País de las mediocridades corruptas

País de las mediocridades corruptas
Confiamos en que con la descalificación de Glas, el primer vicepresidente defenestrado, se instalaría en el gobierno una nueva política administrativa sostenida en la ética de la honradez, de la lealtad y de la verdad. Creímos que el presidente Moreno, ahora sí, elegiría a un vicepresidente a carta cabal, honorable de tal manera que permitiese que en verdad se produjese un rompimiento epistémico y moral entre el pasado correísta y el presente morenista. Pero no. Eligió a una corrupta para sustituir a otro corrupto.
10 de Diciembre del 2018
POR: Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Caen estrepito-samente los vicepre-sidentes, como frutas podridas del árbol de la institu-cionalidad nacional. Se denuncia la corrup-ción en el régimen del correato. Y no pasa nada".

La caída estrepitosa de la vicepresidenta no puede ser leída tan lineal y mediocremente como se ha hecho. La vicepresidenta del Estado se va porque el peso de la corrupción la ha hundido en su propia podredumbre. Celebraciones s y vítores de unos. Silencio con olor a podredumbre de otros. Y el presidente que, manteniendo el silencio de las complicidades, envía una terna para que se elija al sustituto. Y punto. Y no ha pasado nada más que eso como si se tratase de una comisaría en la que se despacha al portero no haber abierto a tiempo las puertas o por haberlas cerrado mal permitiendo que algún ladronzuelo se lleve una vieja laptop. 

Confiamos en que con la descalificación de Glas, el primer vicepresidente defenestrado, se instalaría en el gobierno una nueva política administrativa sostenida en la ética de la honradez, de la lealtad y de la verdad. Creímos que el presidente Moreno, ahora sí, elegiría a un vicepresidente a carta cabal honorable de tal manera que permitiese que en verdad se produjese un rompimiento epistémico y moral entre el pasado correísta y el presente morenista. Pero no. Eligió a una corrupta para sustituir a otro corrupto. 

El valor de las palabras políticas se deshace vertiginosamente. Ya no se puede confiar ni en la sinceridad ni en la honradez del ejercicio político. Todo se halla bajo sospecha. Ya no es falso de que por doquier se vende gato por liebre y que el oro de las palabras no es más que rutilantes bambalinas. 

Caen estrepitosamente los vicepresidentes, como frutas podridas del árbol de la institucionalidad nacional. Se denuncia la corrupción en el régimen del correato. Y no pasa nada. Por ahí uno o dos peces que por dormidos cayeron en la red de la justicia, mientras otros o se pasean mondos y lirondos por nuestras calles o disfrutan de largas vacaciones en otros países. ¿Quién y cómo se juzgará a la vicepresidenta sustituta de un vicepresidente encarcelado? Nadie. Porque eso no interesa al poder ni ejecutivo ni legislativo ni al judicial. Pero sí interesa a la parte honorable del país que, sin duda alguna, hace la mayoría. Y que no se vega con el cuento que lo hará la Asamblea Nacional. Por favor, esos juicios no sirven para nada. Es la justicia ordinaria la llamada a precautelar el orden moral del país. 

Si los vicepresidentes defenestrados pudiesen hablar, temblarían algunas regiones políticas y económicas del país. Pero ellos jamás dirán la verdad. Así todo quedará en los diezmos y nada más, como si allí radicasen las verdaderas corrupciones. 

En el poder, nunca se han dado auténticos baños de verdad y de justicia. Para nada sirve un baño con agua sucia que no sea para ensuciarse aún más. Por los pasillos y túneles del poder circulan demasiadas manos sucias como para que alguien se ofrezca a lavar las ajenas. El agua de la política se halla tan altamente contaminada que ya nada se puede esperar de ella que no sea más corrupción.

Por supuesto que resultó vana la reiterada petición de que Moreno descorreíce su gobierno. Hacerlo habría implicado dar un giro político y ético de ciento ochenta grados. Y para ello no estuvo preparado ni habilitado un gobierno nacido de la misma matriz. Separarse de Correa solo significó eso: alejarse de ese fatídico personaje y nada más. Moreno se convenció de que para tener fieles y seguros colaboradores bastaría que no pronuncien el nombre de su antecesor inclusive pasando por alto las afiliaciones previas igual que los compromisos políticos.

Moreno ha desconocido que el señor de Bélgica hace todo lo posible para que su gobierno se convierta en un total fracaso. Para ello, astuto como es, utiliza todo los recursos posibles, incluyendo a los supuestos conversos al morenismo. 

La historia dice que en política hay que dudar mucho, pero mucho, de los conversos de última hora, de aquellos que por el poder y sus migajas venden a padre y madre. Pero Moreno o no nos escucha o confía demasiado en su propia valentía y en la palabra de otros íntimamente ligados a su antecesor.

La renuncia de la vicepresidenta no se soluciona tan solo con el nombramiento de un tercer vicepresidente del régimen. Porque esta no constituye precisamente una buena historia para el régimen. Todo lo contrario. Se trata de un inaudito caso tanto de labilidad política del régimen como de una total exposición de la política nacional a todas las formas de corrupción.