostenida en Europa y Norteamérica.

La estrategia debe apuntar a reducir rentabilidad sistémica: cooperación fiscal internacional, control de precursores químicos, persecución efectiva del lavado a gran escala, responsabilidad compartida con mercados consumidores.

Arrancar la cabeza no basta; hay que alterar la ecuación que hace rentable que surjan nuevas.

3. Introducir incertidumbre estratégica (la jugada Carlsen).

El crimen organizado anticipa patrones estatales: operativos masivos, despliegues militares, controles previsibles. Si el Estado es predecible, el sistema criminal se adapta.

Como Carlsen, el Estado debe introducir jugadas fuera del manual:

—Operaciones financieras silenciosas antes que espectaculares decomisos.

—Intervenciones quirúrgicas simultáneas en nodos logísticos y financieros, no solo territoriales.

—Reformas regulatorias inesperadas en comercio exterior y zonas francas.

—Incentivos económicos disruptivos en territorios críticos (infraestructura, empleo formal acelerado, crédito productivo inmediato).

La clave no es más fuerza, sino mayor imprevisibilidad estratégica dentro del marco legal.

4. Recuperar legitimidad territorial antes que control armado.

Donde el Estado está ausente, el narcotráfico gobierna. La recuperación no puede ser exclusivamente militar:

—Presencia integral del Estado (salud, educación, justicia ágil y efectiva).

—Programas de sustitución productiva diseñados con lógica de mercado real, no asistencial.

—Protección efectiva a comunidades que rompen con economías ilícitas.

El poder proteico criminal emerge donde el Estado dejó un vacío. Llenarlo es condición previa a cualquier éxito sostenido.

5. Pensar regionalmente, actuar coordinadamente.

El narcotráfico no respeta fronteras; la política sí. Esa asimetría favorece al crimen. Son imprescindibles:

—Plataformas regionales permanentes de inteligencia.

—Estándares comunes de control portuario y aduanero.

—Estrategias conjuntas frente a rutas amazónicas y pacíficas.

—Cooperación judicial acelerada.

Sin coordinación regional, cada país juega su partida aislada mientras la red opera como sistema.

6. Ampliar el horizonte de lo pensable.

El poder más peligroso no es el que prohíbe; es el que decide qué no debemos imaginar. Durante décadas, el debate estuvo encapsulado entre “mano dura” o “más mano dura”. Pero si el problema es sistémico y proteico, el menú debe ampliarse:

—Debate serio sobre regulación diferenciada de mercados.

—Políticas de reducción de daño.

—Corresponsabilidad internacional vinculante en consumo y armas.

—Reformas profundas del sistema carcelario, hoy convertido en nodo operativo criminal.

No se trata de ingenuidad, sino de reconocer que repetir el mismo modelo esperando resultados distintos es una forma de ceguera estratégica.

El genio de Carlsen no fue memorizar más teoría, sino saber cuándo abandonarla. Nuestra política antidrogas necesita esa misma madurez: entender que el cálculo estadístico es necesario pero insuficiente; que el poder no solo se enfrenta, también se reconfigura; que la improvisación creativa dentro de un marco institucional sólido puede descolocar redes que prosperan en la previsibilidad.

El narcotráfico no es invencible. Pero tampoco será derrotado con los mismos manuales que lo han acompañado durante más de treinta años.

Si queremos cambiar el resultado, debemos cambiar el tablero.

Y atrevernos a jugar donde el cálculo ya no alcanza.

(Finalmente dedico estas humildes entregas sobre narcotráfico a mi querido hermano, maestro y amigo Alexei Páez Cordero, quien desde hace más de catorce años habita la eternidad. A ti, que pensabas profundamente donde otros repetían como loras con megáfono. Que preguntabas donde otros afirmaban. Que dudabas donde el consenso se sentía cómodo. Fuiste, en el mundo de las Ciencias Sociales, lo que Magnus Carlsen es al ajedrez: no el que memorizaba mejor la teoría, sino el que la desbordaba. No el que aceptaba el tablero tal como estaba dispuesto, sino el que lo reconfiguraba con una jugada inesperada, obligándonos a mirar una y otra vez más allá de lo evidente. En tiempos donde abundaban los diagnósticos rápidos y las certezas prefabricadas, tú habitabas la zona incómoda donde la teoría se agotaba y comenzaba el pensamiento verdadero. Nos enseñaste que el poder más profundo no siempre se ve, que las cifras pueden ocultar tanto como revelan, que el análisis crítico es, ante todo, un acto de responsabilidad moral frente a la vida. Tu brillantez no era solo intelectual, era ética. No solo buscabas ganar discusiones, sino ampliar horizontes. No pretendías imponer conclusiones, sino liberar preguntas. Eras, integralmente, un teórico crítico: de los que incomodan porque iluminan. Si hoy insistimos en mirar más allá del dato fácil, en cuestionar la narrativa dominante, en sospechar de lo obvio y explorar lo invisible, es porque algo de tu pensamiento quedó sembrado en nosotros. Y eso —como todo poder verdaderamente transformador— no desaparece: se expande. Gracias por enseñarnos a quienes te conocimos a no conformarnos con el 2% visible de la realidad, sino a buscar la galaxia invisible que la sostiene. Tu partida de este plano terrenal no cerró la conversación: la elevó. Siempre con gratitud, admiración y fraternidad eternas).

Paúl Trujillo

Paúl Trujillo

Gestor de capital privado, con un masterado en Riesgos Financieros.

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